martes, 20 de enero de 2009

CAPÍTULO 2: EL CLUB

Pasados unos días, Severus no consiguió amigos en Slytherin, aunque bien es cierto que mantenía una buena relación con sus compañeros de habitación, no se podía denominar amistad. Así que cuando tenía tiempo iba con sus amigos de Gryffindor, Lily, Frank y Mary, incluso iban a clase de pociones y transformaciones juntos. Él siempre intentaba sentarse junto a Lily, aunque sus compañeros Slytherin le miraban un poco raro.

Un día, estando en la sala común, pensando como podría por fin conseguir amigos, vio como un chico pegaba un cartel en el tablón de anuncios, y se acercó a leerlo. El cartel decía así:

“COMPAÑERO SLYTHERIN, TU QUE HAS SIDO ELEGIDO PARA FORMAR PARTE DE LA CASA DE LA SERPIENTE, ¿ESTARÍAS DISPUESTO A FORMAR PARTE DEL CLUB DE LA VERDADERA SANGRE? REUNIONES SEMANALES.
CONTACTAR CON EVAN ROSIER PARA CONCERTAR TU PRIMERA CITA.”

¿Un club? Quizá esa fuera la solución a sus problemas para relacionarse con sus compañeros, así que decidió buscar a Rosier para inscribirse.
Le encontró hablando animadamente con una muchacha de pelo castaño y ojos negros llamada Amanda Dawes.

-¿Evan Rosier? – Preguntó Severus un tanto cohibido por la presencia de la chica.

-Si, ¿Qué quieres? – Respondió Rosier con un gesto de fastidio.

“Vaya – pensó Severus – he debido de interrumpir algo.”

-Quería hablar contigo sobre el club.

-Ah, es eso, espera un momento preciosa. – Dijo mirando hacia Amanda mientras ella le respondía con una sonrisa atontada – Acompáñame a mi habitación, eh…

-Severus Snape.

-Si, Snape, acompáñame.

Severus le siguió a través de las escaleras hasta el dormitorio de los chicos de cuarto curso, entraron y Rosier cogió una agenda muy antigua y la leyó con desgana.

-Bueno Snape, las reuniones las hacemos siempre los sábados a las 6 de la tarde, a no ser que haya partidos de quidditch o algo por el estilo. Así que, antes de la reunión, tendrás una cita con la secretaria del club a las 4 de la tarde en el aula antigua de encantamientos, que está en el tercer piso, al lado del cuadro de los magos comiendo en el cementerio, ¿sabes donde está?

-Si, creo haber pasado por allí – dijo Severus haciendo memoria.

-Bien, allí te harán unas preguntas para saber si tienes los requisitos necesarios para formar parte de nuestro club. Ahora vete, estaba intentando conseguir una cita con Dawes.

Severus salió de allí, ¿los requisitos necesarios? No había pensado en ello, no sé por que le daba que no iba a conseguir entrar.


Al día siguiente mientras Severus desayunaba, no dejaba de pensar en el club, en como iba a conseguir entrar, y por supuesto, también pensaba en Lily.
De repente llegó el correo, alzó la vista y descubrió a su lechuza macho, negra como el carbón. La lechuza llegó volando hasta él.

-Gracias Galic – así se llamaba el animal.

Era una carta de su madre, no le contaba gran cosa, sólo le hacía miles de preguntas sobre como había pasado su primera semana en el colegio y que tal le iban las cosas. No hacía ninguna referencia a su padre, cosa que calmó bastante a Severus, debería estar de viaje aun.

Terminó de desayunar e inmediatamente se dirigió hacia la mesa de Gryffindor para contar a Lily lo del club. Se saludaron y se encaminaron hacia la clase de transformaciones. Por el camino la fue contando su preocupación.

-Oh, venga Sev, ¿cómo no te van a dejar entrar? – Dijo Lily con una gran sonrisa – ¡El profesor de pociones siempre dice que tienes un talento natural!

-No, Lily, – respondió él alagado – dice que tanto tu como yo tenemos un talento especial.

-Si, pero yo de momento no pretendo entrar a ningún club, así que ahora el del talento especial eres sólo tú, jajaja.

Severus la sonrió.

La profesora McGonagall, que era quien impartía la clase de transformaciones entró al aula y todos los alumnos la siguieron. Severus y Lily se sentaron juntos, como era costumbre y continuaron hablando. No se enteraron de nada de la clase hasta que oyeron un grito proveniente de la parte delantera del aula.

-¡Evans! ¡Snape! ¡Veo que no les interesa mi clase! 5 puntos menos para Slytherin y Gryffindor. Y los dos estáis castigados, os quiero ver en mi despacho el sábado a las 4 de la tarde.

Oh no, ¿el sábado a las 4? Eso no le permitiría ir a la cita del club. Lily le miró con tristeza, pero al instante sonrió. A saber que se la habría pasado por la cabeza…

Al terminar la clase Lily arrastró a Severus hasta la mesa de la profesora McGonagall.

-¿Profesora? – Dijo Lily.

-¿Qué quiere Evans? – Respondió la profesora frunciendo los labios.

-Bueno, me gustaría saber si usted pudiera cambiar de día el castigo de Severus, a mi no me importa pero él…

-Ah no, de ninguna manera señorita Evans, un castigo es un castigo y no lo voy a cambiar por que al señor Snape no le venga bien.

-Pero profesora, por favor, déjeme que la explique algo.

Severus miró a Lily con una mirada extraña, ¿de verdad iba a explicarla todo? ¿iba a hacer eso por él? No sabía que pensar.

-Está bien señorita Evans – dijo McGonagall mirando el reloj – pero rápido, que ustedes dos deben irse ahora a sus clases.

-Si, gracias profesora. Verá, Severus no encuentra aun amigos en Slytherin, y justo el sábado a esa hora tiene una reunión para un club de su casa, es su primera oportunidad de encajar, por favor, profesora.

Minerva McGonagall cambió su geste y miró al nervudo muchacho con cariño. La verdad es que ella conocía la historia de su familia, de todo lo que su cruel padre les hacía pasar y le dio tanta lástima que al final se ablandó.

-Está bien señorita Evans, señor Snape, les cambio su castigo al domingo a la misma hora, pero espero que estén al 100% los dos, ¿entendido?

-Si, profesora McGonagall – dijeron los dos al unísono y salieron corriendo del aula.

-Oh, Lily, ¡no sabes cuanto te debo!

-No te preocupes Sev, es lo que se hace entre amigos, ¿no? Nos ayudamos.

-Muchísimas gracias Lily, nunca me hubiera atrevido.

Miraron sus relojes, se les hacía tarde, Lily debía ir a herbología y Severus a Encantamientos.

-En serio, no es nada – dijo Lily con su hermosa sonrisa – sólo que ahora me debes una, jajaja.

-Eso está hecho.

En ese momento Lily se inclinó hasta él, le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia su próxima clase.

Severus se quedó plantado en el sitio, y pareció que todas sus preocupaciones volaban muy lejos.

domingo, 18 de enero de 2009

CAPÍTULO 1

El día amaneció cálido y sofocante, aún teniendo en cuenta la lluvia que corría fuera de la ventana.

El muchacho de pelo negro y ojos oscuros se desperezó rápidamente al recordar de pronto que día era aquel, un día con el que llegaba soñando durante todo el verano, desde el día en que aquella lechuza de plumaje castaño depositó la carta en sus manos.

Había sido admitido en el colegio Howgarts de Magia y Hechicería, desde que descubrió que podía hacer cosas impensables al igual que su madre, no había pensado en otra cosa. Lo malo era todo lo que su padre pensaba sobre la magia. Era un hombre malvado, de mal carácter, que había amargado durante años a su madre por su condición de bruja, y después a él, al enterarse de que era como ella.

Se levantó corriendo, se vistió con su ropa muggle y bajó alegremente las escaleras para ir a la cocina a desayunar. No había nadie dentro de la casa, así que tomó algo rápido, ya que con los nervios no podía comer demasiado y salió al jardín a buscar a su madre. Y allí la encontró. Era una mujer alta, que debía haber sido hermosa en otra época, alta, de figura esbelta, con un pelo negro, largo, rizado y sedoso y ojos claros. Los estragos de los años de penurias junto a su marido, habían pasado factura en ella, tenía unas ojeras amoratadas muy acentuadas, muchas arruguitas en la comisura de los labios y alrededor de los ojos y no era extraño descubrirla moratones por las palizas que su marido la infligía. Se dio la vuelta al oír pasos a sus espaldas, sobresaltada, parecía muy asustada.

-Ah, ¡eres tú! Hola Sev, cariño, ¿qué tal has dormido? – Dijo ella.

-Muy bien Mami, pero ya estoy nervioso, ¿nos vamos ya? – La respondió Severus.

-Espera hijo, tienes que desayunar y tenemos que meter tu baúl en el coche.

-Oh, Mami, no te preocupes, ya tomé algo para desayunar, además tu me dijiste que en el tren hay una señora que pasa vendiendo comida, si tengo hambre ya la compraré algo.

-Vale cielo, entonces subamos a por tu baúl y vayamos hacia Londres, no vaya a ser que pierdas el tren.

De camino a la habitación Severus preguntó:

-¿Papá no va a venir ni si quiera a despedirse de mi?

-No, Sev – respondió su madre con un deje de amargura en la voz – Ha emprendido un largo viaje, tardarás mucho en volverle a ver.

-Está bien Mamá.

La verdad es que a Severus no le pareció nada mal, ya que se pasó todo el verano pensando en como se las arreglaría su madre ella sola con su padre en casa.


Después de despedirse de su madre, Severus entró al tren con su baúl a rastras buscando un compartimento libre, le daba miedo hablar con otros niños, ya que los otros muchachos de su pueblo siempre se habían reído de él y le habían pegado.
Después de recorrer vagón por vagón no descubrió ninguno libre, por lo que decidió hacer el viaje en el pasillo, sentado en su baúl.
De pronto, sin que él lo esperara, la puerta del último compartimento se abrió y por ella asomó una niña, la niña más bonita que jamás hubiera soñado encontrar, con unos ojos verdes chispeantes de curiosidad, un pelo rojizo muy liso y lleno de vida.

-¿Qué estás haciendo sentado aquí fuera tu solo? – Dijo la niña con una amplia sonrisa que dejaba al descubierto su perfecta sonrisa.

-Ehm, esto… Bueno pues yo, eh… No encontraba lugar en el tren y…

-¡Cómo que no encontraste lugar! – Le interrumpió con una risotada – En mi compartimento hay sitio de sobra, estoy yo sola.

-Bueno, yo no quería molestar.

-No molestas, no te preocupes, no voy a hacer todo este largo viaje yo sola, sería muy aburrido, además, aun no tengo amigos aquí, es mi primer año.

-Si también el mío. Está bien, entraré.

-¡Genial!

Entre los dos colocaron el baúl en el portaequipajes.

-Bueno, ya está. – Dijo la niña secándose el sudor de la frente – Por cierto, no nos hemos presentado, yo soy Lily Evans.

-Yo Severus Snape. – Y alargó su mano para estrechar la que ella le ofrecía.

Pasaron todo el trayecto hablando sobre lo que esperaban encontrar en Howgarts. Severus le tuvo que explicar muchas cosas a Lily, ya que ella procedía de una familia de muggles y no estaba muy relacionada con el mundo mágico.
Pasó un chico y les dijo que se fueran poniendo las túnicas del colegio, ya que estaban a punto de llegar.
Cuando bajaron del tren un hombre enorme, el más grande que habían visto en su vida les guió hasta unos botes para llevarles a través del gran lago hasta el castillo.

-¡Cuatro en cada bote! – Gritó aquel hombre gigantesco.

Ellos se subieron en uno, en compañía de otros dos muchachos, hicieron las presentaciones, ellos se llamaban Mary McDonald y Frank Longbottom.
Severus se sentía muy feliz, enseguida había conseguido amistades, algo que nunca creyó en su vida.

Por fin llegaron al castillo, subieron las escaleras y una bruja con sombrero puntiagudo les guió hasta una pequeña sala donde les dijo que esperasen.
Había un grupo de cuatro chicos, uno con gafas, otro bastante guapillo, otro que parecía nervioso y uno, que Severus pensó, que al igual que él, acababa de encontrar amigos por primera vez. Dos de ellos no paraban de armar jaleo, parecía que querían hacerse los duros, de repente, uno de ellos se fijó en Severus y Lily.

-Vaya, chica, - Dijo el de las gafas mientras se acercaba a ellos. – no tienes porque estar en compañía de ese pájaro, vente con nosotros, te cuidaremos mejor. – Y la guiñó un ojo.

-No gracias, - Respondió Lily con naturalidad – creo que quienes deberíais cuidaros sois vosotros cuatro de mi, no os diré que sepa hacer magia, pero si que tengo el record de peleas ganadas con los puños en mi antiguo colegio.

Todos los presentes prorrumpieron en carcajadas y el chico de gafas retrocedió hasta su grupo acobardado.
En ese momento llegó la bruja y les mandó callar a todos.

-Bienvenidos a Howgarts, - Dijo la bruja mientas miraba con ceño a unos chicos que seguían cuchicheando. - alumnos de primer año, si tenéis la amabilidad de seguirme entraremos al Gran Comedor, donde tendrá lugar vuestra ceremonia de selección. Allí seréis seleccionados cada uno para una de las cuatro casas, Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw o Slytherin. Yo soy la profesora McGonagall, subdirectora de Howgarts y jefa de la casa Gryffindor. ¡Andando!

Siguieron a la mujer hasta unas puertas de madera muy grandes y pesadas, al ver el interior de la sala todos soltaron una exclamación. Parecía que no hubiera techo y había miles de velas suspendidas en el aire.
Llegaron al fondo de la sala, donde encima de una tarima se encontraba un mago diminuto colocando un taburete y encima de este un sombrero raído y remendado.
La profesora McGonagall cogió un pergamino y fue llamando uno a uno a los alumnos nuevos.
Severus vio como todos sus nuevos amigos eran seleccionados para Gryffindor, y deseó que a él le ocurriera lo mismo.

-¡Snape, Severus!

-¡¡¡SLYTHERIN!!!

No. No podía ser. No era normal que tuviera tan mala suerte. Para una vez que encajaba con un grupo de personas le separaban, y lo peor, era que sabía que no había vuelta atrás, así que rezó para que en Slytherin pudiera encontrar a gente con la que encontrarse a gusto. Además, pensándolo bien, el grupito de 4 chicos – que ya había descubierto que sus nombres eran Sirius Black, James Potter, Peter Pettigrew y Remus Lupin – estaba también en Gryffindor. Pero él sabía que eso sólo era una forma de engañarse a si mismo, ya que estaría dispuesto a cambiar cualquier insulto proveniente de ellos, con tal de tener a Lily cerca durante todo el día.