miércoles, 10 de junio de 2009

Las hermanas Black

Las vacaciones de Navidad terminaron entre la alegría típica de esas fechas y la sensación de añoranza al saber que se va a pasar un tiempo sin ver a tus seres queridos.
Severus y Lily regresaron a Hogwarts con el resto de compañeros que habían salido del castillo para pasar las vacaciones junto a sus familiares.
Al día siguiente comenzaron las clases de nuevo, como si no hubieran estado tanto tiempo sin tenerlas, y por lo que parecía, estas se habían vuelto más duras, se notaba que cada día estaba más cerca el final del curso, aunque todavía se veía como algo lejano.
Los profesores instaban a los alumnos de segundo a que fueran informándose sobre las nuevas asignaturas optativas que debían elegir para el siguiente curso, ya que dichas materias les podrían ser útiles en sus futuros trabajos.
Las reuniones del club de Slytherin se retomaron en seguida, así como los encuentros con Lily para sacarle información sobre los Gryffindor.
Lucius habló rápidamente con Severus para saber si había cumplido con sus encargos en el periodo de vacaciones, sobretodo con la de Lily, que es la que más le interesaba. Severus respondió a sus preguntas con ciertas evasivas para no dejar ver que realmente no le había hecho ni el menor caso y había disfrutado de unas estupendas Navidades en compañía de su amiga y su familia.

Todo parecía estar en orden, al menos, teniendo en cuenta todo el orden que puede reinar en Hogwarts. Pero esto no era así para todos los alumnos, ya que había una muchacha Slytherin que después de escuchar a escondidas una conversación en los lavabos entre tres chicas Gryffindor empezó a sentir una rabia y unos celos que jamás había sentido por nadie, por lo que decidió contarle todo a su hermana mayor y pedirla consejo, que a buen seguro, ella podría darle.

La chica se dirigió a la sala común de Slytherin, buscó con la mirada a su hermana y cuando la encontró se dirigió inmediatamente hacia ella y la arrastró hacia su habitación sin hacer ningún caso de los gritos y amenazas que la profería.
Al llegar a su dormitorio miró que no hubiera nadie por allí, sacó la varita, apuntó a la puerta y dijo con desgana:

-¡Fermaportus!

-¡Pero niña! ¿Tú te has vuelto loca o qué te pasa?

-Bellatrix, necesito hablar contigo, - dijo Narcisa poniendo un mohín en su rostro y parecía estar punto de llorar – es muy urgente.

-¡Tan urgente que no puedes esperar a que termine de hablar de asuntos importantes! – La espetó Bellatrix sin mirar a la cara a su hermana. – Te piensas que soy como papá y mamá, ¿no? Que siempre andan haciendo caso de tus niñerías y estupideces.

-¡Bella haz el favor de prestarme atención! – Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Narcisa y a recorrer sus suaves mejillas sin ningún control. Un torbellino de pensamientos atontaban su cabeza y no la dejaban pensar nada más que en esas palabras escuchadas por casualidad en el baño y en algo ocurrido años atrás en unas Navidades con su familia, cuando ella aun no iba a Hogwarts. – Esto no es ninguna niñería, ¿Sabes?

-Pero Cissy… - Bellatrix se abalanzó sobre su hermana menor, jamás la había visto tan desencajada y de repente sintió pena de ella, una de las pocas veces que ella sentía eso por alguien. – Cuéntame que te pasa, no pensé que fuera para tanto.

-Te lo voy a contar, pero antes debes prometerme que nunca vas a decirle a nadie nada de lo que te diga ahora, si lo haces perderé toda confianza en ti.

-Claro que no diré nada, pequeña, si quieres podemos hacer el pacto que hacíamos cuando éramos pequeñas, sabes que después de hacerlo nunca contamos nada a nadie, ni si quiera a Andrómeda.

-Si, eso haremos.

Dicho esto las dos hermanas se arrodillaron en el suelo, entrelazaron las dos manos la una con la otra y comenzaron a cantar a la vez una canción que su madre las enseñó hace ya muchos años, mirándose a los ojos, sin pestañear, haciendo pequeños círculos con las manos al principio, y luego más y más grandes al ir avanzando la canción. Al terminar de cantar besaron la mano izquierda la una de la otra y se levantaron.
Este ritual carecería de sentido para cualquier persona que lo viera, pero para ellas era algo que las había unido siempre y que nadie podría cambiar.

-Ahora dime, Cissy. – Dijo Bellatrix amablemente. - ¿Qué te ocurre?

-Pues verás Bella. – Comenzó Narcisa visiblemente más calmada que hacía unos momentos y sin soltar ninguna lágrima. – No sé si lo sabrás, aunque es probable que lo hayas adivinado por mi comportamiento, que me gusta un chico.

-¿Un tal Lucius quizá? – Preguntó Bellatrix con una sonrisa.

-Si, creo que podríamos llamarle así. Bien, y como ya sabes, no se podría decir que él me preste la menor atención. – La amargura volvió a su rostro al pronunciar esas palabras y sintió que la rabia venía de nuevo hacia ella, pero pudo contenerse.

-Bueno Cissy, pero eso se puede arreglar, yo si quieres hablaré bien de ti cuando esté cerca, sabes que tenemos una buena relación.

-Si, tienes una buena relación con él, pero por lo que tengo entendido antes la tenías mejor, ¿no es cierto?

-Eso ahora no viene a cuento, pasó hace ya unos años, tu ni si quiera lo conocías.

-No importa Bella, aun no he terminado de contártelo todo y lo que ocurrió en el pasado ha de salir irremediablemente en nuestra conversación.

-Está bien, continúa.

-Pues antes estaba en los servicios y escuché como esa sangre sucia de Evans les contaba a sus amigas McDonald y Green cosas sus vacaciones, cosa que no me importaba lo más mínimo. Pero yo no tenía ganas de que me vieran, así que me quedé encerrada en el baño esperando a que acabasen con sus cosas.

-Y de paso te enterabas de sus chismes para cotillear, ¿no?

-¿Quieres hacer el favor de prestarme atención? ¡Parece que no quieras ayudarme!

-¡Ay! ¡Perdona! Sólo quería poner una nota divertida a tu historia.

-Pues créeme que no me hace la menor gracia.

-¡Vale, vale! Sigue.

-Parecía que seguían hablando, Evans empezó a contarles los regalos de Navidad que había recibido, todo tonterías, de sus familiares, de Severus, etcétera, pero de repente dijo que abrió un paquete en el que se encontraba un ramo de rosas cristalizadas, anónimo. Unas rosas, que si yo no recuerdo mal tú recibiste hace unos años, cuando llegaste a Hogwarts, también las recibiste como anónimas, pero al cabo de unas semanas me escribiste contándome que habías descubierto que te las envió Lucius Malfoy, ese chico del colegio rubio por el que te sentías atraída y, o mucho me equivoco, o es la misma persona que se las ha enviado a esa maldita sangre sucia de Evans.

-No me lo puedo creer, desde luego todo indica a que ha sido Lucius quien las ha mandado, pero es muy extraño que las envíe a una sangre sucia como esa.

-Si, a mi también me parece raro, pero extraño o no estoy segura de que fue él, no puede haber sido ninguna otra persona.

-Te doy la razón Cissy, así terminó por conquistarme a mí y sé que hizo lo mismo con Amanda Dawes, también la envió un ramo de rosas cristalizadas por Navidades, pero sigo sin comprender por qué a Evans.

-Esa estúpida ciertamente es guapa, quizá sólo sea un capricho pasajero, al igual que tú lo fuiste.

Bellatrix miró con gesto de enfado a su hermana al escuchar tal impertinencia, pero se encontraba intrigada con ese asunto y no quería enfadarse con ella por eso, a parte no deseaba que Narcisa lo pasara aun peor, así que lo dejó pasar.

-¿Y qué quieres que haga por ti? ¿Hablo con Malfoy y le quito esas ideas de la cabeza?

-No Bella, espero que esas tonterías se le pasen por si mismo, cuando la sangre sucia se pase el día amargada y asqueada.

-¿Y por qué se iba a sentir así?

-Porque quiero hacerla sufrir, igual que estoy sufriendo yo ahora, quiero que se sienta una desgraciada y que desee no haberse juntado nunca con ningún Slytherin y, querida hermanita, tu puedes ayudarme a ello.

lunes, 27 de abril de 2009

Navidades muggles

Me alegro mucho de que os guste mi historia!! Me ha hecho mucha ilusión el comentario =)
Aquí dejo otros dos capítulos! Un beso!!


Como tenían previsto, Severus y Lily fueron a pasar las navidades a casa de los Evans, todo transcurrió allí sin ningunas complicaciones, a no ser que se contara que Petunia era muy grosera con Severus, como ya le habían advertido sus padres. Sabía que ella les tenía envidia a Lily y a él porque podían hacer magia y ella no, a parte de que siempre estuvo muy unida a su hermana y ahora no podían pasar prácticamente nada de tiempo juntos.
También habían quedado en que Eileen iría a pasar el día de Navidad con ellos, por lo que hicieron varios preparativos para recibirla aquel día.

Y llegó la mañana de Navidad, Severus aun se encontraba profundamente dormido cuando Lily fue a despertarle para que ambos bajaran al salón a ver sus regalos. Él se vistió rápidamente y bajaron las escaleras de dos en dos. Al llegar a la sala los dos vieron todos los regalos que allí había, pero la señora Evans les dijo que no debían abrirlos aun, ya que tenían que esperar a que llegase Eileen.
Esto ocurrió poco antes de la hora de la comida. Todos se sobresaltaron al escuchar un chispazo dentro de la chimenea, todos menos Severus que ya estaba acostumbrado a ello. De repente Eileen salió de la chimenea con una gran sonrisa y varios paquetes bajo el brazo. Severus corrió a abrazarla mientras los demás se reponían del susto y cogió los paquetes, que eran los regalos y los llevó debajo del árbol junto a los otros.

-Disculpen que no les avisara de que iba a llegar por la Red Flu, - dijo Eileen, miró a sus anfitriones y vio sus caras de desconcierto. – Bueno, la Red Flu, así es como llamamos los magos a viajar de una chimenea a otra. Me avisaron hace un rato del ministerio que habían conectado su chimenea para que pudiera llegar más rápido con todos los paquetes, ya que si me hubiera aparecido hubiera sido más complicado.

-No se preocupe, señora Snape, - dijo amablemente el señor Evans – es sólo que no estamos acostumbrados a estas cosas y nos asustamos, pero no pasa nada. Permítame su abrigo, señora y acomódese, en unos minutos empezaremos a abrir los regalos.

Al ser los invitados, les apremiaron a los Snape de que abrieran ellos antes los regalos, pero ellos se negaron y los Evans los empezaron a abrir primero, todos menos Lily, que dijo que no rotundamente y esperó a que todos los abriesen antes que ella.
Severus recibió de Mary, Frank y Alice diversas cajitas con grageas de todos los sabores y ranas y calderos de chocolate, de su madre una túnica nueva, muy elegante, de los señores Evans unos libros de historias muy conocidas entre los muggles, de Lily un cojín en forma de corazón, negro, hecho por ella, que en cuanto vio se apresuró a guardar, ya que se estaba ruborizando, y el último regalo era un libro de tapas rojas y bordeado de plata, sobre magia oscura que contenía hechizos y pociones muy avanzadas para él, regalo de Lucius. Vio que había una carta dentro, pero decidió no abrirla delante de todo el mundo, ya que podría poner cualquier cosa.
Lily empezó a abrir sus regalos. También a ella tenía cajitas con chucherías de Mary, Frank y Alice. Sus padres la regalaron un precioso vestido azul, sus abuelos la enviaron dinero, Eileen un juego de Gobstones, Severus un set de cuidado para las varitas y Petunia un libro muggle, con una nota irónica que decía: “Quizá así no se te olvide que tienes hermana.” Y al igual que Severus, tenía un paquete que no esperaba. Al abrirlo la habitación se llenó de un embriagador olor y Lily sacó de dentro un espléndido ramo de rosas cristalizadas, preciosas sin lugar a dudas, que a todos dejaron maravillados. Este paquete también venía con nota, y decía esto:

“Para la muchacha más encantadora de Hogwarts,
estas rosas cristalizas para que no pierdan su hermosura
al igual que espero que tu sigas tan radiante.”

Lily se quedó mirando el papel sonriendo. Ella no tenía ni idea de quien se las podía enviar, aunque si sospechaba de algunas personas.
Pero Severus que miró la nota de reojo conoció inmediatamente la letra del remitente de las flores. Debió imaginarlo nada más que las vio, no era otro que Lucius Malfoy.

Cuando recogieron todos los regalos los señores Evans empezaron a poner la mesa para la comida de Navidad. Eileen y Severus estaban maravillados ya que jamás habían presenciado nada como esto y mucho menos en una casa muggle. Todos lo pasaron muy bien, incluso Petunia, que por unas horas pareció olvidar su odio y rencor hacia el mundo mágico.
Les enseñaron villancicos muggles, al igual que otros típicos juegos de cartas y de tablero.
Pasaron un día magnífico.
Al terminar la velada recogieron entre todos y se despidieron de Eileen. Cuando esta se marchó, esta vez, se desapareció, cada uno subió a su habitación.
Severus, lo primero que hizo al llegar fue abrir la carta que Lucius le había enviado con el libro. En ella le recordaba sus recomendaciones, en especial la concerniente a Lily, al igual de que le informaba de que el ramo se lo enviaba él, pero que no la dijera nada – ni que yo pensara hacerlo – pensó Severus. También le decía que tuviera cuidado con el libro que le mandaba, ya que no era permitido en Hogwarts y debía mantenerlo escondido, en especial de los profesores.
Intrigado por esa advertencia, se puso a leer el libro.

Al día siguiente todo transcurrió con normalidad, Petunia había vuelto a ser una grosera y ya no se respiraba aire festivo en la casa.
Lily fue a hablar con Severus en cuanto tuvo un momento para los dos solos.

-Severus, tu no sabrás quién me envió las rosas, ¿verdad?

-¿Y por qué yo iba a tener que saberlo?

-No es necesario que seas tan borde, sólo pensé que podrías tener alguna idea.

-Perdóname Lily. Realmente no tengo ni idea.

-Bueno, al principio pensé que podrías haber sido tú, pero realmente no te pega nada.

-¿Yo? No, yo no fui, ojalá. Eh, espera, ¿cómo que no me pega?

-Pues no te pega por la simple razón de que eres muy tímido, si no mira como te pusiste cuando abriste mi regalo, un poco más y hubiera parecido que acababas de salir del horno.

-Pues si, soy tímido, y conversar de ello ahora no me ayuda la verdad.

-Vamos, Sev, no te pongas así. Mi regalo no es más que un símbolo, pero no te diré cual, no quiero que te vuelvas a convertir en mister tomate.

-Bah, déjalo ya Lily, hazme el favor.

-Está bien, está bien, lo dejo.

-Así mejor.

-Pero me tienes que ayudar a algo.

-Claro Lily, a lo que tú quieras.

-Me tienes que ayudar a averiguar quien me envió el ramo.

-A lo que quieras menos a eso.

-Que pasa, ¿no quieres saber quién es tu adversario? ¿No quieres ir a patearle el culo?

-Si, eso no estaría nada mal.

-Pues entonces ayúdame.

-Está bien, esta bien, te ayudaré. Pero te pongo una condición y tu tienes que prometer que la cumplirás, ¿de acuerdo?

-De acuerdo, dímela.

-Yo te ayudo, buscaré hasta debajo de las piedras cualquier indicio que me lleve hasta la persona que te envió las flores, pero tu me vas a prometer, que sea quien sea quien te las mandó, te vas a fiar de mi si te digo que no te conviene, o que te alejes de él, o sea lo que sea lo que te diga, ¿vale?

-¡Vale, vale, señor posesivo!

-No es posesivo, es que quizá no sea de mi agrado.

-Oh Sev, eres peor que mi padre, él me deja andar con quien yo quiera, ¿no te diste cuenta?

-Si, me di cuenta, y eso no me gusta, debería proteger más a su hija pequeña.

-En fin, cambiando de tema, ¿leíste la carta que te enviaba Lucius con su regalo?

-Ah, Lucius, hacía tiempo que no lo mencionabas.

-A ver si va ser él quien me envió el ramo. – Dijo Lily intentando picar a Severus sin saber lo cerca que estaba de la verdad.

-Improbable.

-Ya lo sé. Bueno, ¿la leíste?

-Si, sólo mencionaba cosas acerca del libro y cosas de Slytherin, nada interesante.

En ese momento los dos oyeron la voz de la señora Evans que les llamaba para la cena.

-Ya continuaremos esta conversación en otro momento. – Dijo Lily mientras los dos entraban en la cocina de su casa.

Recomendaciones de Lucius

Durante los meses siguientes todo salió más o menos bien en referencia a la misión que Lucius le había puesto a Lily. Ella se hizo bastante amiga de Remus Lupin y gracias a él se enteraba de varias cosas sobre ellos, que se estaban empezando a hacer llamar "Merodeadores". La única pega era que Remus enfermaba todos los meses y pasaba unos días ausente del colegio, y ahí era cuando ella tenía más problemas para enterarse de cosas.
La relación con Narcisa Black no es que fuera muy buena, ella siempre la miraba con expresión de autosuficiencia y la despreciaba cuando según ella, sus informes no eran buenos.
Todo lo contrario la ocurría con Lucius. Se citaban una vez al mes más o menos para comprobar los progresos de la investigación y él siempre tenía palabras bonitas y halagos para ella, cosa que hacía que Narcisa la odiase más aun si cabía. A Severus le pasaba lo mismo, pero su odio se concentraba en su líder, en Lucius.
Severus también pasó todo ese tiempo observando a Narcisa para que no pudiera hacerle nada malo a Lily. La espiaba en la sala común de Slytherin, sobretodo cuando la veía hablar con su hermana Bellatrix, ya que esa chica era un peligro para cualquiera y no iba a permitir que Lily probase de lo que era capaz.

Y así, entre todos esos seguimientos llegaron las vacaciones de Navidad.
Severus y Lily no se querían separar, sobretodo Severus, con lo cual decidieron entre sus padres que ya que Lily había pasado el verano en casa de Severus, ahora lo hicieran al revés, y como Eileen estaba sola en casa (el padre seguía sin dar señales de vida) iría a pasar el día de Navidad allí.

Pero un par de días antes de irse Severus recibió una citación privada de Lucius para verse antes de que se fuesen a sus respectivas casas. La cita era en una antigua sala del quinto piso, cerca del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, unas pocas horas antes de que el tren partiese hacia sus hogares.

"¿Que me querrá decir ahora?" Pensó Severus desconcertado. La semana anterior habían tenido la última reunión antes de las vacaciones y todos los puntos de la misma habían quedado aclarados al finalizar. "Quizá quiere que prepare algo durante mis vacaciones. Pues si es eso lo voy a tener difícil".

Al llegar a la puerta la abrió con cuidado y allí estaba ya Lucius, mirando por la ventana con aire distraído. Severus carraspeó y Lucius se da la vuelta.

-Ah, ya has llegado, - dijo Lucius mientras los dos tomaban asiento, - no te entretendré mucho rato.

-Si, será lo mejor, porque aun no acabé de organizar mis cosas en el baúl y no queda mucho tiempo.

-Si, si, tranquilo, sólo quería darte unas pequeñas, uhm, ¿cómo llamarlas? Recomendaciones.

-¿Recomendaciones? ¿Acerca de qué Lucius?

Severus estaba algo receloso por la manera en que el chico había dicho esa frase, como más bien que unas recomendaciones fueran unas órdenes que más le valía cumplir.

-Bueno, me he enterado por casualidad de que vas a pasar las vacaciones de Navidad con Lily, en su casa, rodeado de muggles, ¿estoy en lo cierto?

-Si, eso es lo que haré.

-Pues la primera de mis recomendaciones es que no te relaciones con ningún otro muggle que no sean los padres de Lily o su hermana.

-Bueno, eso ya lo tenía pensado.

-Así me gusta, que pienses de esa forma. Otra recomendación será que me escribas si notas algo extraño en Lily, algo que pueda echar a perder nuestros planes.

-No creo que sea necesaria tal cosa.

-Yo tampoco, realmente esa chica para ser una sangre sucia Gryffindor es bastante inteligente y sabe lo que la conviene.

La furia empezó a llegar a la cabeza de Severus, se estaba enfadando mucho.

-¿Alguna cosa más, Lucius?

-Si, la última y más importante. Sé que esto te puede parecer extraño, pero ciertamente Lily me gusta, hay varios años de diferencia, y si, es una sangre sucia, pero es tan encantadora que todo eso pasa a segundo plano cuando la veo. Así que mi última recomendación es que me vayas preparando el terreno durante estos días, dila cosas agradables sobre mí, cosas de esas que las gusta escuchar a las chicas, que si soy muy sensible y bla, bla, bla.

-¿Y por qué iba yo a tener que hacer eso?

-Porque si no, querido Severus, les contaré a todos que te has enamorado de una sangre sucia inmunda, ¿o crees que no me di cuenta?

-Podría hacer yo lo mismo.

-Si, podrías, pero todos me creerían a mí, no te conviene.

Y dicho esto Lucius se levantó y abandonó la sala dejando a Severus sumido en profundos y enfermizos pensamientos.

lunes, 20 de abril de 2009

Espías, rosas y celos

"Bueno, se me había olvidado subier aquí los capítulos que ha ido escribiendo, así que dejo 5 del tirón xDD"



Severus pasó toda la semana intentando persuadir a Lily de que fuera a la reunión que le habían propuesto Bellatrix y Lucius, que ya había sido fijada para el domingo a las seis de la tarde, pero ella, que como buena Gryffindor anteponía su valentía ante todo no se dejó amedrentar, diciendo que lo que tuviera que ser iba a ser, y que por supuesto no les iba a dar el gusto de no ir para que luego pudieran estar metiéndose con ella, además, al ser amigos de su amigo no les tenía tanto miedo, si a él no le hicieron nada, ¿por qué iban a tener que hacérselo a ella?

Severus también intentó averiguar durante ese tiempo para que requerían esos dos a Lily, no se fiaba de ellos, ya que sabía muy bien que odiaban a los sangre sucia, y Lily, obviamente lo era, y lo sabían.

Cuando llegó el domingo los dos estaban muy nerviosos, sobretodo Severus, pero al dirigirse al lugar de la reunión no dejaron que se les notase, ellos pensaron que sería mejor dar una imagen despreocupada para que no pudieran atormentarles fácilmente.

Llegaron al aula que haría las veces de sala de reunión y llamaron a la puerta, al comprobar que aun no había llegado nadie, abrieron la puerta y entraron. Se sentaron en unos pupitres que había allí y se pusieron a esperar a que llegasen Lucius y Bellatrix.

No les hicieron esperar demasiado, a los dos minutos de haberse sentado entraron por la puerta, con sus aires de superioridad y sus sonrisas de suficiencia. Pero en esta ocasión no venían solos, les acompañaba otra chica Slytherin, de segundo año como ellos, rubia, muy pálida y con un gran parecido físico a Bellatrix. Severus la había visto en alguna de las reuniones del club, por lo que sabía que ella era Narcisa Black, la hermana pequeña de Bellatrix.

Los tres se sentaron enfrente de Severus y Lily.

-Bueno, - dijo Lucius con un tono amistoso, cosa que a Severus le hizo recelar, - hagamos las presentaciones, yo soy Lucius Malfoy, a mi derecha están Bellatrix y Narcisa Black. - El chico se sonrió al ver la cara de desconcierto de Lily. - Si, son primas de ese estúpido Sirius que hay en tu casa, pero no te preocupes, dentro de poco no tendrás porque preocuparte más por él.

Lily sintió un escalofrío recorriendo su espalda al escuchar esas palabras, ¿qué quería decir eso de que no se tendría que preocupar más por él?

-Pero, ¿no le haréis nada malo no? - Preguntó Lily. - Quiero decir, que no le haréis daño.

-No te preocupes por eso Evans, - La respondió Bellatrix con odio en los ojos y en la voz, mientras Lucius la fulminaba con la mirada, - sólo queremos darles un escarmiento a él y al maldito Potter, y para eso necesitamos tu ayuda chica.

-¿Mi ayuda? ¿Para qué?

-¡Tu eres tontita o que te pasa niña!

-¡Bellatrix! - Gritó Lucius. - Haz el favor de callarte la boca y dejarme hablar a mi, parece que en todos estos años no has aprendido nada de mi, maldita inepta.

Parecía que Bellatrix iba a reventar de un momento a otro a causa de esa humillación por parte de Lucius, mientras que Severus la miraba con odio, ¿quién se pensaba esa tipa que era para hablar de esa manera a su Lily?

-Eres Lily, ¿verdad? - Preguntó Lucius con amabilidad.

-Si. - Respondió ella un tanto acobardada.

-Está bien, sólo queríamos explicarte, si la señorita Bellatrix me lo permite, ya que parece que se ha levantado un tanto rebelde, en que podrías sernos útil a la hora de dar un escarmiento a esos pequeños canallas de Black y Potter, así como a sus amiguitos Lupin y Pettigrew.

-¿Y qué es lo que yo puedo hacer?

-Pues verás, como ya sabes a nosotros nos es imposible entrar a la sala común de Gryffindor, y no sabemos que cosas traman allí, nos vendría muy bien que pudieras contarnos algo de eso.

-Me temo que eso será difícil, siempre están los cuatro haciendo piña y resultaría algo raro que yo me aproximara a ellos, sobretodo ya que saben que no les soporto.

-Si, habíamos pensado en esa posibilidad, y se me ocurrió que quizá a alguno de ellos no le tengas tanta manía, y ese podría ser tu propia fuente de información.

-Bueno, Lupin es el más tranquilo, de hecho, es bastante amable conmigo cuando Potter o Black me hacen sentir mal.

-¿Estarías dispuesta a hacerlo?

-Todo sea por dar un escarmiento a esos dos.

-Está bien, también estaría bien que nos pudieras pasar tu horario, para tenerlos más o menos vigilados durante la mayor parte del tiempo.

-Si, no hay problema, puedo hacerte una copia.

-Bueno, eso es otro tema, creemos que los profesores sospecharían algo al ver a una alumna de Gryffindor de segundo año hablando continuamente con un alumno de Slytherin de sexto curso, aun que sea un prefecto. Por eso contamos aquí con la presencia de Narcisa, que bien, es una Slytherin, pero de tu mismo curso, y no será tan sospechoso que hables con ella, siempre puedes alegar algo de los deberes.

-Si, pero para eso también está Severus, todos los profesores saben que somos amigos, algunos incluso saben que he pasado parte del verano en su casa.

-¿Ah, si? De eso yo no tenía noticias. - Lucius y Bellatrix miraron a Severus que estaba con la cabeza agachada para no mostrar que se acababa de ruborizar. - De todas formas es mejor que hables con Narcisa, tenemos más confianza con ella, ya que es la hermana de Bella.

Narcisa miró a Lucius con una cara que rayaba la adoración, saltaba a la vista que estaba enamorada de él.

-Vale, está bien, yo no tengo ningún problema. - Dijo Lily.

-Pues ya está todo listo. Toda la información que tengas de esa pandilla de mal nacidos házselo saber a Narcisa. Y nada más, bueno, una sola cosa. Un hechizo que aprendí el viernes en clase.

Lucius sacó su varita y después de dar un par de golpes apareció de la nada una preciosa rosa roja.

-Toma, Lily, esto es para ti. - Dijo Lucius tendiéndosela a la Gryffindor.

-Gracias Lucius. - Agradeció ella mientras se ruborizaba.

Las únicas caras que no mostraron ninguna emoción extraña fueron las de los propios Lucius y Lily, ya que Bellatrix parecía desencajada y miraba al rubio como si se hubiera vuelto loco. Severus y Narcisa mostraban celos con sus caras, unos celos enfermizos que a cada segundo crecían más en su interior.

Dicho todo esto se despidieron y Lucius, Bellatrix y Narcisa salieron de la habitación.

-Bueno, parece que la cosa no ha ido tan mal como tu pensabas, ¿no? - Preguntó Lily.

-Hombre, eso de la rosa… - Respondió Severus un tanto enfadado.

-No pasa nada, esto es solo un detalle.

-Ten cuidado.

-No es necesario, estoy contenta, ¡voy a ser una espía!

-Quizá pretende seducirte.

-¡Ahhh! Así que eso es todo, - dijo Lily divertida, - estás celoso.

-¿Yo? Claro que no estoy celoso, ¿por qué iba a tener que estarlo?

-No te preocupes, Sev, mi corazón ya tiene dueño.

Y dicho esto se levantó, le dio un beso en la frente a Severus y salió sonriente del aula.

Severus se quedó quieto, muy quieto, no había previsto eso en ese instante, si es verdad que no era la primera vez que Lily le besaba cariñosamente, pero esta vez fue más especial, por la frase que le había dicho antes de besarle.
El muchacho decidió que tendría que tener cuidado con Lucius, para que no se metiera en medio de Lily y él. Y también tendría que vigilar a Narcisa, una mujer celosa podría llegar a ser algo muy peligroso.

De vuelta a Hogwarts

Al día siguiente los dos se levantaron muy nerviosos y emocionados por el gran día que les esperaba delante.
Recogieron lo último que les quedaba, lo metieron en sus baúles y fueron hacia la estación.
Al llegar allí, atravesaron uno por uno el andén 9 ¾, después de haberse reunido con los padres de Lily, y comenzaron a meter sus baúles en un compartimento. Vieron a Frank y a Mary a lo lejos y les llamaron para que fuesen con ellos en el tren. Severus también vio de lejos a algunos miembros de su club, pero prefirió no saludarles por el momento, ya que se encontraba con muggles.
Y llegó el momento de las despedidas, los cuatro chicos se abrazaron a sus familiares y se prometieron escribirse varias veces por semana, aun sabiendo que eso era algo muy difícil de cumplir.
Subieron a su compartimento y el tren comenzó a andar. Al cabo de un rato Lily vio a una niña que no sabía hacia donde dirigirse, parecía que se había quedado sin sitio, ya que arrastraba su baúl, así que decidió salir para decirla que se sentara con ellos, ya que tenían sitio para alguien más.
La chica entró al compartimento con la cabeza agachada, articulando un casi inaudible "hola" y se apresuró a subir su baúl al portaequipajes.
Frank se levantó para ayudarla y los dos se sonrieron. Al estar ya todos sentados se hicieron las presentaciones, la chica se llamaba Alice Green, era bastante menudita, de cara redonda, con el pelo negro a media melena y unos claros y bonitos ojos grises. Les contó que era una bruja sangre limpia y que ya estaba deseando ir a Hogwarts, este era su primer curso.
Los cuatro amigos hicieron lo posible para que Alice se sintiera a gusto con ellos. El camino se le pasó rápido y se apresuraron a vestirse con las túnicas del colegio antes de que el tren se detuviera por completo.
Al bajar Alice se fue hacia una fila de alumnos de primer año y Severus, Lily, Frank y Mary hacia unos carruajes que parecían andar por si mismos y que les llevarían hasta el colegio. Subieron a uno que se encontraba próximo a ellos.
Al llegar a Hogwarts y entrar al Gran Comedor, Severus se tuvo que separar de sus amigos para ir a la mesa de Slytherin.
Severus se sentó al lado de Thomas, su compañero de cuarto y hablaron sobre las cosas del verano hasta que irrumpieron en el Gran Comedor los alumnos del primer curso guiados por la profesora McGonagall para su ceremonia de selección.
Allí iba Alice, nerviosa, en el tren había dicho que ella esperaba pertenecer a Ravenclaw, la casa en la que habían estado sus padres.
La ceremonia comenzó y el sombrero seleccionador empezó a repartir alumnos en las diferentes casas, cuando llegó el turno de Alice.

-¡Green, Alice! - Llamó la profesora McGonagall.

Alice se dirigió hacia la tarima y se sentó en el taburete. La profesora le colocó el sombrero en la cabeza y tras pensárselo durante unos segundos…

-¡¡¡GRYFFINDOR!!!

Ella no parecía decepcionada, así que fue corriendo a la mesa de los leones y se sentó al lado de Mary.

El banquete terminó y Severus se encontraba muy cansado, así que se despidió con la mano de sus amigos y se dirigió hacia la sala común de Slytherin, donde le esperaba su confortable cama adoselada en la que se tumbó inmediatamente.

Al día siguiente se levantó como nuevo, tenía ganas de ver su nuevo horario así que se encaminó rápidamente hacia el Gran Comedor para desayunar. Miró a la mesa de Gryffindor pero sus amigos aún no habían llegado, es más, el Gran Comedor estaba vacío de no ser por algunos profesores que ya se levantaban de sus asientos y un grupo de cuatro personas en la mesa de Gryffindor, que, o mucho se equivocaba, o les conocía perfectamente.
Se dirigió hacia su mesa tratando de pasara desapercibido, pero como era de esperar, le vieron.

-Vaya, vaya chicos, ¡mirad a quien tenemos aquí! - Dijo James Potter con voz de fastidio. - ¡Pero si es el guardaespaldas de Evans! Ni en verano la puedes dejar en paz, ¿verdad Snape?

-Quizá es que ella prefiera estar conmigo antes de estar con un fracasado como tu Potter. - Le espetó Severus.

-Tu a mi amigo no le llamas fracasado, piojoso. - Esta vez fue Sirius Black quién se metió en la conversación.

-Ni tu a mi me llamas piojoso, Black, estúpido arrogante.

James hizo un ademán de abrir la boca pero de repente alguien le propinó una colleja, lo cual le hizo enfadarse y darse la vuelta.

-Bueno Evans, - dijo un tanto sorprendido - ya sé que te alegras de verme, pero no es necesario que seas tan efusiva.

-¡Bah! Guárdate tus ironías de niño pequeñito para Black que es el único que las encuentra graciosas, Potter. - dijo Lily enfadada. - Vosotros dos sois unos malditos cobardes que tenéis que ir de dos en dos a atormentar al pobre Severus porque sabéis que uno sólo contra él no tenéis ningún tipo de personalidad, me avergüenza estar en la misma casa que vosotros.

-Al menos a nosotros no tiene que venir a defendernos una chica. - Mencionó Sirius.

James se empezó a reír, y estaba abriendo la boca para hablar, pero un grito le dejó mudo.

-¡SILENCIO! ¡¿Qué diablos está pasando aquí?!

Todos giraron la cabeza hacia la puerta del Gran Comedor y vieron a dos personas con cara de mal humor que se dirigían hacia ellos.
Severus se puso muy nervioso, ya que se trataba de Lucius Malfoy y Bellatrix Lestrange, no sabía que le dirían al estar rodeado de tantos Gryffindors.

-¿Y a ti qué te importa lo que esté pasando aquí rubito? - Dijo James con su chulería estúpida.

-Pues por si no te has dado cuenta soy un prefecto chico inútil. - Le respondió Lucius con una expresión temible en su cara. - Así que por esa indisciplina le serán restados 20 puntos a Gryffindor, buena manera de empezar el curso, ¿no? - Se comenzó a reír entre dientes y al mirar a su alrededor se dio cuenta de que sólo se encontraba un Slytherin entre los cinco Gryffindors allí presentes, lo cual sólo podía suponer una cosa. - Y como veo que entre todos vosotros estabais atormentando a Snape os quitaré también 5 puntos a cada…

-No, no, ¡espera! - Se apresuró a decir Severus. - Ella no me estaba haciendo nada, sólo me defendía.

-¿En serio Snape? - Dijo Bellatrix.

-Si, por supuesto, a vosotros no os mentiría.

-Está bien, está bien. - Dijo Lucius a regañadientes. - Cinco puntos menos a cada uno de vosotros cuatro, y espero que esto no se vuelva a repetir.

Los cuatro Gryffindors abandonaron el Gran Comedor con cara de pocos amigos y maldiciendo por lo bajo a todos los Slytherins del castillo.

Lucius y Bellatrix se pusieron a hablar entre ellos mientras que Severus y Lily se sentaron a la misma mesa a desayunar, los dos en silencio, pues ya se conocían tanto que con una mirada les servía para saber que es lo que quería decir el otro.

De repente Lucius y Bellatrix se acercaron hacia donde estaban sentados y Bellatrix habló.

-Tu, chica Gryffindor.

Lily levantó la vista sorprendida y la respondió.

-Me llamo Lily Evans, ¿qué quieres?

-El viernes vas a ir con Snape a donde nosotros le digamos a él, y más te vale no faltar a la cita si no quieres tener problemas mocosa.

-Claro, como tú digas.

Snape se asustó mucho, no sabía que querrían hacer con Lily, pero no podía ser nada bueno, tenía que hacer lo que fuera para que aquellos dos no pudieran ponerle las manos encima, ni siquiera hablar con ella. Eso no pensaba permitirlo.

Un verano feliz

Severus se encontraba muy feliz en su casa con su madre sin tener miedo a que de repente viniera algún miembro del club a atosigarle con preguntas sobre sus amigos Gryffindors.
Pasaba las mañanas con su madre en el jardín de la casa hablando sobre las cosas que él había aprendido durante el curso y su madre le enseñaba cosas nuevas que aprendería al siguiente año. Cuando no hablaban Eileen se ponía a tejer diversas prendas con magia mientras que Severus escribía a sus amigos, sobretodo a Lily.
Por las tardes iban los dos juntos a una pequeña playa, lejos de la vista de los muggles donde Eileen hacía juegos mágicos para su hijo, cuando empezaba a anochecer, volvían a la casa donde preparaban la cena y leían historias o escuchaban la radio mágica.

Y así fue pasando el tiempo hasta que llegó la primera semana de Agosto y empezaron a concretar cuando Lily vendría a su casa.
Quedaron en que Eileen se aparecería en la casa de los Evans para recogerla y desde allí se desaparecería nuevamente hacia su propia casa.
Severus insistió mucho en que él quería ir a recoger a Lily, pero su madre le dijo que ya suficiente problema era tenerse que aparecer con una niña y todo su equipaje, que siendo el de una chica sería bastante más pesado que el suyo.

Así que una radiante mañana de verano Eileen se levantó, se aseó, desayunó y se dispuso a ir a la casa de los Evans, pero en el justo momento en el que iba a desaparecerse alguien le asió firmemente de la mano y no tuvo más remedio que llevarlo con ella.
Al aparecerse en la puerta de los Evans, Eileen se dio la vuelta y miró a quien le había agarrado.

-¡Severus! - Dijo con un tono de enfado. - Debí imaginar alguna treta de tu parte como esta, ¿no podías esperarte media hora más en casa hasta que regresáramos?

-No te enfades mamá, - dijo Severus bajando la mirada - ya sabes que llevo un mes esperando este día y no quería alargar más la espera.

Eileen puso los ojos en blanco, tan testarudo como ella, no tenía remedio. - Ahora debería llevarte de vuelta a casa, por que para regresar tendré que hacer dos viajes, pero en fin, ya que estamos aquí… - Levantó la mano y llamó a la puerta.

Abrió el señor Evans que les recibió y saludó cordialmente, al instante llegó la señora Evans que hizo lo mismo y les invitó a pasar al salón.
Llamaron a Lily la cual bajó corriendo y en cuanto vio a Severus fue corriendo a abrazarle y a llenarle la cara de besos, él se puso granate de la vergüenza y la dijo:

-No te recordaba tan efusiva, ya está, estate quieta.

-Oh, vamos Sev, - respondió Lily separándose y mirando de reojo a su padre que sin duda estaba algo receloso - llevamos un mes sin vernos, en Hogwarts no hacía esto porque te veía todos los días.

Y los dos se echaron a reír.

De repente una cabeza apareció por la puerta, era otra niña, la hermana de Lily, como Severus supuso. Él sabía que ella no tenía poderes mágicos, por eso no estaba en Hogwarts.

-Petunia, ven que te presento a esta gente. - Dijo amablemente la señora Evans.

La chica se acercó despacio al lado de su madre, como cohibida y esperó a que hicieran las presentaciones.

-Mira, ven Petunia, - la instó Lily mientras la cogía de la mano - Esta es la señora Snape, la mamá de Severus, mi mejor amigos de todo mi colegio.

-¿Cómo? - Bufó Petunia. - De tu colegio de raritos querrás decir.

-¡PETUNIA! - Gritó el señor Evans - ¡Sube inmediatamente a tu cuarto y no salgas, y ya iré yo a hablar contigo cuando se vayan las visitas!

Petunia salió corriendo de la sala, llorando de rabia y gritando cosas ininteligibles.

-Disculpadla, - dijo la señora Evans - Lily y ella antes estaban muy unidas y ahora está algo celosa de que desee más volver al colegio que estar con ella.

-No se preocupe señora Evans, - dijo Eileen - es comprensible, creo que a mi me pasaría lo mismo.

-Bueno, - prosiguió la madre de Lily - creo que es el momento de despedirnos hasta que vayamos a verte al tren señorita.

-Si, - dijo Eileen - yo iré llevando a casa el equipaje de Lily mientras se despiden y enseguida vuelvo a por los chicos.

Y así fue, mientras la madre de Severus se desapareció, Lily se estuvo despidiendo de sus padres mientras ellos la daban el dinero para comprar sus libros de texto y el material, ya que habían acordado que la señora Snape les acompañaría al Callejón Diagon a comprar todo lo necesario.
Eileen volvió y tras las últimas despedidas los tres se desaparecieron hacia la residencia Snape.

Mientras Lily estuvo en la casa los tres lo pasaron muy bien, hacían lo mismo que cuando ella no estaba, pero también la llevaban de paseo por un bosque cercano y se iban al pueblo a comprar golosinas muggles que Lily escogía para los tres, ese verano estaba muy feliz para todos, se notaba mucho la ausencia del señor Snape, que seguía desaparecido y sin dar señales de vida - tonto mejor - pensó Severus.

El día que fueron a comprar al Callejón Diagon, Severus estaba algo nervioso por si se encontraba con algún miembro del club y le veían al lado de Lily, de una hija de muggles, de una sangre sucia. Pero pensó que ya se le ocurriría alguna excusa e intentó no pensar en ello.
Realmente se encontraron con muchos de sus compañeros de Hogwarts, incluyendo a James Potter, que se les quedó mirando con la boca abierta mientras Severus lanzaba una carcajada al verlo. Pero de los miembros del club no había ni rastro.

Y así llegó el último día de las vacaciones, los dos se pasaron el día preparando sus baúles y nerviosos por volver a Hogwarts, pero con muchas ganas.
Se despidieron y cada uno fue a dormir a su cuarto pensando en todo lo que les esperaba al día siguiente.

Despedidas

Poco a poco, los días, las semanas, los meses fueron pasando y de repente se hallaron, como quien no quiere la cosa en el expreso de Hogwarts regresando a sus hogares para pasar las vacaciones de verano.
Fue un curso muy ajetreado. Severus tenía que inventar cada poco algunas historias sobre sus amigos Gryffindor para que Lucius Malfoy y los demás miembros poderosos del club no le castigaran por frecuentar esas compañías. No podía dejar de asistir a las reuniones ya que le habían amenazado con hacer que lo expulsaran de la escuela, y él no podía permitir eso.
También se encontraba nervioso ya que otros miembros del club estaban siguiendo al grupo de Potter, y durante el verano estudiarían que hacerles en el curso siguiente. Severus sabía que él iba a estar presente en ese plan y no quería saber nada acerca de ello hasta el momento preciso.
La buena de su madre hizo todo lo posible para que nadie se enterase de que él tenía un padre muggle, aun que como le aseguró, tampoco fue una tarea muy difícil, ya que su padre aún se encontraba de viaje, algo que extrañó mucho a Severus, pero que en realidad tampoco le importaba, es más, le aliviaba, al menos sabía que su madre había pasado un año tranquilo.
A pesar de todo el asunto del club, Severus no se olvidaba ni por un momento de sus amigos Gryffindor, ellos eran todo lo que él tenía dentro del castillo y no estaba dispuesto a dejarles escapar, en especial a esa niña de cabello rojizo que le había tocado el corazón, Lily Evans.
No quería que nadie les lastimara, por eso las historias que le contaba a Lucius Malfoy eran cuentos banales de cualquier niño de su edad que por el momento no le interesara nada más que sus estudios y salir a jugar con sus amigos.

Y así es como Severus Snape, desde bien pequeño aprendió a ser un doble espía, sin que nadie sospechara de él.

Tanto él como sus tres amigos habían pasado con éxito los exámenes del primer curso y podían pasar con toda comodidad a segundo.

Empezó a atardecer mientras estaban en el tren jugando a los naipes explosivos, lo cual les indicó que pronto llegarían a Londres y debían ponerse sus ropas muggles. Se intercambiaron las direcciones para escribirse durante el verano, y nada más parar el tren Frank y Mary se despidieron y salieron rápidamente del compartimento en busca de sus padres, Severus miró a su amigo que se paró delante de una mujer de aspecto serio con un sombrero con un buitre disecado, y se le escapó una sonrisa, pensando en lo ridículo que se vería él con algo así puesto. Olvidándolo dio la vuelta para preguntar a Lily si ya estaba preparada para salir cuando se dio cuenta que la chica se estaba enjugando unas lágrimas.

-¿Qué te pasas Lily? - Preguntó el chico mientras le pasaba las manos sobre los hombros. - ¿Por qué lloras?

-¡Oh, Sev! - Sollozó la muchacha - ¿Acaso no es obvio? Vamos a estar dos meses separados. No voy a poder hablar contigo durante todo ese tiempo, no te voy a tener cerca y no quiero, Sev. Me encariñé mucho contigo y no creo que pueda estar separada de ti tanto tiempo.

¿Qué? ¿Había escuchado bien? ¿Esas palabras habían salido de la boca de la perfecta chica con la cual él fantaseaba? No podía creerlo.
Lily se ruborizó al instante y Severus se quedó mudo, mirándola, secándola las lágrimas con su mano, sintiendo el calor de sus mejillas. Al fin, sacó fuerzas para hablar.

-Bueno Lily, no estés preocupada, puedo preguntarle ahora a mi madre si podrías venir a pasar unas semanas en mi casa durante el verano, no creo que ella ponga ningún reparo, es más, se alegrará de que haya hecho tan buena amiga como tu.

Lily comenzó a sonreír.

-¿De verdad harás eso por mi, Sev?

-Claro no es ninguna molestia, ya que yo a ti también te extrañaría demasiado.

Lily se lanzó a su cuello y le dio un gran abrazo. Severus la siguió y así quedaron un buen rato, hasta que llamaron a la puerta de su compartimento. Era la señora que vendía golosinas dentro del tren.

-Niños, - Dijo amablemente la señora - no querrán volver a Hogwarts ahora que no tendrán a nadie que les cocine, ¿verdad?

-No, claro que no, señora, perdone. - Se disculpó Severus.

Entre los dos sacaron sus baúles y vieron como tres personas corrían a saludarles y a llenarles de besos después de tanto tiempo de separación.
Hicieron las presentaciones formales y así Severus conoció a los padres de Lily, y a la vez ella a su madre Eileen.
Como habían acordado en el tren, el chico preguntó a su madre la posibilidad de que Lily fuera a pasar unas semanas a su casa durante las vacaciones, y tal como Severus había previsto a su madre le pareció una maravillosa idea, con lo que quedó con los señores Evans en que durante la primera semana de agosto la enviaran a su casa para pasar el último mes de vacaciones junto a ellos.

Salieron del andén 9 y ¾ hacia el mundo muggle y se despidieron con la firme promesa de escribirse todos los días hasta que volvieran a reencontrarse, se dieron un largo abrazo mientras que a sus espaldas, sus respectivos padres les miraban con ternura. Lo que ninguno de sus compañeros de colegio había descubierto durante todo un curso, lo averiguaron sus padres en cuestión de minutos, y eso era, ni más ni menos, el amor que estaba surgiendo entre esos dos niños.

Cuando se separaron, ambos tenían lágrimas en los ojos. Eileen tomó a su hijo de la mano y lo llevó a un lugar apartado de la vista de los muggles para poder desaparecerse hasta la residencia Snape.