Las vacaciones de Navidad terminaron entre la alegría típica de esas fechas y la sensación de añoranza al saber que se va a pasar un tiempo sin ver a tus seres queridos.
Severus y Lily regresaron a Hogwarts con el resto de compañeros que habían salido del castillo para pasar las vacaciones junto a sus familiares.
Al día siguiente comenzaron las clases de nuevo, como si no hubieran estado tanto tiempo sin tenerlas, y por lo que parecía, estas se habían vuelto más duras, se notaba que cada día estaba más cerca el final del curso, aunque todavía se veía como algo lejano.
Los profesores instaban a los alumnos de segundo a que fueran informándose sobre las nuevas asignaturas optativas que debían elegir para el siguiente curso, ya que dichas materias les podrían ser útiles en sus futuros trabajos.
Las reuniones del club de Slytherin se retomaron en seguida, así como los encuentros con Lily para sacarle información sobre los Gryffindor.
Lucius habló rápidamente con Severus para saber si había cumplido con sus encargos en el periodo de vacaciones, sobretodo con la de Lily, que es la que más le interesaba. Severus respondió a sus preguntas con ciertas evasivas para no dejar ver que realmente no le había hecho ni el menor caso y había disfrutado de unas estupendas Navidades en compañía de su amiga y su familia.
Todo parecía estar en orden, al menos, teniendo en cuenta todo el orden que puede reinar en Hogwarts. Pero esto no era así para todos los alumnos, ya que había una muchacha Slytherin que después de escuchar a escondidas una conversación en los lavabos entre tres chicas Gryffindor empezó a sentir una rabia y unos celos que jamás había sentido por nadie, por lo que decidió contarle todo a su hermana mayor y pedirla consejo, que a buen seguro, ella podría darle.
La chica se dirigió a la sala común de Slytherin, buscó con la mirada a su hermana y cuando la encontró se dirigió inmediatamente hacia ella y la arrastró hacia su habitación sin hacer ningún caso de los gritos y amenazas que la profería.
Al llegar a su dormitorio miró que no hubiera nadie por allí, sacó la varita, apuntó a la puerta y dijo con desgana:
-¡Fermaportus!
-¡Pero niña! ¿Tú te has vuelto loca o qué te pasa?
-Bellatrix, necesito hablar contigo, - dijo Narcisa poniendo un mohín en su rostro y parecía estar punto de llorar – es muy urgente.
-¡Tan urgente que no puedes esperar a que termine de hablar de asuntos importantes! – La espetó Bellatrix sin mirar a la cara a su hermana. – Te piensas que soy como papá y mamá, ¿no? Que siempre andan haciendo caso de tus niñerías y estupideces.
-¡Bella haz el favor de prestarme atención! – Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Narcisa y a recorrer sus suaves mejillas sin ningún control. Un torbellino de pensamientos atontaban su cabeza y no la dejaban pensar nada más que en esas palabras escuchadas por casualidad en el baño y en algo ocurrido años atrás en unas Navidades con su familia, cuando ella aun no iba a Hogwarts. – Esto no es ninguna niñería, ¿Sabes?
-Pero Cissy… - Bellatrix se abalanzó sobre su hermana menor, jamás la había visto tan desencajada y de repente sintió pena de ella, una de las pocas veces que ella sentía eso por alguien. – Cuéntame que te pasa, no pensé que fuera para tanto.
-Te lo voy a contar, pero antes debes prometerme que nunca vas a decirle a nadie nada de lo que te diga ahora, si lo haces perderé toda confianza en ti.
-Claro que no diré nada, pequeña, si quieres podemos hacer el pacto que hacíamos cuando éramos pequeñas, sabes que después de hacerlo nunca contamos nada a nadie, ni si quiera a Andrómeda.
-Si, eso haremos.
Dicho esto las dos hermanas se arrodillaron en el suelo, entrelazaron las dos manos la una con la otra y comenzaron a cantar a la vez una canción que su madre las enseñó hace ya muchos años, mirándose a los ojos, sin pestañear, haciendo pequeños círculos con las manos al principio, y luego más y más grandes al ir avanzando la canción. Al terminar de cantar besaron la mano izquierda la una de la otra y se levantaron.
Este ritual carecería de sentido para cualquier persona que lo viera, pero para ellas era algo que las había unido siempre y que nadie podría cambiar.
-Ahora dime, Cissy. – Dijo Bellatrix amablemente. - ¿Qué te ocurre?
-Pues verás Bella. – Comenzó Narcisa visiblemente más calmada que hacía unos momentos y sin soltar ninguna lágrima. – No sé si lo sabrás, aunque es probable que lo hayas adivinado por mi comportamiento, que me gusta un chico.
-¿Un tal Lucius quizá? – Preguntó Bellatrix con una sonrisa.
-Si, creo que podríamos llamarle así. Bien, y como ya sabes, no se podría decir que él me preste la menor atención. – La amargura volvió a su rostro al pronunciar esas palabras y sintió que la rabia venía de nuevo hacia ella, pero pudo contenerse.
-Bueno Cissy, pero eso se puede arreglar, yo si quieres hablaré bien de ti cuando esté cerca, sabes que tenemos una buena relación.
-Si, tienes una buena relación con él, pero por lo que tengo entendido antes la tenías mejor, ¿no es cierto?
-Eso ahora no viene a cuento, pasó hace ya unos años, tu ni si quiera lo conocías.
-No importa Bella, aun no he terminado de contártelo todo y lo que ocurrió en el pasado ha de salir irremediablemente en nuestra conversación.
-Está bien, continúa.
-Pues antes estaba en los servicios y escuché como esa sangre sucia de Evans les contaba a sus amigas McDonald y Green cosas sus vacaciones, cosa que no me importaba lo más mínimo. Pero yo no tenía ganas de que me vieran, así que me quedé encerrada en el baño esperando a que acabasen con sus cosas.
-Y de paso te enterabas de sus chismes para cotillear, ¿no?
-¿Quieres hacer el favor de prestarme atención? ¡Parece que no quieras ayudarme!
-¡Ay! ¡Perdona! Sólo quería poner una nota divertida a tu historia.
-Pues créeme que no me hace la menor gracia.
-¡Vale, vale! Sigue.
-Parecía que seguían hablando, Evans empezó a contarles los regalos de Navidad que había recibido, todo tonterías, de sus familiares, de Severus, etcétera, pero de repente dijo que abrió un paquete en el que se encontraba un ramo de rosas cristalizadas, anónimo. Unas rosas, que si yo no recuerdo mal tú recibiste hace unos años, cuando llegaste a Hogwarts, también las recibiste como anónimas, pero al cabo de unas semanas me escribiste contándome que habías descubierto que te las envió Lucius Malfoy, ese chico del colegio rubio por el que te sentías atraída y, o mucho me equivoco, o es la misma persona que se las ha enviado a esa maldita sangre sucia de Evans.
-No me lo puedo creer, desde luego todo indica a que ha sido Lucius quien las ha mandado, pero es muy extraño que las envíe a una sangre sucia como esa.
-Si, a mi también me parece raro, pero extraño o no estoy segura de que fue él, no puede haber sido ninguna otra persona.
-Te doy la razón Cissy, así terminó por conquistarme a mí y sé que hizo lo mismo con Amanda Dawes, también la envió un ramo de rosas cristalizadas por Navidades, pero sigo sin comprender por qué a Evans.
-Esa estúpida ciertamente es guapa, quizá sólo sea un capricho pasajero, al igual que tú lo fuiste.
Bellatrix miró con gesto de enfado a su hermana al escuchar tal impertinencia, pero se encontraba intrigada con ese asunto y no quería enfadarse con ella por eso, a parte no deseaba que Narcisa lo pasara aun peor, así que lo dejó pasar.
-¿Y qué quieres que haga por ti? ¿Hablo con Malfoy y le quito esas ideas de la cabeza?
-No Bella, espero que esas tonterías se le pasen por si mismo, cuando la sangre sucia se pase el día amargada y asqueada.
-¿Y por qué se iba a sentir así?
-Porque quiero hacerla sufrir, igual que estoy sufriendo yo ahora, quiero que se sienta una desgraciada y que desee no haberse juntado nunca con ningún Slytherin y, querida hermanita, tu puedes ayudarme a ello.
miércoles, 10 de junio de 2009
lunes, 27 de abril de 2009
Navidades muggles
Me alegro mucho de que os guste mi historia!! Me ha hecho mucha ilusión el comentario =)
Aquí dejo otros dos capítulos! Un beso!!
Como tenían previsto, Severus y Lily fueron a pasar las navidades a casa de los Evans, todo transcurrió allí sin ningunas complicaciones, a no ser que se contara que Petunia era muy grosera con Severus, como ya le habían advertido sus padres. Sabía que ella les tenía envidia a Lily y a él porque podían hacer magia y ella no, a parte de que siempre estuvo muy unida a su hermana y ahora no podían pasar prácticamente nada de tiempo juntos.
También habían quedado en que Eileen iría a pasar el día de Navidad con ellos, por lo que hicieron varios preparativos para recibirla aquel día.
Y llegó la mañana de Navidad, Severus aun se encontraba profundamente dormido cuando Lily fue a despertarle para que ambos bajaran al salón a ver sus regalos. Él se vistió rápidamente y bajaron las escaleras de dos en dos. Al llegar a la sala los dos vieron todos los regalos que allí había, pero la señora Evans les dijo que no debían abrirlos aun, ya que tenían que esperar a que llegase Eileen.
Esto ocurrió poco antes de la hora de la comida. Todos se sobresaltaron al escuchar un chispazo dentro de la chimenea, todos menos Severus que ya estaba acostumbrado a ello. De repente Eileen salió de la chimenea con una gran sonrisa y varios paquetes bajo el brazo. Severus corrió a abrazarla mientras los demás se reponían del susto y cogió los paquetes, que eran los regalos y los llevó debajo del árbol junto a los otros.
-Disculpen que no les avisara de que iba a llegar por la Red Flu, - dijo Eileen, miró a sus anfitriones y vio sus caras de desconcierto. – Bueno, la Red Flu, así es como llamamos los magos a viajar de una chimenea a otra. Me avisaron hace un rato del ministerio que habían conectado su chimenea para que pudiera llegar más rápido con todos los paquetes, ya que si me hubiera aparecido hubiera sido más complicado.
-No se preocupe, señora Snape, - dijo amablemente el señor Evans – es sólo que no estamos acostumbrados a estas cosas y nos asustamos, pero no pasa nada. Permítame su abrigo, señora y acomódese, en unos minutos empezaremos a abrir los regalos.
Al ser los invitados, les apremiaron a los Snape de que abrieran ellos antes los regalos, pero ellos se negaron y los Evans los empezaron a abrir primero, todos menos Lily, que dijo que no rotundamente y esperó a que todos los abriesen antes que ella.
Severus recibió de Mary, Frank y Alice diversas cajitas con grageas de todos los sabores y ranas y calderos de chocolate, de su madre una túnica nueva, muy elegante, de los señores Evans unos libros de historias muy conocidas entre los muggles, de Lily un cojín en forma de corazón, negro, hecho por ella, que en cuanto vio se apresuró a guardar, ya que se estaba ruborizando, y el último regalo era un libro de tapas rojas y bordeado de plata, sobre magia oscura que contenía hechizos y pociones muy avanzadas para él, regalo de Lucius. Vio que había una carta dentro, pero decidió no abrirla delante de todo el mundo, ya que podría poner cualquier cosa.
Lily empezó a abrir sus regalos. También a ella tenía cajitas con chucherías de Mary, Frank y Alice. Sus padres la regalaron un precioso vestido azul, sus abuelos la enviaron dinero, Eileen un juego de Gobstones, Severus un set de cuidado para las varitas y Petunia un libro muggle, con una nota irónica que decía: “Quizá así no se te olvide que tienes hermana.” Y al igual que Severus, tenía un paquete que no esperaba. Al abrirlo la habitación se llenó de un embriagador olor y Lily sacó de dentro un espléndido ramo de rosas cristalizadas, preciosas sin lugar a dudas, que a todos dejaron maravillados. Este paquete también venía con nota, y decía esto:
“Para la muchacha más encantadora de Hogwarts,
estas rosas cristalizas para que no pierdan su hermosura
al igual que espero que tu sigas tan radiante.”
Lily se quedó mirando el papel sonriendo. Ella no tenía ni idea de quien se las podía enviar, aunque si sospechaba de algunas personas.
Pero Severus que miró la nota de reojo conoció inmediatamente la letra del remitente de las flores. Debió imaginarlo nada más que las vio, no era otro que Lucius Malfoy.
Cuando recogieron todos los regalos los señores Evans empezaron a poner la mesa para la comida de Navidad. Eileen y Severus estaban maravillados ya que jamás habían presenciado nada como esto y mucho menos en una casa muggle. Todos lo pasaron muy bien, incluso Petunia, que por unas horas pareció olvidar su odio y rencor hacia el mundo mágico.
Les enseñaron villancicos muggles, al igual que otros típicos juegos de cartas y de tablero.
Pasaron un día magnífico.
Al terminar la velada recogieron entre todos y se despidieron de Eileen. Cuando esta se marchó, esta vez, se desapareció, cada uno subió a su habitación.
Severus, lo primero que hizo al llegar fue abrir la carta que Lucius le había enviado con el libro. En ella le recordaba sus recomendaciones, en especial la concerniente a Lily, al igual de que le informaba de que el ramo se lo enviaba él, pero que no la dijera nada – ni que yo pensara hacerlo – pensó Severus. También le decía que tuviera cuidado con el libro que le mandaba, ya que no era permitido en Hogwarts y debía mantenerlo escondido, en especial de los profesores.
Intrigado por esa advertencia, se puso a leer el libro.
Al día siguiente todo transcurrió con normalidad, Petunia había vuelto a ser una grosera y ya no se respiraba aire festivo en la casa.
Lily fue a hablar con Severus en cuanto tuvo un momento para los dos solos.
-Severus, tu no sabrás quién me envió las rosas, ¿verdad?
-¿Y por qué yo iba a tener que saberlo?
-No es necesario que seas tan borde, sólo pensé que podrías tener alguna idea.
-Perdóname Lily. Realmente no tengo ni idea.
-Bueno, al principio pensé que podrías haber sido tú, pero realmente no te pega nada.
-¿Yo? No, yo no fui, ojalá. Eh, espera, ¿cómo que no me pega?
-Pues no te pega por la simple razón de que eres muy tímido, si no mira como te pusiste cuando abriste mi regalo, un poco más y hubiera parecido que acababas de salir del horno.
-Pues si, soy tímido, y conversar de ello ahora no me ayuda la verdad.
-Vamos, Sev, no te pongas así. Mi regalo no es más que un símbolo, pero no te diré cual, no quiero que te vuelvas a convertir en mister tomate.
-Bah, déjalo ya Lily, hazme el favor.
-Está bien, está bien, lo dejo.
-Así mejor.
-Pero me tienes que ayudar a algo.
-Claro Lily, a lo que tú quieras.
-Me tienes que ayudar a averiguar quien me envió el ramo.
-A lo que quieras menos a eso.
-Que pasa, ¿no quieres saber quién es tu adversario? ¿No quieres ir a patearle el culo?
-Si, eso no estaría nada mal.
-Pues entonces ayúdame.
-Está bien, esta bien, te ayudaré. Pero te pongo una condición y tu tienes que prometer que la cumplirás, ¿de acuerdo?
-De acuerdo, dímela.
-Yo te ayudo, buscaré hasta debajo de las piedras cualquier indicio que me lleve hasta la persona que te envió las flores, pero tu me vas a prometer, que sea quien sea quien te las mandó, te vas a fiar de mi si te digo que no te conviene, o que te alejes de él, o sea lo que sea lo que te diga, ¿vale?
-¡Vale, vale, señor posesivo!
-No es posesivo, es que quizá no sea de mi agrado.
-Oh Sev, eres peor que mi padre, él me deja andar con quien yo quiera, ¿no te diste cuenta?
-Si, me di cuenta, y eso no me gusta, debería proteger más a su hija pequeña.
-En fin, cambiando de tema, ¿leíste la carta que te enviaba Lucius con su regalo?
-Ah, Lucius, hacía tiempo que no lo mencionabas.
-A ver si va ser él quien me envió el ramo. – Dijo Lily intentando picar a Severus sin saber lo cerca que estaba de la verdad.
-Improbable.
-Ya lo sé. Bueno, ¿la leíste?
-Si, sólo mencionaba cosas acerca del libro y cosas de Slytherin, nada interesante.
En ese momento los dos oyeron la voz de la señora Evans que les llamaba para la cena.
-Ya continuaremos esta conversación en otro momento. – Dijo Lily mientras los dos entraban en la cocina de su casa.
Aquí dejo otros dos capítulos! Un beso!!
Como tenían previsto, Severus y Lily fueron a pasar las navidades a casa de los Evans, todo transcurrió allí sin ningunas complicaciones, a no ser que se contara que Petunia era muy grosera con Severus, como ya le habían advertido sus padres. Sabía que ella les tenía envidia a Lily y a él porque podían hacer magia y ella no, a parte de que siempre estuvo muy unida a su hermana y ahora no podían pasar prácticamente nada de tiempo juntos.
También habían quedado en que Eileen iría a pasar el día de Navidad con ellos, por lo que hicieron varios preparativos para recibirla aquel día.
Y llegó la mañana de Navidad, Severus aun se encontraba profundamente dormido cuando Lily fue a despertarle para que ambos bajaran al salón a ver sus regalos. Él se vistió rápidamente y bajaron las escaleras de dos en dos. Al llegar a la sala los dos vieron todos los regalos que allí había, pero la señora Evans les dijo que no debían abrirlos aun, ya que tenían que esperar a que llegase Eileen.
Esto ocurrió poco antes de la hora de la comida. Todos se sobresaltaron al escuchar un chispazo dentro de la chimenea, todos menos Severus que ya estaba acostumbrado a ello. De repente Eileen salió de la chimenea con una gran sonrisa y varios paquetes bajo el brazo. Severus corrió a abrazarla mientras los demás se reponían del susto y cogió los paquetes, que eran los regalos y los llevó debajo del árbol junto a los otros.
-Disculpen que no les avisara de que iba a llegar por la Red Flu, - dijo Eileen, miró a sus anfitriones y vio sus caras de desconcierto. – Bueno, la Red Flu, así es como llamamos los magos a viajar de una chimenea a otra. Me avisaron hace un rato del ministerio que habían conectado su chimenea para que pudiera llegar más rápido con todos los paquetes, ya que si me hubiera aparecido hubiera sido más complicado.
-No se preocupe, señora Snape, - dijo amablemente el señor Evans – es sólo que no estamos acostumbrados a estas cosas y nos asustamos, pero no pasa nada. Permítame su abrigo, señora y acomódese, en unos minutos empezaremos a abrir los regalos.
Al ser los invitados, les apremiaron a los Snape de que abrieran ellos antes los regalos, pero ellos se negaron y los Evans los empezaron a abrir primero, todos menos Lily, que dijo que no rotundamente y esperó a que todos los abriesen antes que ella.
Severus recibió de Mary, Frank y Alice diversas cajitas con grageas de todos los sabores y ranas y calderos de chocolate, de su madre una túnica nueva, muy elegante, de los señores Evans unos libros de historias muy conocidas entre los muggles, de Lily un cojín en forma de corazón, negro, hecho por ella, que en cuanto vio se apresuró a guardar, ya que se estaba ruborizando, y el último regalo era un libro de tapas rojas y bordeado de plata, sobre magia oscura que contenía hechizos y pociones muy avanzadas para él, regalo de Lucius. Vio que había una carta dentro, pero decidió no abrirla delante de todo el mundo, ya que podría poner cualquier cosa.
Lily empezó a abrir sus regalos. También a ella tenía cajitas con chucherías de Mary, Frank y Alice. Sus padres la regalaron un precioso vestido azul, sus abuelos la enviaron dinero, Eileen un juego de Gobstones, Severus un set de cuidado para las varitas y Petunia un libro muggle, con una nota irónica que decía: “Quizá así no se te olvide que tienes hermana.” Y al igual que Severus, tenía un paquete que no esperaba. Al abrirlo la habitación se llenó de un embriagador olor y Lily sacó de dentro un espléndido ramo de rosas cristalizadas, preciosas sin lugar a dudas, que a todos dejaron maravillados. Este paquete también venía con nota, y decía esto:
“Para la muchacha más encantadora de Hogwarts,
estas rosas cristalizas para que no pierdan su hermosura
al igual que espero que tu sigas tan radiante.”
Lily se quedó mirando el papel sonriendo. Ella no tenía ni idea de quien se las podía enviar, aunque si sospechaba de algunas personas.
Pero Severus que miró la nota de reojo conoció inmediatamente la letra del remitente de las flores. Debió imaginarlo nada más que las vio, no era otro que Lucius Malfoy.
Cuando recogieron todos los regalos los señores Evans empezaron a poner la mesa para la comida de Navidad. Eileen y Severus estaban maravillados ya que jamás habían presenciado nada como esto y mucho menos en una casa muggle. Todos lo pasaron muy bien, incluso Petunia, que por unas horas pareció olvidar su odio y rencor hacia el mundo mágico.
Les enseñaron villancicos muggles, al igual que otros típicos juegos de cartas y de tablero.
Pasaron un día magnífico.
Al terminar la velada recogieron entre todos y se despidieron de Eileen. Cuando esta se marchó, esta vez, se desapareció, cada uno subió a su habitación.
Severus, lo primero que hizo al llegar fue abrir la carta que Lucius le había enviado con el libro. En ella le recordaba sus recomendaciones, en especial la concerniente a Lily, al igual de que le informaba de que el ramo se lo enviaba él, pero que no la dijera nada – ni que yo pensara hacerlo – pensó Severus. También le decía que tuviera cuidado con el libro que le mandaba, ya que no era permitido en Hogwarts y debía mantenerlo escondido, en especial de los profesores.
Intrigado por esa advertencia, se puso a leer el libro.
Al día siguiente todo transcurrió con normalidad, Petunia había vuelto a ser una grosera y ya no se respiraba aire festivo en la casa.
Lily fue a hablar con Severus en cuanto tuvo un momento para los dos solos.
-Severus, tu no sabrás quién me envió las rosas, ¿verdad?
-¿Y por qué yo iba a tener que saberlo?
-No es necesario que seas tan borde, sólo pensé que podrías tener alguna idea.
-Perdóname Lily. Realmente no tengo ni idea.
-Bueno, al principio pensé que podrías haber sido tú, pero realmente no te pega nada.
-¿Yo? No, yo no fui, ojalá. Eh, espera, ¿cómo que no me pega?
-Pues no te pega por la simple razón de que eres muy tímido, si no mira como te pusiste cuando abriste mi regalo, un poco más y hubiera parecido que acababas de salir del horno.
-Pues si, soy tímido, y conversar de ello ahora no me ayuda la verdad.
-Vamos, Sev, no te pongas así. Mi regalo no es más que un símbolo, pero no te diré cual, no quiero que te vuelvas a convertir en mister tomate.
-Bah, déjalo ya Lily, hazme el favor.
-Está bien, está bien, lo dejo.
-Así mejor.
-Pero me tienes que ayudar a algo.
-Claro Lily, a lo que tú quieras.
-Me tienes que ayudar a averiguar quien me envió el ramo.
-A lo que quieras menos a eso.
-Que pasa, ¿no quieres saber quién es tu adversario? ¿No quieres ir a patearle el culo?
-Si, eso no estaría nada mal.
-Pues entonces ayúdame.
-Está bien, esta bien, te ayudaré. Pero te pongo una condición y tu tienes que prometer que la cumplirás, ¿de acuerdo?
-De acuerdo, dímela.
-Yo te ayudo, buscaré hasta debajo de las piedras cualquier indicio que me lleve hasta la persona que te envió las flores, pero tu me vas a prometer, que sea quien sea quien te las mandó, te vas a fiar de mi si te digo que no te conviene, o que te alejes de él, o sea lo que sea lo que te diga, ¿vale?
-¡Vale, vale, señor posesivo!
-No es posesivo, es que quizá no sea de mi agrado.
-Oh Sev, eres peor que mi padre, él me deja andar con quien yo quiera, ¿no te diste cuenta?
-Si, me di cuenta, y eso no me gusta, debería proteger más a su hija pequeña.
-En fin, cambiando de tema, ¿leíste la carta que te enviaba Lucius con su regalo?
-Ah, Lucius, hacía tiempo que no lo mencionabas.
-A ver si va ser él quien me envió el ramo. – Dijo Lily intentando picar a Severus sin saber lo cerca que estaba de la verdad.
-Improbable.
-Ya lo sé. Bueno, ¿la leíste?
-Si, sólo mencionaba cosas acerca del libro y cosas de Slytherin, nada interesante.
En ese momento los dos oyeron la voz de la señora Evans que les llamaba para la cena.
-Ya continuaremos esta conversación en otro momento. – Dijo Lily mientras los dos entraban en la cocina de su casa.
Recomendaciones de Lucius
Durante los meses siguientes todo salió más o menos bien en referencia a la misión que Lucius le había puesto a Lily. Ella se hizo bastante amiga de Remus Lupin y gracias a él se enteraba de varias cosas sobre ellos, que se estaban empezando a hacer llamar "Merodeadores". La única pega era que Remus enfermaba todos los meses y pasaba unos días ausente del colegio, y ahí era cuando ella tenía más problemas para enterarse de cosas.
La relación con Narcisa Black no es que fuera muy buena, ella siempre la miraba con expresión de autosuficiencia y la despreciaba cuando según ella, sus informes no eran buenos.
Todo lo contrario la ocurría con Lucius. Se citaban una vez al mes más o menos para comprobar los progresos de la investigación y él siempre tenía palabras bonitas y halagos para ella, cosa que hacía que Narcisa la odiase más aun si cabía. A Severus le pasaba lo mismo, pero su odio se concentraba en su líder, en Lucius.
Severus también pasó todo ese tiempo observando a Narcisa para que no pudiera hacerle nada malo a Lily. La espiaba en la sala común de Slytherin, sobretodo cuando la veía hablar con su hermana Bellatrix, ya que esa chica era un peligro para cualquiera y no iba a permitir que Lily probase de lo que era capaz.
Y así, entre todos esos seguimientos llegaron las vacaciones de Navidad.
Severus y Lily no se querían separar, sobretodo Severus, con lo cual decidieron entre sus padres que ya que Lily había pasado el verano en casa de Severus, ahora lo hicieran al revés, y como Eileen estaba sola en casa (el padre seguía sin dar señales de vida) iría a pasar el día de Navidad allí.
Pero un par de días antes de irse Severus recibió una citación privada de Lucius para verse antes de que se fuesen a sus respectivas casas. La cita era en una antigua sala del quinto piso, cerca del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, unas pocas horas antes de que el tren partiese hacia sus hogares.
"¿Que me querrá decir ahora?" Pensó Severus desconcertado. La semana anterior habían tenido la última reunión antes de las vacaciones y todos los puntos de la misma habían quedado aclarados al finalizar. "Quizá quiere que prepare algo durante mis vacaciones. Pues si es eso lo voy a tener difícil".
Al llegar a la puerta la abrió con cuidado y allí estaba ya Lucius, mirando por la ventana con aire distraído. Severus carraspeó y Lucius se da la vuelta.
-Ah, ya has llegado, - dijo Lucius mientras los dos tomaban asiento, - no te entretendré mucho rato.
-Si, será lo mejor, porque aun no acabé de organizar mis cosas en el baúl y no queda mucho tiempo.
-Si, si, tranquilo, sólo quería darte unas pequeñas, uhm, ¿cómo llamarlas? Recomendaciones.
-¿Recomendaciones? ¿Acerca de qué Lucius?
Severus estaba algo receloso por la manera en que el chico había dicho esa frase, como más bien que unas recomendaciones fueran unas órdenes que más le valía cumplir.
-Bueno, me he enterado por casualidad de que vas a pasar las vacaciones de Navidad con Lily, en su casa, rodeado de muggles, ¿estoy en lo cierto?
-Si, eso es lo que haré.
-Pues la primera de mis recomendaciones es que no te relaciones con ningún otro muggle que no sean los padres de Lily o su hermana.
-Bueno, eso ya lo tenía pensado.
-Así me gusta, que pienses de esa forma. Otra recomendación será que me escribas si notas algo extraño en Lily, algo que pueda echar a perder nuestros planes.
-No creo que sea necesaria tal cosa.
-Yo tampoco, realmente esa chica para ser una sangre sucia Gryffindor es bastante inteligente y sabe lo que la conviene.
La furia empezó a llegar a la cabeza de Severus, se estaba enfadando mucho.
-¿Alguna cosa más, Lucius?
-Si, la última y más importante. Sé que esto te puede parecer extraño, pero ciertamente Lily me gusta, hay varios años de diferencia, y si, es una sangre sucia, pero es tan encantadora que todo eso pasa a segundo plano cuando la veo. Así que mi última recomendación es que me vayas preparando el terreno durante estos días, dila cosas agradables sobre mí, cosas de esas que las gusta escuchar a las chicas, que si soy muy sensible y bla, bla, bla.
-¿Y por qué iba yo a tener que hacer eso?
-Porque si no, querido Severus, les contaré a todos que te has enamorado de una sangre sucia inmunda, ¿o crees que no me di cuenta?
-Podría hacer yo lo mismo.
-Si, podrías, pero todos me creerían a mí, no te conviene.
Y dicho esto Lucius se levantó y abandonó la sala dejando a Severus sumido en profundos y enfermizos pensamientos.
La relación con Narcisa Black no es que fuera muy buena, ella siempre la miraba con expresión de autosuficiencia y la despreciaba cuando según ella, sus informes no eran buenos.
Todo lo contrario la ocurría con Lucius. Se citaban una vez al mes más o menos para comprobar los progresos de la investigación y él siempre tenía palabras bonitas y halagos para ella, cosa que hacía que Narcisa la odiase más aun si cabía. A Severus le pasaba lo mismo, pero su odio se concentraba en su líder, en Lucius.
Severus también pasó todo ese tiempo observando a Narcisa para que no pudiera hacerle nada malo a Lily. La espiaba en la sala común de Slytherin, sobretodo cuando la veía hablar con su hermana Bellatrix, ya que esa chica era un peligro para cualquiera y no iba a permitir que Lily probase de lo que era capaz.
Y así, entre todos esos seguimientos llegaron las vacaciones de Navidad.
Severus y Lily no se querían separar, sobretodo Severus, con lo cual decidieron entre sus padres que ya que Lily había pasado el verano en casa de Severus, ahora lo hicieran al revés, y como Eileen estaba sola en casa (el padre seguía sin dar señales de vida) iría a pasar el día de Navidad allí.
Pero un par de días antes de irse Severus recibió una citación privada de Lucius para verse antes de que se fuesen a sus respectivas casas. La cita era en una antigua sala del quinto piso, cerca del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, unas pocas horas antes de que el tren partiese hacia sus hogares.
"¿Que me querrá decir ahora?" Pensó Severus desconcertado. La semana anterior habían tenido la última reunión antes de las vacaciones y todos los puntos de la misma habían quedado aclarados al finalizar. "Quizá quiere que prepare algo durante mis vacaciones. Pues si es eso lo voy a tener difícil".
Al llegar a la puerta la abrió con cuidado y allí estaba ya Lucius, mirando por la ventana con aire distraído. Severus carraspeó y Lucius se da la vuelta.
-Ah, ya has llegado, - dijo Lucius mientras los dos tomaban asiento, - no te entretendré mucho rato.
-Si, será lo mejor, porque aun no acabé de organizar mis cosas en el baúl y no queda mucho tiempo.
-Si, si, tranquilo, sólo quería darte unas pequeñas, uhm, ¿cómo llamarlas? Recomendaciones.
-¿Recomendaciones? ¿Acerca de qué Lucius?
Severus estaba algo receloso por la manera en que el chico había dicho esa frase, como más bien que unas recomendaciones fueran unas órdenes que más le valía cumplir.
-Bueno, me he enterado por casualidad de que vas a pasar las vacaciones de Navidad con Lily, en su casa, rodeado de muggles, ¿estoy en lo cierto?
-Si, eso es lo que haré.
-Pues la primera de mis recomendaciones es que no te relaciones con ningún otro muggle que no sean los padres de Lily o su hermana.
-Bueno, eso ya lo tenía pensado.
-Así me gusta, que pienses de esa forma. Otra recomendación será que me escribas si notas algo extraño en Lily, algo que pueda echar a perder nuestros planes.
-No creo que sea necesaria tal cosa.
-Yo tampoco, realmente esa chica para ser una sangre sucia Gryffindor es bastante inteligente y sabe lo que la conviene.
La furia empezó a llegar a la cabeza de Severus, se estaba enfadando mucho.
-¿Alguna cosa más, Lucius?
-Si, la última y más importante. Sé que esto te puede parecer extraño, pero ciertamente Lily me gusta, hay varios años de diferencia, y si, es una sangre sucia, pero es tan encantadora que todo eso pasa a segundo plano cuando la veo. Así que mi última recomendación es que me vayas preparando el terreno durante estos días, dila cosas agradables sobre mí, cosas de esas que las gusta escuchar a las chicas, que si soy muy sensible y bla, bla, bla.
-¿Y por qué iba yo a tener que hacer eso?
-Porque si no, querido Severus, les contaré a todos que te has enamorado de una sangre sucia inmunda, ¿o crees que no me di cuenta?
-Podría hacer yo lo mismo.
-Si, podrías, pero todos me creerían a mí, no te conviene.
Y dicho esto Lucius se levantó y abandonó la sala dejando a Severus sumido en profundos y enfermizos pensamientos.
lunes, 20 de abril de 2009
Espías, rosas y celos
"Bueno, se me había olvidado subier aquí los capítulos que ha ido escribiendo, así que dejo 5 del tirón xDD"
Severus pasó toda la semana intentando persuadir a Lily de que fuera a la reunión que le habían propuesto Bellatrix y Lucius, que ya había sido fijada para el domingo a las seis de la tarde, pero ella, que como buena Gryffindor anteponía su valentía ante todo no se dejó amedrentar, diciendo que lo que tuviera que ser iba a ser, y que por supuesto no les iba a dar el gusto de no ir para que luego pudieran estar metiéndose con ella, además, al ser amigos de su amigo no les tenía tanto miedo, si a él no le hicieron nada, ¿por qué iban a tener que hacérselo a ella?
Severus también intentó averiguar durante ese tiempo para que requerían esos dos a Lily, no se fiaba de ellos, ya que sabía muy bien que odiaban a los sangre sucia, y Lily, obviamente lo era, y lo sabían.
Cuando llegó el domingo los dos estaban muy nerviosos, sobretodo Severus, pero al dirigirse al lugar de la reunión no dejaron que se les notase, ellos pensaron que sería mejor dar una imagen despreocupada para que no pudieran atormentarles fácilmente.
Llegaron al aula que haría las veces de sala de reunión y llamaron a la puerta, al comprobar que aun no había llegado nadie, abrieron la puerta y entraron. Se sentaron en unos pupitres que había allí y se pusieron a esperar a que llegasen Lucius y Bellatrix.
No les hicieron esperar demasiado, a los dos minutos de haberse sentado entraron por la puerta, con sus aires de superioridad y sus sonrisas de suficiencia. Pero en esta ocasión no venían solos, les acompañaba otra chica Slytherin, de segundo año como ellos, rubia, muy pálida y con un gran parecido físico a Bellatrix. Severus la había visto en alguna de las reuniones del club, por lo que sabía que ella era Narcisa Black, la hermana pequeña de Bellatrix.
Los tres se sentaron enfrente de Severus y Lily.
-Bueno, - dijo Lucius con un tono amistoso, cosa que a Severus le hizo recelar, - hagamos las presentaciones, yo soy Lucius Malfoy, a mi derecha están Bellatrix y Narcisa Black. - El chico se sonrió al ver la cara de desconcierto de Lily. - Si, son primas de ese estúpido Sirius que hay en tu casa, pero no te preocupes, dentro de poco no tendrás porque preocuparte más por él.
Lily sintió un escalofrío recorriendo su espalda al escuchar esas palabras, ¿qué quería decir eso de que no se tendría que preocupar más por él?
-Pero, ¿no le haréis nada malo no? - Preguntó Lily. - Quiero decir, que no le haréis daño.
-No te preocupes por eso Evans, - La respondió Bellatrix con odio en los ojos y en la voz, mientras Lucius la fulminaba con la mirada, - sólo queremos darles un escarmiento a él y al maldito Potter, y para eso necesitamos tu ayuda chica.
-¿Mi ayuda? ¿Para qué?
-¡Tu eres tontita o que te pasa niña!
-¡Bellatrix! - Gritó Lucius. - Haz el favor de callarte la boca y dejarme hablar a mi, parece que en todos estos años no has aprendido nada de mi, maldita inepta.
Parecía que Bellatrix iba a reventar de un momento a otro a causa de esa humillación por parte de Lucius, mientras que Severus la miraba con odio, ¿quién se pensaba esa tipa que era para hablar de esa manera a su Lily?
-Eres Lily, ¿verdad? - Preguntó Lucius con amabilidad.
-Si. - Respondió ella un tanto acobardada.
-Está bien, sólo queríamos explicarte, si la señorita Bellatrix me lo permite, ya que parece que se ha levantado un tanto rebelde, en que podrías sernos útil a la hora de dar un escarmiento a esos pequeños canallas de Black y Potter, así como a sus amiguitos Lupin y Pettigrew.
-¿Y qué es lo que yo puedo hacer?
-Pues verás, como ya sabes a nosotros nos es imposible entrar a la sala común de Gryffindor, y no sabemos que cosas traman allí, nos vendría muy bien que pudieras contarnos algo de eso.
-Me temo que eso será difícil, siempre están los cuatro haciendo piña y resultaría algo raro que yo me aproximara a ellos, sobretodo ya que saben que no les soporto.
-Si, habíamos pensado en esa posibilidad, y se me ocurrió que quizá a alguno de ellos no le tengas tanta manía, y ese podría ser tu propia fuente de información.
-Bueno, Lupin es el más tranquilo, de hecho, es bastante amable conmigo cuando Potter o Black me hacen sentir mal.
-¿Estarías dispuesta a hacerlo?
-Todo sea por dar un escarmiento a esos dos.
-Está bien, también estaría bien que nos pudieras pasar tu horario, para tenerlos más o menos vigilados durante la mayor parte del tiempo.
-Si, no hay problema, puedo hacerte una copia.
-Bueno, eso es otro tema, creemos que los profesores sospecharían algo al ver a una alumna de Gryffindor de segundo año hablando continuamente con un alumno de Slytherin de sexto curso, aun que sea un prefecto. Por eso contamos aquí con la presencia de Narcisa, que bien, es una Slytherin, pero de tu mismo curso, y no será tan sospechoso que hables con ella, siempre puedes alegar algo de los deberes.
-Si, pero para eso también está Severus, todos los profesores saben que somos amigos, algunos incluso saben que he pasado parte del verano en su casa.
-¿Ah, si? De eso yo no tenía noticias. - Lucius y Bellatrix miraron a Severus que estaba con la cabeza agachada para no mostrar que se acababa de ruborizar. - De todas formas es mejor que hables con Narcisa, tenemos más confianza con ella, ya que es la hermana de Bella.
Narcisa miró a Lucius con una cara que rayaba la adoración, saltaba a la vista que estaba enamorada de él.
-Vale, está bien, yo no tengo ningún problema. - Dijo Lily.
-Pues ya está todo listo. Toda la información que tengas de esa pandilla de mal nacidos házselo saber a Narcisa. Y nada más, bueno, una sola cosa. Un hechizo que aprendí el viernes en clase.
Lucius sacó su varita y después de dar un par de golpes apareció de la nada una preciosa rosa roja.
-Toma, Lily, esto es para ti. - Dijo Lucius tendiéndosela a la Gryffindor.
-Gracias Lucius. - Agradeció ella mientras se ruborizaba.
Las únicas caras que no mostraron ninguna emoción extraña fueron las de los propios Lucius y Lily, ya que Bellatrix parecía desencajada y miraba al rubio como si se hubiera vuelto loco. Severus y Narcisa mostraban celos con sus caras, unos celos enfermizos que a cada segundo crecían más en su interior.
Dicho todo esto se despidieron y Lucius, Bellatrix y Narcisa salieron de la habitación.
-Bueno, parece que la cosa no ha ido tan mal como tu pensabas, ¿no? - Preguntó Lily.
-Hombre, eso de la rosa… - Respondió Severus un tanto enfadado.
-No pasa nada, esto es solo un detalle.
-Ten cuidado.
-No es necesario, estoy contenta, ¡voy a ser una espía!
-Quizá pretende seducirte.
-¡Ahhh! Así que eso es todo, - dijo Lily divertida, - estás celoso.
-¿Yo? Claro que no estoy celoso, ¿por qué iba a tener que estarlo?
-No te preocupes, Sev, mi corazón ya tiene dueño.
Y dicho esto se levantó, le dio un beso en la frente a Severus y salió sonriente del aula.
Severus se quedó quieto, muy quieto, no había previsto eso en ese instante, si es verdad que no era la primera vez que Lily le besaba cariñosamente, pero esta vez fue más especial, por la frase que le había dicho antes de besarle.
El muchacho decidió que tendría que tener cuidado con Lucius, para que no se metiera en medio de Lily y él. Y también tendría que vigilar a Narcisa, una mujer celosa podría llegar a ser algo muy peligroso.
Severus pasó toda la semana intentando persuadir a Lily de que fuera a la reunión que le habían propuesto Bellatrix y Lucius, que ya había sido fijada para el domingo a las seis de la tarde, pero ella, que como buena Gryffindor anteponía su valentía ante todo no se dejó amedrentar, diciendo que lo que tuviera que ser iba a ser, y que por supuesto no les iba a dar el gusto de no ir para que luego pudieran estar metiéndose con ella, además, al ser amigos de su amigo no les tenía tanto miedo, si a él no le hicieron nada, ¿por qué iban a tener que hacérselo a ella?
Severus también intentó averiguar durante ese tiempo para que requerían esos dos a Lily, no se fiaba de ellos, ya que sabía muy bien que odiaban a los sangre sucia, y Lily, obviamente lo era, y lo sabían.
Cuando llegó el domingo los dos estaban muy nerviosos, sobretodo Severus, pero al dirigirse al lugar de la reunión no dejaron que se les notase, ellos pensaron que sería mejor dar una imagen despreocupada para que no pudieran atormentarles fácilmente.
Llegaron al aula que haría las veces de sala de reunión y llamaron a la puerta, al comprobar que aun no había llegado nadie, abrieron la puerta y entraron. Se sentaron en unos pupitres que había allí y se pusieron a esperar a que llegasen Lucius y Bellatrix.
No les hicieron esperar demasiado, a los dos minutos de haberse sentado entraron por la puerta, con sus aires de superioridad y sus sonrisas de suficiencia. Pero en esta ocasión no venían solos, les acompañaba otra chica Slytherin, de segundo año como ellos, rubia, muy pálida y con un gran parecido físico a Bellatrix. Severus la había visto en alguna de las reuniones del club, por lo que sabía que ella era Narcisa Black, la hermana pequeña de Bellatrix.
Los tres se sentaron enfrente de Severus y Lily.
-Bueno, - dijo Lucius con un tono amistoso, cosa que a Severus le hizo recelar, - hagamos las presentaciones, yo soy Lucius Malfoy, a mi derecha están Bellatrix y Narcisa Black. - El chico se sonrió al ver la cara de desconcierto de Lily. - Si, son primas de ese estúpido Sirius que hay en tu casa, pero no te preocupes, dentro de poco no tendrás porque preocuparte más por él.
Lily sintió un escalofrío recorriendo su espalda al escuchar esas palabras, ¿qué quería decir eso de que no se tendría que preocupar más por él?
-Pero, ¿no le haréis nada malo no? - Preguntó Lily. - Quiero decir, que no le haréis daño.
-No te preocupes por eso Evans, - La respondió Bellatrix con odio en los ojos y en la voz, mientras Lucius la fulminaba con la mirada, - sólo queremos darles un escarmiento a él y al maldito Potter, y para eso necesitamos tu ayuda chica.
-¿Mi ayuda? ¿Para qué?
-¡Tu eres tontita o que te pasa niña!
-¡Bellatrix! - Gritó Lucius. - Haz el favor de callarte la boca y dejarme hablar a mi, parece que en todos estos años no has aprendido nada de mi, maldita inepta.
Parecía que Bellatrix iba a reventar de un momento a otro a causa de esa humillación por parte de Lucius, mientras que Severus la miraba con odio, ¿quién se pensaba esa tipa que era para hablar de esa manera a su Lily?
-Eres Lily, ¿verdad? - Preguntó Lucius con amabilidad.
-Si. - Respondió ella un tanto acobardada.
-Está bien, sólo queríamos explicarte, si la señorita Bellatrix me lo permite, ya que parece que se ha levantado un tanto rebelde, en que podrías sernos útil a la hora de dar un escarmiento a esos pequeños canallas de Black y Potter, así como a sus amiguitos Lupin y Pettigrew.
-¿Y qué es lo que yo puedo hacer?
-Pues verás, como ya sabes a nosotros nos es imposible entrar a la sala común de Gryffindor, y no sabemos que cosas traman allí, nos vendría muy bien que pudieras contarnos algo de eso.
-Me temo que eso será difícil, siempre están los cuatro haciendo piña y resultaría algo raro que yo me aproximara a ellos, sobretodo ya que saben que no les soporto.
-Si, habíamos pensado en esa posibilidad, y se me ocurrió que quizá a alguno de ellos no le tengas tanta manía, y ese podría ser tu propia fuente de información.
-Bueno, Lupin es el más tranquilo, de hecho, es bastante amable conmigo cuando Potter o Black me hacen sentir mal.
-¿Estarías dispuesta a hacerlo?
-Todo sea por dar un escarmiento a esos dos.
-Está bien, también estaría bien que nos pudieras pasar tu horario, para tenerlos más o menos vigilados durante la mayor parte del tiempo.
-Si, no hay problema, puedo hacerte una copia.
-Bueno, eso es otro tema, creemos que los profesores sospecharían algo al ver a una alumna de Gryffindor de segundo año hablando continuamente con un alumno de Slytherin de sexto curso, aun que sea un prefecto. Por eso contamos aquí con la presencia de Narcisa, que bien, es una Slytherin, pero de tu mismo curso, y no será tan sospechoso que hables con ella, siempre puedes alegar algo de los deberes.
-Si, pero para eso también está Severus, todos los profesores saben que somos amigos, algunos incluso saben que he pasado parte del verano en su casa.
-¿Ah, si? De eso yo no tenía noticias. - Lucius y Bellatrix miraron a Severus que estaba con la cabeza agachada para no mostrar que se acababa de ruborizar. - De todas formas es mejor que hables con Narcisa, tenemos más confianza con ella, ya que es la hermana de Bella.
Narcisa miró a Lucius con una cara que rayaba la adoración, saltaba a la vista que estaba enamorada de él.
-Vale, está bien, yo no tengo ningún problema. - Dijo Lily.
-Pues ya está todo listo. Toda la información que tengas de esa pandilla de mal nacidos házselo saber a Narcisa. Y nada más, bueno, una sola cosa. Un hechizo que aprendí el viernes en clase.
Lucius sacó su varita y después de dar un par de golpes apareció de la nada una preciosa rosa roja.
-Toma, Lily, esto es para ti. - Dijo Lucius tendiéndosela a la Gryffindor.
-Gracias Lucius. - Agradeció ella mientras se ruborizaba.
Las únicas caras que no mostraron ninguna emoción extraña fueron las de los propios Lucius y Lily, ya que Bellatrix parecía desencajada y miraba al rubio como si se hubiera vuelto loco. Severus y Narcisa mostraban celos con sus caras, unos celos enfermizos que a cada segundo crecían más en su interior.
Dicho todo esto se despidieron y Lucius, Bellatrix y Narcisa salieron de la habitación.
-Bueno, parece que la cosa no ha ido tan mal como tu pensabas, ¿no? - Preguntó Lily.
-Hombre, eso de la rosa… - Respondió Severus un tanto enfadado.
-No pasa nada, esto es solo un detalle.
-Ten cuidado.
-No es necesario, estoy contenta, ¡voy a ser una espía!
-Quizá pretende seducirte.
-¡Ahhh! Así que eso es todo, - dijo Lily divertida, - estás celoso.
-¿Yo? Claro que no estoy celoso, ¿por qué iba a tener que estarlo?
-No te preocupes, Sev, mi corazón ya tiene dueño.
Y dicho esto se levantó, le dio un beso en la frente a Severus y salió sonriente del aula.
Severus se quedó quieto, muy quieto, no había previsto eso en ese instante, si es verdad que no era la primera vez que Lily le besaba cariñosamente, pero esta vez fue más especial, por la frase que le había dicho antes de besarle.
El muchacho decidió que tendría que tener cuidado con Lucius, para que no se metiera en medio de Lily y él. Y también tendría que vigilar a Narcisa, una mujer celosa podría llegar a ser algo muy peligroso.
De vuelta a Hogwarts
Al día siguiente los dos se levantaron muy nerviosos y emocionados por el gran día que les esperaba delante.
Recogieron lo último que les quedaba, lo metieron en sus baúles y fueron hacia la estación.
Al llegar allí, atravesaron uno por uno el andén 9 ¾, después de haberse reunido con los padres de Lily, y comenzaron a meter sus baúles en un compartimento. Vieron a Frank y a Mary a lo lejos y les llamaron para que fuesen con ellos en el tren. Severus también vio de lejos a algunos miembros de su club, pero prefirió no saludarles por el momento, ya que se encontraba con muggles.
Y llegó el momento de las despedidas, los cuatro chicos se abrazaron a sus familiares y se prometieron escribirse varias veces por semana, aun sabiendo que eso era algo muy difícil de cumplir.
Subieron a su compartimento y el tren comenzó a andar. Al cabo de un rato Lily vio a una niña que no sabía hacia donde dirigirse, parecía que se había quedado sin sitio, ya que arrastraba su baúl, así que decidió salir para decirla que se sentara con ellos, ya que tenían sitio para alguien más.
La chica entró al compartimento con la cabeza agachada, articulando un casi inaudible "hola" y se apresuró a subir su baúl al portaequipajes.
Frank se levantó para ayudarla y los dos se sonrieron. Al estar ya todos sentados se hicieron las presentaciones, la chica se llamaba Alice Green, era bastante menudita, de cara redonda, con el pelo negro a media melena y unos claros y bonitos ojos grises. Les contó que era una bruja sangre limpia y que ya estaba deseando ir a Hogwarts, este era su primer curso.
Los cuatro amigos hicieron lo posible para que Alice se sintiera a gusto con ellos. El camino se le pasó rápido y se apresuraron a vestirse con las túnicas del colegio antes de que el tren se detuviera por completo.
Al bajar Alice se fue hacia una fila de alumnos de primer año y Severus, Lily, Frank y Mary hacia unos carruajes que parecían andar por si mismos y que les llevarían hasta el colegio. Subieron a uno que se encontraba próximo a ellos.
Al llegar a Hogwarts y entrar al Gran Comedor, Severus se tuvo que separar de sus amigos para ir a la mesa de Slytherin.
Severus se sentó al lado de Thomas, su compañero de cuarto y hablaron sobre las cosas del verano hasta que irrumpieron en el Gran Comedor los alumnos del primer curso guiados por la profesora McGonagall para su ceremonia de selección.
Allí iba Alice, nerviosa, en el tren había dicho que ella esperaba pertenecer a Ravenclaw, la casa en la que habían estado sus padres.
La ceremonia comenzó y el sombrero seleccionador empezó a repartir alumnos en las diferentes casas, cuando llegó el turno de Alice.
-¡Green, Alice! - Llamó la profesora McGonagall.
Alice se dirigió hacia la tarima y se sentó en el taburete. La profesora le colocó el sombrero en la cabeza y tras pensárselo durante unos segundos…
-¡¡¡GRYFFINDOR!!!
Ella no parecía decepcionada, así que fue corriendo a la mesa de los leones y se sentó al lado de Mary.
El banquete terminó y Severus se encontraba muy cansado, así que se despidió con la mano de sus amigos y se dirigió hacia la sala común de Slytherin, donde le esperaba su confortable cama adoselada en la que se tumbó inmediatamente.
Al día siguiente se levantó como nuevo, tenía ganas de ver su nuevo horario así que se encaminó rápidamente hacia el Gran Comedor para desayunar. Miró a la mesa de Gryffindor pero sus amigos aún no habían llegado, es más, el Gran Comedor estaba vacío de no ser por algunos profesores que ya se levantaban de sus asientos y un grupo de cuatro personas en la mesa de Gryffindor, que, o mucho se equivocaba, o les conocía perfectamente.
Se dirigió hacia su mesa tratando de pasara desapercibido, pero como era de esperar, le vieron.
-Vaya, vaya chicos, ¡mirad a quien tenemos aquí! - Dijo James Potter con voz de fastidio. - ¡Pero si es el guardaespaldas de Evans! Ni en verano la puedes dejar en paz, ¿verdad Snape?
-Quizá es que ella prefiera estar conmigo antes de estar con un fracasado como tu Potter. - Le espetó Severus.
-Tu a mi amigo no le llamas fracasado, piojoso. - Esta vez fue Sirius Black quién se metió en la conversación.
-Ni tu a mi me llamas piojoso, Black, estúpido arrogante.
James hizo un ademán de abrir la boca pero de repente alguien le propinó una colleja, lo cual le hizo enfadarse y darse la vuelta.
-Bueno Evans, - dijo un tanto sorprendido - ya sé que te alegras de verme, pero no es necesario que seas tan efusiva.
-¡Bah! Guárdate tus ironías de niño pequeñito para Black que es el único que las encuentra graciosas, Potter. - dijo Lily enfadada. - Vosotros dos sois unos malditos cobardes que tenéis que ir de dos en dos a atormentar al pobre Severus porque sabéis que uno sólo contra él no tenéis ningún tipo de personalidad, me avergüenza estar en la misma casa que vosotros.
-Al menos a nosotros no tiene que venir a defendernos una chica. - Mencionó Sirius.
James se empezó a reír, y estaba abriendo la boca para hablar, pero un grito le dejó mudo.
-¡SILENCIO! ¡¿Qué diablos está pasando aquí?!
Todos giraron la cabeza hacia la puerta del Gran Comedor y vieron a dos personas con cara de mal humor que se dirigían hacia ellos.
Severus se puso muy nervioso, ya que se trataba de Lucius Malfoy y Bellatrix Lestrange, no sabía que le dirían al estar rodeado de tantos Gryffindors.
-¿Y a ti qué te importa lo que esté pasando aquí rubito? - Dijo James con su chulería estúpida.
-Pues por si no te has dado cuenta soy un prefecto chico inútil. - Le respondió Lucius con una expresión temible en su cara. - Así que por esa indisciplina le serán restados 20 puntos a Gryffindor, buena manera de empezar el curso, ¿no? - Se comenzó a reír entre dientes y al mirar a su alrededor se dio cuenta de que sólo se encontraba un Slytherin entre los cinco Gryffindors allí presentes, lo cual sólo podía suponer una cosa. - Y como veo que entre todos vosotros estabais atormentando a Snape os quitaré también 5 puntos a cada…
-No, no, ¡espera! - Se apresuró a decir Severus. - Ella no me estaba haciendo nada, sólo me defendía.
-¿En serio Snape? - Dijo Bellatrix.
-Si, por supuesto, a vosotros no os mentiría.
-Está bien, está bien. - Dijo Lucius a regañadientes. - Cinco puntos menos a cada uno de vosotros cuatro, y espero que esto no se vuelva a repetir.
Los cuatro Gryffindors abandonaron el Gran Comedor con cara de pocos amigos y maldiciendo por lo bajo a todos los Slytherins del castillo.
Lucius y Bellatrix se pusieron a hablar entre ellos mientras que Severus y Lily se sentaron a la misma mesa a desayunar, los dos en silencio, pues ya se conocían tanto que con una mirada les servía para saber que es lo que quería decir el otro.
De repente Lucius y Bellatrix se acercaron hacia donde estaban sentados y Bellatrix habló.
-Tu, chica Gryffindor.
Lily levantó la vista sorprendida y la respondió.
-Me llamo Lily Evans, ¿qué quieres?
-El viernes vas a ir con Snape a donde nosotros le digamos a él, y más te vale no faltar a la cita si no quieres tener problemas mocosa.
-Claro, como tú digas.
Snape se asustó mucho, no sabía que querrían hacer con Lily, pero no podía ser nada bueno, tenía que hacer lo que fuera para que aquellos dos no pudieran ponerle las manos encima, ni siquiera hablar con ella. Eso no pensaba permitirlo.
Recogieron lo último que les quedaba, lo metieron en sus baúles y fueron hacia la estación.
Al llegar allí, atravesaron uno por uno el andén 9 ¾, después de haberse reunido con los padres de Lily, y comenzaron a meter sus baúles en un compartimento. Vieron a Frank y a Mary a lo lejos y les llamaron para que fuesen con ellos en el tren. Severus también vio de lejos a algunos miembros de su club, pero prefirió no saludarles por el momento, ya que se encontraba con muggles.
Y llegó el momento de las despedidas, los cuatro chicos se abrazaron a sus familiares y se prometieron escribirse varias veces por semana, aun sabiendo que eso era algo muy difícil de cumplir.
Subieron a su compartimento y el tren comenzó a andar. Al cabo de un rato Lily vio a una niña que no sabía hacia donde dirigirse, parecía que se había quedado sin sitio, ya que arrastraba su baúl, así que decidió salir para decirla que se sentara con ellos, ya que tenían sitio para alguien más.
La chica entró al compartimento con la cabeza agachada, articulando un casi inaudible "hola" y se apresuró a subir su baúl al portaequipajes.
Frank se levantó para ayudarla y los dos se sonrieron. Al estar ya todos sentados se hicieron las presentaciones, la chica se llamaba Alice Green, era bastante menudita, de cara redonda, con el pelo negro a media melena y unos claros y bonitos ojos grises. Les contó que era una bruja sangre limpia y que ya estaba deseando ir a Hogwarts, este era su primer curso.
Los cuatro amigos hicieron lo posible para que Alice se sintiera a gusto con ellos. El camino se le pasó rápido y se apresuraron a vestirse con las túnicas del colegio antes de que el tren se detuviera por completo.
Al bajar Alice se fue hacia una fila de alumnos de primer año y Severus, Lily, Frank y Mary hacia unos carruajes que parecían andar por si mismos y que les llevarían hasta el colegio. Subieron a uno que se encontraba próximo a ellos.
Al llegar a Hogwarts y entrar al Gran Comedor, Severus se tuvo que separar de sus amigos para ir a la mesa de Slytherin.
Severus se sentó al lado de Thomas, su compañero de cuarto y hablaron sobre las cosas del verano hasta que irrumpieron en el Gran Comedor los alumnos del primer curso guiados por la profesora McGonagall para su ceremonia de selección.
Allí iba Alice, nerviosa, en el tren había dicho que ella esperaba pertenecer a Ravenclaw, la casa en la que habían estado sus padres.
La ceremonia comenzó y el sombrero seleccionador empezó a repartir alumnos en las diferentes casas, cuando llegó el turno de Alice.
-¡Green, Alice! - Llamó la profesora McGonagall.
Alice se dirigió hacia la tarima y se sentó en el taburete. La profesora le colocó el sombrero en la cabeza y tras pensárselo durante unos segundos…
-¡¡¡GRYFFINDOR!!!
Ella no parecía decepcionada, así que fue corriendo a la mesa de los leones y se sentó al lado de Mary.
El banquete terminó y Severus se encontraba muy cansado, así que se despidió con la mano de sus amigos y se dirigió hacia la sala común de Slytherin, donde le esperaba su confortable cama adoselada en la que se tumbó inmediatamente.
Al día siguiente se levantó como nuevo, tenía ganas de ver su nuevo horario así que se encaminó rápidamente hacia el Gran Comedor para desayunar. Miró a la mesa de Gryffindor pero sus amigos aún no habían llegado, es más, el Gran Comedor estaba vacío de no ser por algunos profesores que ya se levantaban de sus asientos y un grupo de cuatro personas en la mesa de Gryffindor, que, o mucho se equivocaba, o les conocía perfectamente.
Se dirigió hacia su mesa tratando de pasara desapercibido, pero como era de esperar, le vieron.
-Vaya, vaya chicos, ¡mirad a quien tenemos aquí! - Dijo James Potter con voz de fastidio. - ¡Pero si es el guardaespaldas de Evans! Ni en verano la puedes dejar en paz, ¿verdad Snape?
-Quizá es que ella prefiera estar conmigo antes de estar con un fracasado como tu Potter. - Le espetó Severus.
-Tu a mi amigo no le llamas fracasado, piojoso. - Esta vez fue Sirius Black quién se metió en la conversación.
-Ni tu a mi me llamas piojoso, Black, estúpido arrogante.
James hizo un ademán de abrir la boca pero de repente alguien le propinó una colleja, lo cual le hizo enfadarse y darse la vuelta.
-Bueno Evans, - dijo un tanto sorprendido - ya sé que te alegras de verme, pero no es necesario que seas tan efusiva.
-¡Bah! Guárdate tus ironías de niño pequeñito para Black que es el único que las encuentra graciosas, Potter. - dijo Lily enfadada. - Vosotros dos sois unos malditos cobardes que tenéis que ir de dos en dos a atormentar al pobre Severus porque sabéis que uno sólo contra él no tenéis ningún tipo de personalidad, me avergüenza estar en la misma casa que vosotros.
-Al menos a nosotros no tiene que venir a defendernos una chica. - Mencionó Sirius.
James se empezó a reír, y estaba abriendo la boca para hablar, pero un grito le dejó mudo.
-¡SILENCIO! ¡¿Qué diablos está pasando aquí?!
Todos giraron la cabeza hacia la puerta del Gran Comedor y vieron a dos personas con cara de mal humor que se dirigían hacia ellos.
Severus se puso muy nervioso, ya que se trataba de Lucius Malfoy y Bellatrix Lestrange, no sabía que le dirían al estar rodeado de tantos Gryffindors.
-¿Y a ti qué te importa lo que esté pasando aquí rubito? - Dijo James con su chulería estúpida.
-Pues por si no te has dado cuenta soy un prefecto chico inútil. - Le respondió Lucius con una expresión temible en su cara. - Así que por esa indisciplina le serán restados 20 puntos a Gryffindor, buena manera de empezar el curso, ¿no? - Se comenzó a reír entre dientes y al mirar a su alrededor se dio cuenta de que sólo se encontraba un Slytherin entre los cinco Gryffindors allí presentes, lo cual sólo podía suponer una cosa. - Y como veo que entre todos vosotros estabais atormentando a Snape os quitaré también 5 puntos a cada…
-No, no, ¡espera! - Se apresuró a decir Severus. - Ella no me estaba haciendo nada, sólo me defendía.
-¿En serio Snape? - Dijo Bellatrix.
-Si, por supuesto, a vosotros no os mentiría.
-Está bien, está bien. - Dijo Lucius a regañadientes. - Cinco puntos menos a cada uno de vosotros cuatro, y espero que esto no se vuelva a repetir.
Los cuatro Gryffindors abandonaron el Gran Comedor con cara de pocos amigos y maldiciendo por lo bajo a todos los Slytherins del castillo.
Lucius y Bellatrix se pusieron a hablar entre ellos mientras que Severus y Lily se sentaron a la misma mesa a desayunar, los dos en silencio, pues ya se conocían tanto que con una mirada les servía para saber que es lo que quería decir el otro.
De repente Lucius y Bellatrix se acercaron hacia donde estaban sentados y Bellatrix habló.
-Tu, chica Gryffindor.
Lily levantó la vista sorprendida y la respondió.
-Me llamo Lily Evans, ¿qué quieres?
-El viernes vas a ir con Snape a donde nosotros le digamos a él, y más te vale no faltar a la cita si no quieres tener problemas mocosa.
-Claro, como tú digas.
Snape se asustó mucho, no sabía que querrían hacer con Lily, pero no podía ser nada bueno, tenía que hacer lo que fuera para que aquellos dos no pudieran ponerle las manos encima, ni siquiera hablar con ella. Eso no pensaba permitirlo.
Un verano feliz
Severus se encontraba muy feliz en su casa con su madre sin tener miedo a que de repente viniera algún miembro del club a atosigarle con preguntas sobre sus amigos Gryffindors.
Pasaba las mañanas con su madre en el jardín de la casa hablando sobre las cosas que él había aprendido durante el curso y su madre le enseñaba cosas nuevas que aprendería al siguiente año. Cuando no hablaban Eileen se ponía a tejer diversas prendas con magia mientras que Severus escribía a sus amigos, sobretodo a Lily.
Por las tardes iban los dos juntos a una pequeña playa, lejos de la vista de los muggles donde Eileen hacía juegos mágicos para su hijo, cuando empezaba a anochecer, volvían a la casa donde preparaban la cena y leían historias o escuchaban la radio mágica.
Y así fue pasando el tiempo hasta que llegó la primera semana de Agosto y empezaron a concretar cuando Lily vendría a su casa.
Quedaron en que Eileen se aparecería en la casa de los Evans para recogerla y desde allí se desaparecería nuevamente hacia su propia casa.
Severus insistió mucho en que él quería ir a recoger a Lily, pero su madre le dijo que ya suficiente problema era tenerse que aparecer con una niña y todo su equipaje, que siendo el de una chica sería bastante más pesado que el suyo.
Así que una radiante mañana de verano Eileen se levantó, se aseó, desayunó y se dispuso a ir a la casa de los Evans, pero en el justo momento en el que iba a desaparecerse alguien le asió firmemente de la mano y no tuvo más remedio que llevarlo con ella.
Al aparecerse en la puerta de los Evans, Eileen se dio la vuelta y miró a quien le había agarrado.
-¡Severus! - Dijo con un tono de enfado. - Debí imaginar alguna treta de tu parte como esta, ¿no podías esperarte media hora más en casa hasta que regresáramos?
-No te enfades mamá, - dijo Severus bajando la mirada - ya sabes que llevo un mes esperando este día y no quería alargar más la espera.
Eileen puso los ojos en blanco, tan testarudo como ella, no tenía remedio. - Ahora debería llevarte de vuelta a casa, por que para regresar tendré que hacer dos viajes, pero en fin, ya que estamos aquí… - Levantó la mano y llamó a la puerta.
Abrió el señor Evans que les recibió y saludó cordialmente, al instante llegó la señora Evans que hizo lo mismo y les invitó a pasar al salón.
Llamaron a Lily la cual bajó corriendo y en cuanto vio a Severus fue corriendo a abrazarle y a llenarle la cara de besos, él se puso granate de la vergüenza y la dijo:
-No te recordaba tan efusiva, ya está, estate quieta.
-Oh, vamos Sev, - respondió Lily separándose y mirando de reojo a su padre que sin duda estaba algo receloso - llevamos un mes sin vernos, en Hogwarts no hacía esto porque te veía todos los días.
Y los dos se echaron a reír.
De repente una cabeza apareció por la puerta, era otra niña, la hermana de Lily, como Severus supuso. Él sabía que ella no tenía poderes mágicos, por eso no estaba en Hogwarts.
-Petunia, ven que te presento a esta gente. - Dijo amablemente la señora Evans.
La chica se acercó despacio al lado de su madre, como cohibida y esperó a que hicieran las presentaciones.
-Mira, ven Petunia, - la instó Lily mientras la cogía de la mano - Esta es la señora Snape, la mamá de Severus, mi mejor amigos de todo mi colegio.
-¿Cómo? - Bufó Petunia. - De tu colegio de raritos querrás decir.
-¡PETUNIA! - Gritó el señor Evans - ¡Sube inmediatamente a tu cuarto y no salgas, y ya iré yo a hablar contigo cuando se vayan las visitas!
Petunia salió corriendo de la sala, llorando de rabia y gritando cosas ininteligibles.
-Disculpadla, - dijo la señora Evans - Lily y ella antes estaban muy unidas y ahora está algo celosa de que desee más volver al colegio que estar con ella.
-No se preocupe señora Evans, - dijo Eileen - es comprensible, creo que a mi me pasaría lo mismo.
-Bueno, - prosiguió la madre de Lily - creo que es el momento de despedirnos hasta que vayamos a verte al tren señorita.
-Si, - dijo Eileen - yo iré llevando a casa el equipaje de Lily mientras se despiden y enseguida vuelvo a por los chicos.
Y así fue, mientras la madre de Severus se desapareció, Lily se estuvo despidiendo de sus padres mientras ellos la daban el dinero para comprar sus libros de texto y el material, ya que habían acordado que la señora Snape les acompañaría al Callejón Diagon a comprar todo lo necesario.
Eileen volvió y tras las últimas despedidas los tres se desaparecieron hacia la residencia Snape.
Mientras Lily estuvo en la casa los tres lo pasaron muy bien, hacían lo mismo que cuando ella no estaba, pero también la llevaban de paseo por un bosque cercano y se iban al pueblo a comprar golosinas muggles que Lily escogía para los tres, ese verano estaba muy feliz para todos, se notaba mucho la ausencia del señor Snape, que seguía desaparecido y sin dar señales de vida - tonto mejor - pensó Severus.
El día que fueron a comprar al Callejón Diagon, Severus estaba algo nervioso por si se encontraba con algún miembro del club y le veían al lado de Lily, de una hija de muggles, de una sangre sucia. Pero pensó que ya se le ocurriría alguna excusa e intentó no pensar en ello.
Realmente se encontraron con muchos de sus compañeros de Hogwarts, incluyendo a James Potter, que se les quedó mirando con la boca abierta mientras Severus lanzaba una carcajada al verlo. Pero de los miembros del club no había ni rastro.
Y así llegó el último día de las vacaciones, los dos se pasaron el día preparando sus baúles y nerviosos por volver a Hogwarts, pero con muchas ganas.
Se despidieron y cada uno fue a dormir a su cuarto pensando en todo lo que les esperaba al día siguiente.
Pasaba las mañanas con su madre en el jardín de la casa hablando sobre las cosas que él había aprendido durante el curso y su madre le enseñaba cosas nuevas que aprendería al siguiente año. Cuando no hablaban Eileen se ponía a tejer diversas prendas con magia mientras que Severus escribía a sus amigos, sobretodo a Lily.
Por las tardes iban los dos juntos a una pequeña playa, lejos de la vista de los muggles donde Eileen hacía juegos mágicos para su hijo, cuando empezaba a anochecer, volvían a la casa donde preparaban la cena y leían historias o escuchaban la radio mágica.
Y así fue pasando el tiempo hasta que llegó la primera semana de Agosto y empezaron a concretar cuando Lily vendría a su casa.
Quedaron en que Eileen se aparecería en la casa de los Evans para recogerla y desde allí se desaparecería nuevamente hacia su propia casa.
Severus insistió mucho en que él quería ir a recoger a Lily, pero su madre le dijo que ya suficiente problema era tenerse que aparecer con una niña y todo su equipaje, que siendo el de una chica sería bastante más pesado que el suyo.
Así que una radiante mañana de verano Eileen se levantó, se aseó, desayunó y se dispuso a ir a la casa de los Evans, pero en el justo momento en el que iba a desaparecerse alguien le asió firmemente de la mano y no tuvo más remedio que llevarlo con ella.
Al aparecerse en la puerta de los Evans, Eileen se dio la vuelta y miró a quien le había agarrado.
-¡Severus! - Dijo con un tono de enfado. - Debí imaginar alguna treta de tu parte como esta, ¿no podías esperarte media hora más en casa hasta que regresáramos?
-No te enfades mamá, - dijo Severus bajando la mirada - ya sabes que llevo un mes esperando este día y no quería alargar más la espera.
Eileen puso los ojos en blanco, tan testarudo como ella, no tenía remedio. - Ahora debería llevarte de vuelta a casa, por que para regresar tendré que hacer dos viajes, pero en fin, ya que estamos aquí… - Levantó la mano y llamó a la puerta.
Abrió el señor Evans que les recibió y saludó cordialmente, al instante llegó la señora Evans que hizo lo mismo y les invitó a pasar al salón.
Llamaron a Lily la cual bajó corriendo y en cuanto vio a Severus fue corriendo a abrazarle y a llenarle la cara de besos, él se puso granate de la vergüenza y la dijo:
-No te recordaba tan efusiva, ya está, estate quieta.
-Oh, vamos Sev, - respondió Lily separándose y mirando de reojo a su padre que sin duda estaba algo receloso - llevamos un mes sin vernos, en Hogwarts no hacía esto porque te veía todos los días.
Y los dos se echaron a reír.
De repente una cabeza apareció por la puerta, era otra niña, la hermana de Lily, como Severus supuso. Él sabía que ella no tenía poderes mágicos, por eso no estaba en Hogwarts.
-Petunia, ven que te presento a esta gente. - Dijo amablemente la señora Evans.
La chica se acercó despacio al lado de su madre, como cohibida y esperó a que hicieran las presentaciones.
-Mira, ven Petunia, - la instó Lily mientras la cogía de la mano - Esta es la señora Snape, la mamá de Severus, mi mejor amigos de todo mi colegio.
-¿Cómo? - Bufó Petunia. - De tu colegio de raritos querrás decir.
-¡PETUNIA! - Gritó el señor Evans - ¡Sube inmediatamente a tu cuarto y no salgas, y ya iré yo a hablar contigo cuando se vayan las visitas!
Petunia salió corriendo de la sala, llorando de rabia y gritando cosas ininteligibles.
-Disculpadla, - dijo la señora Evans - Lily y ella antes estaban muy unidas y ahora está algo celosa de que desee más volver al colegio que estar con ella.
-No se preocupe señora Evans, - dijo Eileen - es comprensible, creo que a mi me pasaría lo mismo.
-Bueno, - prosiguió la madre de Lily - creo que es el momento de despedirnos hasta que vayamos a verte al tren señorita.
-Si, - dijo Eileen - yo iré llevando a casa el equipaje de Lily mientras se despiden y enseguida vuelvo a por los chicos.
Y así fue, mientras la madre de Severus se desapareció, Lily se estuvo despidiendo de sus padres mientras ellos la daban el dinero para comprar sus libros de texto y el material, ya que habían acordado que la señora Snape les acompañaría al Callejón Diagon a comprar todo lo necesario.
Eileen volvió y tras las últimas despedidas los tres se desaparecieron hacia la residencia Snape.
Mientras Lily estuvo en la casa los tres lo pasaron muy bien, hacían lo mismo que cuando ella no estaba, pero también la llevaban de paseo por un bosque cercano y se iban al pueblo a comprar golosinas muggles que Lily escogía para los tres, ese verano estaba muy feliz para todos, se notaba mucho la ausencia del señor Snape, que seguía desaparecido y sin dar señales de vida - tonto mejor - pensó Severus.
El día que fueron a comprar al Callejón Diagon, Severus estaba algo nervioso por si se encontraba con algún miembro del club y le veían al lado de Lily, de una hija de muggles, de una sangre sucia. Pero pensó que ya se le ocurriría alguna excusa e intentó no pensar en ello.
Realmente se encontraron con muchos de sus compañeros de Hogwarts, incluyendo a James Potter, que se les quedó mirando con la boca abierta mientras Severus lanzaba una carcajada al verlo. Pero de los miembros del club no había ni rastro.
Y así llegó el último día de las vacaciones, los dos se pasaron el día preparando sus baúles y nerviosos por volver a Hogwarts, pero con muchas ganas.
Se despidieron y cada uno fue a dormir a su cuarto pensando en todo lo que les esperaba al día siguiente.
Despedidas
Poco a poco, los días, las semanas, los meses fueron pasando y de repente se hallaron, como quien no quiere la cosa en el expreso de Hogwarts regresando a sus hogares para pasar las vacaciones de verano.
Fue un curso muy ajetreado. Severus tenía que inventar cada poco algunas historias sobre sus amigos Gryffindor para que Lucius Malfoy y los demás miembros poderosos del club no le castigaran por frecuentar esas compañías. No podía dejar de asistir a las reuniones ya que le habían amenazado con hacer que lo expulsaran de la escuela, y él no podía permitir eso.
También se encontraba nervioso ya que otros miembros del club estaban siguiendo al grupo de Potter, y durante el verano estudiarían que hacerles en el curso siguiente. Severus sabía que él iba a estar presente en ese plan y no quería saber nada acerca de ello hasta el momento preciso.
La buena de su madre hizo todo lo posible para que nadie se enterase de que él tenía un padre muggle, aun que como le aseguró, tampoco fue una tarea muy difícil, ya que su padre aún se encontraba de viaje, algo que extrañó mucho a Severus, pero que en realidad tampoco le importaba, es más, le aliviaba, al menos sabía que su madre había pasado un año tranquilo.
A pesar de todo el asunto del club, Severus no se olvidaba ni por un momento de sus amigos Gryffindor, ellos eran todo lo que él tenía dentro del castillo y no estaba dispuesto a dejarles escapar, en especial a esa niña de cabello rojizo que le había tocado el corazón, Lily Evans.
No quería que nadie les lastimara, por eso las historias que le contaba a Lucius Malfoy eran cuentos banales de cualquier niño de su edad que por el momento no le interesara nada más que sus estudios y salir a jugar con sus amigos.
Y así es como Severus Snape, desde bien pequeño aprendió a ser un doble espía, sin que nadie sospechara de él.
Tanto él como sus tres amigos habían pasado con éxito los exámenes del primer curso y podían pasar con toda comodidad a segundo.
Empezó a atardecer mientras estaban en el tren jugando a los naipes explosivos, lo cual les indicó que pronto llegarían a Londres y debían ponerse sus ropas muggles. Se intercambiaron las direcciones para escribirse durante el verano, y nada más parar el tren Frank y Mary se despidieron y salieron rápidamente del compartimento en busca de sus padres, Severus miró a su amigo que se paró delante de una mujer de aspecto serio con un sombrero con un buitre disecado, y se le escapó una sonrisa, pensando en lo ridículo que se vería él con algo así puesto. Olvidándolo dio la vuelta para preguntar a Lily si ya estaba preparada para salir cuando se dio cuenta que la chica se estaba enjugando unas lágrimas.
-¿Qué te pasas Lily? - Preguntó el chico mientras le pasaba las manos sobre los hombros. - ¿Por qué lloras?
-¡Oh, Sev! - Sollozó la muchacha - ¿Acaso no es obvio? Vamos a estar dos meses separados. No voy a poder hablar contigo durante todo ese tiempo, no te voy a tener cerca y no quiero, Sev. Me encariñé mucho contigo y no creo que pueda estar separada de ti tanto tiempo.
¿Qué? ¿Había escuchado bien? ¿Esas palabras habían salido de la boca de la perfecta chica con la cual él fantaseaba? No podía creerlo.
Lily se ruborizó al instante y Severus se quedó mudo, mirándola, secándola las lágrimas con su mano, sintiendo el calor de sus mejillas. Al fin, sacó fuerzas para hablar.
-Bueno Lily, no estés preocupada, puedo preguntarle ahora a mi madre si podrías venir a pasar unas semanas en mi casa durante el verano, no creo que ella ponga ningún reparo, es más, se alegrará de que haya hecho tan buena amiga como tu.
Lily comenzó a sonreír.
-¿De verdad harás eso por mi, Sev?
-Claro no es ninguna molestia, ya que yo a ti también te extrañaría demasiado.
Lily se lanzó a su cuello y le dio un gran abrazo. Severus la siguió y así quedaron un buen rato, hasta que llamaron a la puerta de su compartimento. Era la señora que vendía golosinas dentro del tren.
-Niños, - Dijo amablemente la señora - no querrán volver a Hogwarts ahora que no tendrán a nadie que les cocine, ¿verdad?
-No, claro que no, señora, perdone. - Se disculpó Severus.
Entre los dos sacaron sus baúles y vieron como tres personas corrían a saludarles y a llenarles de besos después de tanto tiempo de separación.
Hicieron las presentaciones formales y así Severus conoció a los padres de Lily, y a la vez ella a su madre Eileen.
Como habían acordado en el tren, el chico preguntó a su madre la posibilidad de que Lily fuera a pasar unas semanas a su casa durante las vacaciones, y tal como Severus había previsto a su madre le pareció una maravillosa idea, con lo que quedó con los señores Evans en que durante la primera semana de agosto la enviaran a su casa para pasar el último mes de vacaciones junto a ellos.
Salieron del andén 9 y ¾ hacia el mundo muggle y se despidieron con la firme promesa de escribirse todos los días hasta que volvieran a reencontrarse, se dieron un largo abrazo mientras que a sus espaldas, sus respectivos padres les miraban con ternura. Lo que ninguno de sus compañeros de colegio había descubierto durante todo un curso, lo averiguaron sus padres en cuestión de minutos, y eso era, ni más ni menos, el amor que estaba surgiendo entre esos dos niños.
Cuando se separaron, ambos tenían lágrimas en los ojos. Eileen tomó a su hijo de la mano y lo llevó a un lugar apartado de la vista de los muggles para poder desaparecerse hasta la residencia Snape.
Fue un curso muy ajetreado. Severus tenía que inventar cada poco algunas historias sobre sus amigos Gryffindor para que Lucius Malfoy y los demás miembros poderosos del club no le castigaran por frecuentar esas compañías. No podía dejar de asistir a las reuniones ya que le habían amenazado con hacer que lo expulsaran de la escuela, y él no podía permitir eso.
También se encontraba nervioso ya que otros miembros del club estaban siguiendo al grupo de Potter, y durante el verano estudiarían que hacerles en el curso siguiente. Severus sabía que él iba a estar presente en ese plan y no quería saber nada acerca de ello hasta el momento preciso.
La buena de su madre hizo todo lo posible para que nadie se enterase de que él tenía un padre muggle, aun que como le aseguró, tampoco fue una tarea muy difícil, ya que su padre aún se encontraba de viaje, algo que extrañó mucho a Severus, pero que en realidad tampoco le importaba, es más, le aliviaba, al menos sabía que su madre había pasado un año tranquilo.
A pesar de todo el asunto del club, Severus no se olvidaba ni por un momento de sus amigos Gryffindor, ellos eran todo lo que él tenía dentro del castillo y no estaba dispuesto a dejarles escapar, en especial a esa niña de cabello rojizo que le había tocado el corazón, Lily Evans.
No quería que nadie les lastimara, por eso las historias que le contaba a Lucius Malfoy eran cuentos banales de cualquier niño de su edad que por el momento no le interesara nada más que sus estudios y salir a jugar con sus amigos.
Y así es como Severus Snape, desde bien pequeño aprendió a ser un doble espía, sin que nadie sospechara de él.
Tanto él como sus tres amigos habían pasado con éxito los exámenes del primer curso y podían pasar con toda comodidad a segundo.
Empezó a atardecer mientras estaban en el tren jugando a los naipes explosivos, lo cual les indicó que pronto llegarían a Londres y debían ponerse sus ropas muggles. Se intercambiaron las direcciones para escribirse durante el verano, y nada más parar el tren Frank y Mary se despidieron y salieron rápidamente del compartimento en busca de sus padres, Severus miró a su amigo que se paró delante de una mujer de aspecto serio con un sombrero con un buitre disecado, y se le escapó una sonrisa, pensando en lo ridículo que se vería él con algo así puesto. Olvidándolo dio la vuelta para preguntar a Lily si ya estaba preparada para salir cuando se dio cuenta que la chica se estaba enjugando unas lágrimas.
-¿Qué te pasas Lily? - Preguntó el chico mientras le pasaba las manos sobre los hombros. - ¿Por qué lloras?
-¡Oh, Sev! - Sollozó la muchacha - ¿Acaso no es obvio? Vamos a estar dos meses separados. No voy a poder hablar contigo durante todo ese tiempo, no te voy a tener cerca y no quiero, Sev. Me encariñé mucho contigo y no creo que pueda estar separada de ti tanto tiempo.
¿Qué? ¿Había escuchado bien? ¿Esas palabras habían salido de la boca de la perfecta chica con la cual él fantaseaba? No podía creerlo.
Lily se ruborizó al instante y Severus se quedó mudo, mirándola, secándola las lágrimas con su mano, sintiendo el calor de sus mejillas. Al fin, sacó fuerzas para hablar.
-Bueno Lily, no estés preocupada, puedo preguntarle ahora a mi madre si podrías venir a pasar unas semanas en mi casa durante el verano, no creo que ella ponga ningún reparo, es más, se alegrará de que haya hecho tan buena amiga como tu.
Lily comenzó a sonreír.
-¿De verdad harás eso por mi, Sev?
-Claro no es ninguna molestia, ya que yo a ti también te extrañaría demasiado.
Lily se lanzó a su cuello y le dio un gran abrazo. Severus la siguió y así quedaron un buen rato, hasta que llamaron a la puerta de su compartimento. Era la señora que vendía golosinas dentro del tren.
-Niños, - Dijo amablemente la señora - no querrán volver a Hogwarts ahora que no tendrán a nadie que les cocine, ¿verdad?
-No, claro que no, señora, perdone. - Se disculpó Severus.
Entre los dos sacaron sus baúles y vieron como tres personas corrían a saludarles y a llenarles de besos después de tanto tiempo de separación.
Hicieron las presentaciones formales y así Severus conoció a los padres de Lily, y a la vez ella a su madre Eileen.
Como habían acordado en el tren, el chico preguntó a su madre la posibilidad de que Lily fuera a pasar unas semanas a su casa durante las vacaciones, y tal como Severus había previsto a su madre le pareció una maravillosa idea, con lo que quedó con los señores Evans en que durante la primera semana de agosto la enviaran a su casa para pasar el último mes de vacaciones junto a ellos.
Salieron del andén 9 y ¾ hacia el mundo muggle y se despidieron con la firme promesa de escribirse todos los días hasta que volvieran a reencontrarse, se dieron un largo abrazo mientras que a sus espaldas, sus respectivos padres les miraban con ternura. Lo que ninguno de sus compañeros de colegio había descubierto durante todo un curso, lo averiguaron sus padres en cuestión de minutos, y eso era, ni más ni menos, el amor que estaba surgiendo entre esos dos niños.
Cuando se separaron, ambos tenían lágrimas en los ojos. Eileen tomó a su hijo de la mano y lo llevó a un lugar apartado de la vista de los muggles para poder desaparecerse hasta la residencia Snape.
El líder (parte 2)
El líder miró despectivamente a los integrantes nuevos del club. Su presencia era, ¿grandiosa quizá? A Severus le recordó irremediablemente a su padre, y empezó a desear no haber ido nunca allí, justo en ese momento Lucius Malfoy habló:
-Querida Bella, - dijo con una voz fría que arrastraba las palabras - pasa lista, no vaya a ser que alguien se haya escabullido.
-Sin problemas Lucius. - Bellatrix se puso de pie y sacó un pergamino de donde empezó a recitar los nombres.
Eran demasiados, quizá más de los que en un primer momento hubiera pensado y no se quedó con prácticamente ningún nombre, su cabeza volaba lejos de allí, evocando recuerdos de su cruel padre mientras escrutaba con la mirada al chico rubio que tenía delante, esa expresión de suficiencia y altanería que tanto odiaba. La verdad es que el chico era atractivo, no lo iba a negar, al menos era un punto a su favor, pero sus fríos ojos grises delataban su maldad.
La chica seguía diciendo nombres y al llegar a uno se paró, soltó una risita tonta y finalmente dijo:
-Rodolphus Lestrange.
El chico la miró sonriendo y ella le guiñó un ojo descaradamente. Igual eran novios, bueno, a mi eso no me importa, yo lo que quiero es salir de aquí y no volver.
Bellatrix pronunció su nombre, levantó tímidamente la mano y sintió esos ojos grises clavarse en él, agachó la cabeza y esperó a que continuara nombrando a los presentes. Cuando terminó volvió a sentarse y Lucius comenzó a hablar.
-Vaya, parece que tenemos alguna falta. - Comentó mientras miraba un anillo de oro que llevaba en su mano derecha - Bueno, ya saben que tendrán un castigo a no ser que me den una buena explicación. En fin, empecemos a hablar.
Como ya os dije en la reunión anterior mi padre, Abraxas Malfoy, me ha contado que no tardando mucho se empezará a alzar una fuerza, una fuerza que ninguno de vosotros os imagináis, el mago más poderoso de todos los tiempos, y no hablo del pazguato del director obviamente, creará un ejército de magos decentes de sangre limpia, para acabar con esa bazofia de muggles de sangre podrida. Espero que a ninguno de vosotros se os ocurra decir nada de esto fuera de aquí porque recibiréis un serio correctivo por mi parte, y no hablo en broma mocosos.
Miró atentamente a todos mientras un escalofrío recorría la sala. Después de esta breve pausa continuó.
-Pero bueno, de momento eso ahora es un tema que no nos alcanza, así que vamos a lo que realmente importa, intentar limpiar el colegio de mugrientos sangre sucia.
Bellatrix Black tocó el brazo de Lucius y le pidió permiso para hablar, él se lo concedió.
-Bueno, - empezó a hablar la muchacha - como todas las semanas en las que tenemos nuevos reclutas los he estado observando, y he descubierto que un pequeño mocoso aquí presente mantiene una buena relación con unos gryffindors de dudosa ascendencia mágica.
Severus no sabía hacia donde mirar, ese era él, de eso estaba seguro, ningún Slytherin más mantenía relación con los Gryffindors.
-¿Cómo? - Preguntó Lucius con cara asombrada.
-Si, Lucius, si. - Contestó Bellatrix con una sonrisa despectiva - Quizá el pequeño Severus Snape nos deba una explicación, ¿no?
Todos volvieron la cara hacia Severus que estaba rojo como un tomate.
-¿Y bien? - Inquirió el rubio.
La mente de Severus empezó a maquinar como solo aquellas veces había maquinado para librarse de uno de los crueles castigos de su padre, algo le decía que el castigo de ese chico podría ser aún peor.
-Ehh… Bueno… - Empezó Severus a hablar sin saber muy bien lo que iba a decir, hasta que se le ocurrió una idea - Pues yo lo hago para observarles de cerca y saber todo lo que hacen y después poderlo contar aquí.
-Vaya, eso está muy bien, pensando de esa manera llegarás muy lejos en este club mocoso.
Se había librado por los pelos, al menos eso pensaba él. Sonrió y empezó a mirar sus zapatos.
-Bueno, - Prosiguió Lucius - lo que más nos conviene es observar minuciosamente ese pequeño grupo de inútiles de Potter, Black, Lupin y Pettigrew. Pero eso ya lo hablaremos, se nos ha ido el tiempo de las manos. Podéis retiraros. Por cierto Snape, espero tus informes con impaciencia, no puedes perderte ninguna sesión del club a no ser que quieras que consigamos que te expulsen de Howgarts, ¿entendido? Y haremos investigaciones para cotejar esa historia que contaste sobre tu padre español.
-Si. - Dijo Severus maldiciendo su mala suerte.
Salió rápidamente del aula y se dirigió hacia la lechucería para escribir una carta a su madre, al menos que no se enterasen de que él no es un sangre limpia completamente, de lo demás ya se encargaría al día siguiente.
-Querida Bella, - dijo con una voz fría que arrastraba las palabras - pasa lista, no vaya a ser que alguien se haya escabullido.
-Sin problemas Lucius. - Bellatrix se puso de pie y sacó un pergamino de donde empezó a recitar los nombres.
Eran demasiados, quizá más de los que en un primer momento hubiera pensado y no se quedó con prácticamente ningún nombre, su cabeza volaba lejos de allí, evocando recuerdos de su cruel padre mientras escrutaba con la mirada al chico rubio que tenía delante, esa expresión de suficiencia y altanería que tanto odiaba. La verdad es que el chico era atractivo, no lo iba a negar, al menos era un punto a su favor, pero sus fríos ojos grises delataban su maldad.
La chica seguía diciendo nombres y al llegar a uno se paró, soltó una risita tonta y finalmente dijo:
-Rodolphus Lestrange.
El chico la miró sonriendo y ella le guiñó un ojo descaradamente. Igual eran novios, bueno, a mi eso no me importa, yo lo que quiero es salir de aquí y no volver.
Bellatrix pronunció su nombre, levantó tímidamente la mano y sintió esos ojos grises clavarse en él, agachó la cabeza y esperó a que continuara nombrando a los presentes. Cuando terminó volvió a sentarse y Lucius comenzó a hablar.
-Vaya, parece que tenemos alguna falta. - Comentó mientras miraba un anillo de oro que llevaba en su mano derecha - Bueno, ya saben que tendrán un castigo a no ser que me den una buena explicación. En fin, empecemos a hablar.
Como ya os dije en la reunión anterior mi padre, Abraxas Malfoy, me ha contado que no tardando mucho se empezará a alzar una fuerza, una fuerza que ninguno de vosotros os imagináis, el mago más poderoso de todos los tiempos, y no hablo del pazguato del director obviamente, creará un ejército de magos decentes de sangre limpia, para acabar con esa bazofia de muggles de sangre podrida. Espero que a ninguno de vosotros se os ocurra decir nada de esto fuera de aquí porque recibiréis un serio correctivo por mi parte, y no hablo en broma mocosos.
Miró atentamente a todos mientras un escalofrío recorría la sala. Después de esta breve pausa continuó.
-Pero bueno, de momento eso ahora es un tema que no nos alcanza, así que vamos a lo que realmente importa, intentar limpiar el colegio de mugrientos sangre sucia.
Bellatrix Black tocó el brazo de Lucius y le pidió permiso para hablar, él se lo concedió.
-Bueno, - empezó a hablar la muchacha - como todas las semanas en las que tenemos nuevos reclutas los he estado observando, y he descubierto que un pequeño mocoso aquí presente mantiene una buena relación con unos gryffindors de dudosa ascendencia mágica.
Severus no sabía hacia donde mirar, ese era él, de eso estaba seguro, ningún Slytherin más mantenía relación con los Gryffindors.
-¿Cómo? - Preguntó Lucius con cara asombrada.
-Si, Lucius, si. - Contestó Bellatrix con una sonrisa despectiva - Quizá el pequeño Severus Snape nos deba una explicación, ¿no?
Todos volvieron la cara hacia Severus que estaba rojo como un tomate.
-¿Y bien? - Inquirió el rubio.
La mente de Severus empezó a maquinar como solo aquellas veces había maquinado para librarse de uno de los crueles castigos de su padre, algo le decía que el castigo de ese chico podría ser aún peor.
-Ehh… Bueno… - Empezó Severus a hablar sin saber muy bien lo que iba a decir, hasta que se le ocurrió una idea - Pues yo lo hago para observarles de cerca y saber todo lo que hacen y después poderlo contar aquí.
-Vaya, eso está muy bien, pensando de esa manera llegarás muy lejos en este club mocoso.
Se había librado por los pelos, al menos eso pensaba él. Sonrió y empezó a mirar sus zapatos.
-Bueno, - Prosiguió Lucius - lo que más nos conviene es observar minuciosamente ese pequeño grupo de inútiles de Potter, Black, Lupin y Pettigrew. Pero eso ya lo hablaremos, se nos ha ido el tiempo de las manos. Podéis retiraros. Por cierto Snape, espero tus informes con impaciencia, no puedes perderte ninguna sesión del club a no ser que quieras que consigamos que te expulsen de Howgarts, ¿entendido? Y haremos investigaciones para cotejar esa historia que contaste sobre tu padre español.
-Si. - Dijo Severus maldiciendo su mala suerte.
Salió rápidamente del aula y se dirigió hacia la lechucería para escribir una carta a su madre, al menos que no se enterasen de que él no es un sangre limpia completamente, de lo demás ya se encargaría al día siguiente.
jueves, 12 de marzo de 2009
CAPÍTULO 4 (Parte 1): EL LÍDER
El día siguiente amaneció lluvioso y muy oscuro. Severus se levantó de la cama y fue al aseo a ducharse y cambiarse. Había ideado algo para contar a sus amigos de Gryffindor sobre el club, esperaba que eso sirviese.
Bajó a desayunar y tomó algo rápido en la mesa de Slytherin, mirando de reojo a Bellatrix Black, esa chica tenía los humos muy subidos, pero no sería él quien se los bajara, no quería problemas.
Se levantó de la mesa y buscó por el Gran Comedor a Lily, pero no había rastro de ella, sin embargo si que vio a Frank y fue corriendo a saludarle.
-¡Ah! ¿Qué hay Severus? – Saludó Frank - ¿Qué tal fue tu cita en el club?
-La verdad es que bastante bien, me aceptaron. – Respondió Severus.
-Vaya, eso es fantástico, me alegro mucho por ti, ¿y de qué trata?
Esa es exactamente la pregunta que Severus no quería escuchar, pero no le quedaba otra cosa más que responderla.
-Bueno… - Empezó a decir mientras se rascaba la cabeza – Es algo así como un club de amigos… Para compartir experiencias del colegio y de fuera de este.
-Pues tiene muy buena pinta Sev, espero que te lo pasases bien.
-Por cierto Frank, ayer os busqué en todos lados y no os encontré.
-Si, estuvimos viendo las pruebas de selección de quidditch de Gryffindor, estuvo genial, estoy deseando que llegue el segundo curso para presentarme. No te dijimos que íbamos a estar allí porque Lily dijo que entonces tú perderías confianza al estar solo.
-Bueno, no tiene importancia.
Siguieron hablando animadamente sobre sus respectivas clases de esa semana y fueron a comer los dos juntos, entonces Severus recordó que tenía un castigo pendiente con la profesora McGonagall… Y con Lily, que según le dijo Frank se encontraba haciendo sus deberes con Mary en su sala común.
Severus se dirigió hacia el despacho de la profesora, donde esperaba Lily en la puerta. Ella le preguntó sobre todo lo del club y él la contó la misma historia que le había soltado a Frank, ella también pareció creérselo.
Su castigo consistió en ayudar a Minerva McGonagall a ordenar los ficheros de los alumnos.
Severus iba mirando los nombres según iba ordenando las fichas, reconoció a algunos de sus compañeros de Slytherin y en algunas de ellas había una extraña marca que no reconoció, aunque no le dio mucha importancia… Hasta que vio esa misma marca en la ficha de Bellatrix Black, entonces pensó que quizá se tratara de algo del club, por lo que empezó a leerla, pero la profesora le reprendió y le dijo que no estaba allí para enterarse de los cotilleos de sus compañeros.
Terminaron a la hora de la cena, fueron los dos juntos a cenar y se despidieron rápido, ya que ambos debían terminar algunos deberes.
Pasaron los días y Severus recibió la citación para su primera reunión con el club, era en un lugar totalmente diferente al de la entrevista, - bueno – supuso Severus – seguramente hagan las entrevistas en un lugar y las reuniones en otro -. No le dio importancia.
El día de la reunión se encaminó hacia el lugar citado y encontró un pequeño grupito entrando a un aula, fue detrás de ellos y vio una habitación que bien podría haber sido el salón de una casa. Había varios asientos en medio círculo y en el medio un gran sillón de cuero negro dado la vuelta y a su lado uno un poco más pequeño donde se encontraba sentada Bellatrix.
Todos los demás se sentaron alrededor de Bellatrix y el gran sofá, cuando estuvieron todos, la chica empezó a hablar:
-Bueno, bienvenidos una vez más, o por primera vez, a la reunión del CLUB de la verdadera sangre. Permaneced callados y dad un gran aplauso a nuestro líder.
La muchacha dio la vuelta al sillón y todos pudieron ver a un chico, de unos 15 años, que reconocieron como uno de los prefectos. Sentado, con media sonrisa, alagado increíblemente por los aplausos. Vestía una túnica de gala en tonos verdosos oscuros que resaltaban la palidez de su piel, pero que le daba un aire altivo y elegante. Tenía los ojos grises, de mirada profunda, prepotente, cabello muy fino y muy rubio, largo y liso, él era Lucius Malfoy.
Bajó a desayunar y tomó algo rápido en la mesa de Slytherin, mirando de reojo a Bellatrix Black, esa chica tenía los humos muy subidos, pero no sería él quien se los bajara, no quería problemas.
Se levantó de la mesa y buscó por el Gran Comedor a Lily, pero no había rastro de ella, sin embargo si que vio a Frank y fue corriendo a saludarle.
-¡Ah! ¿Qué hay Severus? – Saludó Frank - ¿Qué tal fue tu cita en el club?
-La verdad es que bastante bien, me aceptaron. – Respondió Severus.
-Vaya, eso es fantástico, me alegro mucho por ti, ¿y de qué trata?
Esa es exactamente la pregunta que Severus no quería escuchar, pero no le quedaba otra cosa más que responderla.
-Bueno… - Empezó a decir mientras se rascaba la cabeza – Es algo así como un club de amigos… Para compartir experiencias del colegio y de fuera de este.
-Pues tiene muy buena pinta Sev, espero que te lo pasases bien.
-Por cierto Frank, ayer os busqué en todos lados y no os encontré.
-Si, estuvimos viendo las pruebas de selección de quidditch de Gryffindor, estuvo genial, estoy deseando que llegue el segundo curso para presentarme. No te dijimos que íbamos a estar allí porque Lily dijo que entonces tú perderías confianza al estar solo.
-Bueno, no tiene importancia.
Siguieron hablando animadamente sobre sus respectivas clases de esa semana y fueron a comer los dos juntos, entonces Severus recordó que tenía un castigo pendiente con la profesora McGonagall… Y con Lily, que según le dijo Frank se encontraba haciendo sus deberes con Mary en su sala común.
Severus se dirigió hacia el despacho de la profesora, donde esperaba Lily en la puerta. Ella le preguntó sobre todo lo del club y él la contó la misma historia que le había soltado a Frank, ella también pareció creérselo.
Su castigo consistió en ayudar a Minerva McGonagall a ordenar los ficheros de los alumnos.
Severus iba mirando los nombres según iba ordenando las fichas, reconoció a algunos de sus compañeros de Slytherin y en algunas de ellas había una extraña marca que no reconoció, aunque no le dio mucha importancia… Hasta que vio esa misma marca en la ficha de Bellatrix Black, entonces pensó que quizá se tratara de algo del club, por lo que empezó a leerla, pero la profesora le reprendió y le dijo que no estaba allí para enterarse de los cotilleos de sus compañeros.
Terminaron a la hora de la cena, fueron los dos juntos a cenar y se despidieron rápido, ya que ambos debían terminar algunos deberes.
Pasaron los días y Severus recibió la citación para su primera reunión con el club, era en un lugar totalmente diferente al de la entrevista, - bueno – supuso Severus – seguramente hagan las entrevistas en un lugar y las reuniones en otro -. No le dio importancia.
El día de la reunión se encaminó hacia el lugar citado y encontró un pequeño grupito entrando a un aula, fue detrás de ellos y vio una habitación que bien podría haber sido el salón de una casa. Había varios asientos en medio círculo y en el medio un gran sillón de cuero negro dado la vuelta y a su lado uno un poco más pequeño donde se encontraba sentada Bellatrix.
Todos los demás se sentaron alrededor de Bellatrix y el gran sofá, cuando estuvieron todos, la chica empezó a hablar:
-Bueno, bienvenidos una vez más, o por primera vez, a la reunión del CLUB de la verdadera sangre. Permaneced callados y dad un gran aplauso a nuestro líder.
La muchacha dio la vuelta al sillón y todos pudieron ver a un chico, de unos 15 años, que reconocieron como uno de los prefectos. Sentado, con media sonrisa, alagado increíblemente por los aplausos. Vestía una túnica de gala en tonos verdosos oscuros que resaltaban la palidez de su piel, pero que le daba un aire altivo y elegante. Tenía los ojos grises, de mirada profunda, prepotente, cabello muy fino y muy rubio, largo y liso, él era Lucius Malfoy.
lunes, 16 de febrero de 2009
CAPÍTULO 3: LA CITA
El sábado Severus se despertó nervioso y contrariado, ¿de verdad iba a ser capaz de enfrentarse a esa entrevista? Sus amigos Lily, Mary y Frank le habían apoyado mucho, pero él no se sentía nada seguro de si mismo, es más, no tenía nada de confianza.
Se levantó y comprobó que sus compañeros ya habían bajado a desayunar, así que se vistió y fue directamente hacia el Gran Comedor a intentar comer algo, aun que dudaba que pudiera conseguirlo.
Cuando terminó de desayunar (tomó un vaso de zumo de calabaza) miró hacia la mesa de Gryffindor, pero sus amigos no estaban allí, así que se dirigió con sus libros hacia la biblioteca a ver si con suerte estaban ahí haciendo sus tareas, pero tampoco, que extraño. Decidió quedarse para hacer sus deberes, ya que no sabía cuanto se demoraría su experiencia de aquella tarde ni que tenía previsto la profesora McGonagall para su castigo con Lily.
Salió de la biblioteca a la hora de comer, ¿cómo le habían puesto tantos deberes y tan difíciles? Aun le quedaban bastantes por hacer, - nunca volveré a dejarlos para el último momento - pensó con responsabilidad.
Al llegar al comedor dirigió una mirada hacia el lugar que solían ocupar sus amigos, pero tampoco estaban ahora. Vaya, ahora que necesitaba ánimos no les encontraba. Pero si que se encontraban allí James y su pandilla, que rápidamente se fijaron en él.
-¡Eh! Snape, ven aquí, tenemos noticias para ti. - Dijo Sirius sonriendo con malicia.
-¿Qué es lo que queréis ahora? - Preguntó Severus mientras se acercaba a ellos.
-Oh, nada importante, sólo una advertencia, - comentó Sirius con sorna - James, amigo, haz los honores.
-Claro que haré los honores. - Dijo James muy confiado - Mira Snape, te seré claro, Evans es una chica Gryffindor que no debe juntarse con un sucio Slytherin como tu, así que ándate con cuidado por que como te vuelva a ver acercarte a ella tendrás problemas, es mía.
-¿Qué pretendes hacerme Potter? - Dijo Severus que no sabía de donde estaba sacando la valentía – Creo que es ella quien debe decidir quien le conviene, y sinceramente, yo no la veo con muchos ánimos de ir contigo en vez de conmigo, ¿verdad?
-Si claro, debe ser que la pobre tiene el olor atrofiado, para querer seguirte con ese olor a mierda de Slytherin que tienes.
En ese momento Peter soltó una carcajada que no venía a cuento y todos le miraron. Él se avergonzó rápidamente.
-Tú cállate sucia rata. – Le espetó Severus – Y tu Potter, que valiente eres al venir a atacarme con todos tus amiguitos detrás, ¿no? Ya veo que no tienes las suficientes agallas para enfrentarte a mí tu solo.
-Claro que las tengo, cuando tú quieras, y te prevengo de que no vuelvas a insultar a ninguno de mis amigos, porque tendrás más problemas aun.
-Oh, que miedo Potter, estoy deseando verlo.
Y sin más se dio la vuelta dejándoles allí plantados mientras un odio hacia ellos que nunca había sentido antes, ni si quiera hacia su padre. ¿Quién se pensaban esos inútiles que eran para meterse entre Lily y él? Sobretodo el odioso Potter con su insidiosa voz, como le gustaría poder devolverles los insultos, haría cualquier cosa.
A las 4 en punto se encontraba en la puerta del aula y llamó, pero al no obtener respuesta se quedó fuera, hasta que llegó Rosier y le dijo que entrase en el aula contigua, ya que iba a llegar la secretaria del club y no quería que la viesen antes de que comenzase la entrevista.
Entró en la habitación de al lado y vio que había allí otros cinco chicos, uno de ellos le dijo que apuntara su nombre en la pizarra, debajo de los suyos, para que no se saltase nadie el turno. Cuando terminó de escribirlo se fue a sentar, y eligió una silla al lado de uno de sus compañeros de habitación, con el que no había hablado nunca, ni si quiera sabía su nombre, ese chico era incluso más silencioso que él, por eso intentó un acercamiento hacia él.
-Hola, me llamo Severus Snape – dijo en amistoso tono de conversación – somos compañeros de cuarto, pero aun no he tenido ocasión de hablar contigo, ¿cómo te llamas?
-Soy Thomas Nott – dijo el chico con un débil susurro – si, la verdad es que no he hablado con mucha gente, me da miedo, soy muy tímido.
-Oh, no te preocupes, a mi me pasa algo parecido.
-Bueno, a ver que tal nos va la entrevista, tú vas justo después que yo.
En ese momento llamaron a Jane Winter y una chica de aspecto nervudo se dirigió hacia la sala contigua.
-¿Tu qué crees que nos preguntarán? – Dijo Severus con nerviosismo.
-Bueno, lo primero está claro, ¿no? Nuestra procedencia y herencia mágica, no creo que dejen entrar a nadie que no sea totalmente sangre limpia.
-¿Cómo? – Eso alarmó a Severus, su padre era un grandísimo muggle.
-Si, ya sabes, todo el rollo de derrocar a los sangre sucia. Yo estoy bastante tranquilo la verdad, mi hermano ya está en el club y cuenta maravillas, dice que se lo pasan muy bien, hacen muchas cosas.
-¿Y cómo pueden saber que son realmente sangre limpia?
-La secretaria debe de estar muy bien relacionada, ya que consigue informes de todos los alumnos.
-Oh, vaya.
-¿Te preocupa algo? Tu eres sangre limpia, ¿verdad? – Y después le dirigió una mirada de asco, como si ponerlo en duda fuera algo malo.
-¿Yo? Esto… Claro, por supuesto, ¿qué iba a ser si no?
Severus siguió en silencio, intentando inventar algún tipo de coartada que no hiciera sospechar que su padre era muggle. - Claro, ya lo tengo, diré que es extranjero y que no es muy conocido por Inglaterra - .
Entre tanto ya habían entrado los otros tres chicos que estaban delante de Thomas y él, cuyos nombres eran Joseph Morris, Sam Arder y Daphne Henson, y quedaron los dos solos, ya que no había acudido nadie más a la cita.
Severus se encontraba incómodo, ya que se estaba apresurando a inventar una historia más o menos creíble, cuando Thomas dijo:
-Vaya, que callado te has quedado, ¿qué piensas?
-No, nada, - se apresuró a responder Severus – sólo que como dijiste que no te gusta hablar con la gente…
-Ah, no te preocupes. Yo estaba pensando en todo esa chusma de Gryffindor, que asco les tengo, me gustaría que los expulsarán a todos de Howgarts, ¿a ti no? Creo que en este club podremos hacer algo por fin.
-Bueno…
-¡Thomas Nott! – Se oyó desde la sala de al lado.
-Vaya, es mi turno, suerte para cuando te toque.
-Si, igualmente.
Severus se sumió de lleno en nuevos pensamientos en cuanto se quedó solo. ¿Qué era eso de la chusma de Gryffindor? Allí es donde estaban sus amigos. Pero claro, por otra parte, también estaban Potter y sus amigos. ¿Qué pasaría si en el club querían hacer algo en contra de ellos? Por esos estúpidos no le importaba, pero ¿y si le pasaba algo a Frank? ¿O a Mary? Y sobretodo y ante todo ¿A Lily? No, eso no lo debía permitir, él no podía estar en medio de algo así, debía irse de allí inmediatamente y decir que no se encontraba bien o algo por el estilo, porque tampoco deseaba tener problemas con los de Slytherin.
Cuando se estaba levantando se abrió la puerta de la sala contigua y Rosier le indicó que pasara ya.
Vaya, le habían pillado, no tuvo más remedio que pasar y presentarse delante de la secretaria.
Oyó el final de la conversación
-Si, Nott, sé que Black y su amigo Potter intentan dar problemas a Slytherin, y te digo que conozco bien a Black, un maldito estúpido, pero creeme que tendrán su merecido. – Dijo una chica de pelo oscuro y muy rizado que estaba detrás de una mesa.
-¿Sirius Black y James Potter? –La preguntó Severus.
-¿Quién te mandó hablar niño? – Le espetó la chica – Que pocos modales, anda siéntate y cállate si no quieres irte ya.
Severus la obedeció y tomó una decisión, se quedaría en el club, no deseaba otra cosa que poderse vengar de esos chicos.
-A ver niño – dijo la muchacha – Eres Severus Snape, ¿verdad?
-Si.
-¿Me puedes decir tu estatus sanguíneo?
-Oh, yo soy sangre pura.
-¿Nombre de tus padres?
-Mi madre se llama Eileen Prince…
-Si, claro, pero me imagino que estará casada, ¿no? ¿Si no de donde viene eso de Snape? ¡Por qué en mi lista de sangres limpias ingleses no figura ningún Snape!
-Eh… Si claro, mi padre es Snape, pero es que el no es inglés, es español.
-¿Crees que tienes un apellido español?
-Ah… Bueno… Es que mi padre tiene descendencia inglesa, pero mis antepasados emigraron a España. El apellido aún se conserva.
-Pues serán unos antepasados muy antiguos, porque mi lista se remonta al año 1900.
-Oh, si, fue mucho antes.
-Entonces está bien. Dime su nombre.
-Es Iván Snape.
-Bueno… Veamos, tu madre tiene un herbolario en el callejón Diagon, ¿cierto?
-Si.
-¿Y tu padre dónde trabaja?
-Oh, el trabaja en casa… Si, busca plantas mágicas desconocidas y descubre sus propiedades ocultas.
-Vaya, así que el señor Iván Snape es todo un inventor, que nivel chaval, jajaja. Bueno, cotejaremos estas informaciones y espero que no nos estés mintiendo, porque puede ser malo para ti.
-No, todo cuanto he dicho es cierto.
-Así me gusta… ¿Y por qué preguntaste por Black y Potter?
-Ah si, me caen fatal, me gustaría darles su merecido.
-Jajaja, eso está muy bien dicho Snape. Creo que podrás entrar al club sin problemas pensando así.
-Genial.
-Si, pero la reunión de hoy ha quedado suspendida, el jefe del club se encuentra indispuesto, hasta la semana que viene no habrá nada. Así que en los próximos días recibirás una citación indicándote a donde te debes dirigir y a que hora, ¡pero no llegues tarde!
-No, no, tranquila.
-Bueno, está bien Snape. Por cierto, mi nombre es Bellatrix Black.
-¿Black?
-No es de tu incumbencia cual es mi familia, pero ya se dice que en todas hay una oveja negra, ¿no?
-Si, si…
-Pues márchate y no me recuerdes nunca más el zopenco que tengo por primo.
-Claro, no te preocupes Bellatrix.
-Ale, pues adiós.
Severus salió por la puerta y decidió irse directamente a la sala común sin buscar a sus amigos, lo más aconsejable era que se inventara otra historia para encubrir los deseos del club por hacérselo pasar mal a los Gryffindors antes de encontrarse con ellos.
Se levantó y comprobó que sus compañeros ya habían bajado a desayunar, así que se vistió y fue directamente hacia el Gran Comedor a intentar comer algo, aun que dudaba que pudiera conseguirlo.
Cuando terminó de desayunar (tomó un vaso de zumo de calabaza) miró hacia la mesa de Gryffindor, pero sus amigos no estaban allí, así que se dirigió con sus libros hacia la biblioteca a ver si con suerte estaban ahí haciendo sus tareas, pero tampoco, que extraño. Decidió quedarse para hacer sus deberes, ya que no sabía cuanto se demoraría su experiencia de aquella tarde ni que tenía previsto la profesora McGonagall para su castigo con Lily.
Salió de la biblioteca a la hora de comer, ¿cómo le habían puesto tantos deberes y tan difíciles? Aun le quedaban bastantes por hacer, - nunca volveré a dejarlos para el último momento - pensó con responsabilidad.
Al llegar al comedor dirigió una mirada hacia el lugar que solían ocupar sus amigos, pero tampoco estaban ahora. Vaya, ahora que necesitaba ánimos no les encontraba. Pero si que se encontraban allí James y su pandilla, que rápidamente se fijaron en él.
-¡Eh! Snape, ven aquí, tenemos noticias para ti. - Dijo Sirius sonriendo con malicia.
-¿Qué es lo que queréis ahora? - Preguntó Severus mientras se acercaba a ellos.
-Oh, nada importante, sólo una advertencia, - comentó Sirius con sorna - James, amigo, haz los honores.
-Claro que haré los honores. - Dijo James muy confiado - Mira Snape, te seré claro, Evans es una chica Gryffindor que no debe juntarse con un sucio Slytherin como tu, así que ándate con cuidado por que como te vuelva a ver acercarte a ella tendrás problemas, es mía.
-¿Qué pretendes hacerme Potter? - Dijo Severus que no sabía de donde estaba sacando la valentía – Creo que es ella quien debe decidir quien le conviene, y sinceramente, yo no la veo con muchos ánimos de ir contigo en vez de conmigo, ¿verdad?
-Si claro, debe ser que la pobre tiene el olor atrofiado, para querer seguirte con ese olor a mierda de Slytherin que tienes.
En ese momento Peter soltó una carcajada que no venía a cuento y todos le miraron. Él se avergonzó rápidamente.
-Tú cállate sucia rata. – Le espetó Severus – Y tu Potter, que valiente eres al venir a atacarme con todos tus amiguitos detrás, ¿no? Ya veo que no tienes las suficientes agallas para enfrentarte a mí tu solo.
-Claro que las tengo, cuando tú quieras, y te prevengo de que no vuelvas a insultar a ninguno de mis amigos, porque tendrás más problemas aun.
-Oh, que miedo Potter, estoy deseando verlo.
Y sin más se dio la vuelta dejándoles allí plantados mientras un odio hacia ellos que nunca había sentido antes, ni si quiera hacia su padre. ¿Quién se pensaban esos inútiles que eran para meterse entre Lily y él? Sobretodo el odioso Potter con su insidiosa voz, como le gustaría poder devolverles los insultos, haría cualquier cosa.
A las 4 en punto se encontraba en la puerta del aula y llamó, pero al no obtener respuesta se quedó fuera, hasta que llegó Rosier y le dijo que entrase en el aula contigua, ya que iba a llegar la secretaria del club y no quería que la viesen antes de que comenzase la entrevista.
Entró en la habitación de al lado y vio que había allí otros cinco chicos, uno de ellos le dijo que apuntara su nombre en la pizarra, debajo de los suyos, para que no se saltase nadie el turno. Cuando terminó de escribirlo se fue a sentar, y eligió una silla al lado de uno de sus compañeros de habitación, con el que no había hablado nunca, ni si quiera sabía su nombre, ese chico era incluso más silencioso que él, por eso intentó un acercamiento hacia él.
-Hola, me llamo Severus Snape – dijo en amistoso tono de conversación – somos compañeros de cuarto, pero aun no he tenido ocasión de hablar contigo, ¿cómo te llamas?
-Soy Thomas Nott – dijo el chico con un débil susurro – si, la verdad es que no he hablado con mucha gente, me da miedo, soy muy tímido.
-Oh, no te preocupes, a mi me pasa algo parecido.
-Bueno, a ver que tal nos va la entrevista, tú vas justo después que yo.
En ese momento llamaron a Jane Winter y una chica de aspecto nervudo se dirigió hacia la sala contigua.
-¿Tu qué crees que nos preguntarán? – Dijo Severus con nerviosismo.
-Bueno, lo primero está claro, ¿no? Nuestra procedencia y herencia mágica, no creo que dejen entrar a nadie que no sea totalmente sangre limpia.
-¿Cómo? – Eso alarmó a Severus, su padre era un grandísimo muggle.
-Si, ya sabes, todo el rollo de derrocar a los sangre sucia. Yo estoy bastante tranquilo la verdad, mi hermano ya está en el club y cuenta maravillas, dice que se lo pasan muy bien, hacen muchas cosas.
-¿Y cómo pueden saber que son realmente sangre limpia?
-La secretaria debe de estar muy bien relacionada, ya que consigue informes de todos los alumnos.
-Oh, vaya.
-¿Te preocupa algo? Tu eres sangre limpia, ¿verdad? – Y después le dirigió una mirada de asco, como si ponerlo en duda fuera algo malo.
-¿Yo? Esto… Claro, por supuesto, ¿qué iba a ser si no?
Severus siguió en silencio, intentando inventar algún tipo de coartada que no hiciera sospechar que su padre era muggle. - Claro, ya lo tengo, diré que es extranjero y que no es muy conocido por Inglaterra - .
Entre tanto ya habían entrado los otros tres chicos que estaban delante de Thomas y él, cuyos nombres eran Joseph Morris, Sam Arder y Daphne Henson, y quedaron los dos solos, ya que no había acudido nadie más a la cita.
Severus se encontraba incómodo, ya que se estaba apresurando a inventar una historia más o menos creíble, cuando Thomas dijo:
-Vaya, que callado te has quedado, ¿qué piensas?
-No, nada, - se apresuró a responder Severus – sólo que como dijiste que no te gusta hablar con la gente…
-Ah, no te preocupes. Yo estaba pensando en todo esa chusma de Gryffindor, que asco les tengo, me gustaría que los expulsarán a todos de Howgarts, ¿a ti no? Creo que en este club podremos hacer algo por fin.
-Bueno…
-¡Thomas Nott! – Se oyó desde la sala de al lado.
-Vaya, es mi turno, suerte para cuando te toque.
-Si, igualmente.
Severus se sumió de lleno en nuevos pensamientos en cuanto se quedó solo. ¿Qué era eso de la chusma de Gryffindor? Allí es donde estaban sus amigos. Pero claro, por otra parte, también estaban Potter y sus amigos. ¿Qué pasaría si en el club querían hacer algo en contra de ellos? Por esos estúpidos no le importaba, pero ¿y si le pasaba algo a Frank? ¿O a Mary? Y sobretodo y ante todo ¿A Lily? No, eso no lo debía permitir, él no podía estar en medio de algo así, debía irse de allí inmediatamente y decir que no se encontraba bien o algo por el estilo, porque tampoco deseaba tener problemas con los de Slytherin.
Cuando se estaba levantando se abrió la puerta de la sala contigua y Rosier le indicó que pasara ya.
Vaya, le habían pillado, no tuvo más remedio que pasar y presentarse delante de la secretaria.
Oyó el final de la conversación
-Si, Nott, sé que Black y su amigo Potter intentan dar problemas a Slytherin, y te digo que conozco bien a Black, un maldito estúpido, pero creeme que tendrán su merecido. – Dijo una chica de pelo oscuro y muy rizado que estaba detrás de una mesa.
-¿Sirius Black y James Potter? –La preguntó Severus.
-¿Quién te mandó hablar niño? – Le espetó la chica – Que pocos modales, anda siéntate y cállate si no quieres irte ya.
Severus la obedeció y tomó una decisión, se quedaría en el club, no deseaba otra cosa que poderse vengar de esos chicos.
-A ver niño – dijo la muchacha – Eres Severus Snape, ¿verdad?
-Si.
-¿Me puedes decir tu estatus sanguíneo?
-Oh, yo soy sangre pura.
-¿Nombre de tus padres?
-Mi madre se llama Eileen Prince…
-Si, claro, pero me imagino que estará casada, ¿no? ¿Si no de donde viene eso de Snape? ¡Por qué en mi lista de sangres limpias ingleses no figura ningún Snape!
-Eh… Si claro, mi padre es Snape, pero es que el no es inglés, es español.
-¿Crees que tienes un apellido español?
-Ah… Bueno… Es que mi padre tiene descendencia inglesa, pero mis antepasados emigraron a España. El apellido aún se conserva.
-Pues serán unos antepasados muy antiguos, porque mi lista se remonta al año 1900.
-Oh, si, fue mucho antes.
-Entonces está bien. Dime su nombre.
-Es Iván Snape.
-Bueno… Veamos, tu madre tiene un herbolario en el callejón Diagon, ¿cierto?
-Si.
-¿Y tu padre dónde trabaja?
-Oh, el trabaja en casa… Si, busca plantas mágicas desconocidas y descubre sus propiedades ocultas.
-Vaya, así que el señor Iván Snape es todo un inventor, que nivel chaval, jajaja. Bueno, cotejaremos estas informaciones y espero que no nos estés mintiendo, porque puede ser malo para ti.
-No, todo cuanto he dicho es cierto.
-Así me gusta… ¿Y por qué preguntaste por Black y Potter?
-Ah si, me caen fatal, me gustaría darles su merecido.
-Jajaja, eso está muy bien dicho Snape. Creo que podrás entrar al club sin problemas pensando así.
-Genial.
-Si, pero la reunión de hoy ha quedado suspendida, el jefe del club se encuentra indispuesto, hasta la semana que viene no habrá nada. Así que en los próximos días recibirás una citación indicándote a donde te debes dirigir y a que hora, ¡pero no llegues tarde!
-No, no, tranquila.
-Bueno, está bien Snape. Por cierto, mi nombre es Bellatrix Black.
-¿Black?
-No es de tu incumbencia cual es mi familia, pero ya se dice que en todas hay una oveja negra, ¿no?
-Si, si…
-Pues márchate y no me recuerdes nunca más el zopenco que tengo por primo.
-Claro, no te preocupes Bellatrix.
-Ale, pues adiós.
Severus salió por la puerta y decidió irse directamente a la sala común sin buscar a sus amigos, lo más aconsejable era que se inventara otra historia para encubrir los deseos del club por hacérselo pasar mal a los Gryffindors antes de encontrarse con ellos.
martes, 20 de enero de 2009
CAPÍTULO 2: EL CLUB
Pasados unos días, Severus no consiguió amigos en Slytherin, aunque bien es cierto que mantenía una buena relación con sus compañeros de habitación, no se podía denominar amistad. Así que cuando tenía tiempo iba con sus amigos de Gryffindor, Lily, Frank y Mary, incluso iban a clase de pociones y transformaciones juntos. Él siempre intentaba sentarse junto a Lily, aunque sus compañeros Slytherin le miraban un poco raro.
Un día, estando en la sala común, pensando como podría por fin conseguir amigos, vio como un chico pegaba un cartel en el tablón de anuncios, y se acercó a leerlo. El cartel decía así:
“COMPAÑERO SLYTHERIN, TU QUE HAS SIDO ELEGIDO PARA FORMAR PARTE DE LA CASA DE LA SERPIENTE, ¿ESTARÍAS DISPUESTO A FORMAR PARTE DEL CLUB DE LA VERDADERA SANGRE? REUNIONES SEMANALES.
CONTACTAR CON EVAN ROSIER PARA CONCERTAR TU PRIMERA CITA.”
¿Un club? Quizá esa fuera la solución a sus problemas para relacionarse con sus compañeros, así que decidió buscar a Rosier para inscribirse.
Le encontró hablando animadamente con una muchacha de pelo castaño y ojos negros llamada Amanda Dawes.
-¿Evan Rosier? – Preguntó Severus un tanto cohibido por la presencia de la chica.
-Si, ¿Qué quieres? – Respondió Rosier con un gesto de fastidio.
“Vaya – pensó Severus – he debido de interrumpir algo.”
-Quería hablar contigo sobre el club.
-Ah, es eso, espera un momento preciosa. – Dijo mirando hacia Amanda mientras ella le respondía con una sonrisa atontada – Acompáñame a mi habitación, eh…
-Severus Snape.
-Si, Snape, acompáñame.
Severus le siguió a través de las escaleras hasta el dormitorio de los chicos de cuarto curso, entraron y Rosier cogió una agenda muy antigua y la leyó con desgana.
-Bueno Snape, las reuniones las hacemos siempre los sábados a las 6 de la tarde, a no ser que haya partidos de quidditch o algo por el estilo. Así que, antes de la reunión, tendrás una cita con la secretaria del club a las 4 de la tarde en el aula antigua de encantamientos, que está en el tercer piso, al lado del cuadro de los magos comiendo en el cementerio, ¿sabes donde está?
-Si, creo haber pasado por allí – dijo Severus haciendo memoria.
-Bien, allí te harán unas preguntas para saber si tienes los requisitos necesarios para formar parte de nuestro club. Ahora vete, estaba intentando conseguir una cita con Dawes.
Severus salió de allí, ¿los requisitos necesarios? No había pensado en ello, no sé por que le daba que no iba a conseguir entrar.
Al día siguiente mientras Severus desayunaba, no dejaba de pensar en el club, en como iba a conseguir entrar, y por supuesto, también pensaba en Lily.
De repente llegó el correo, alzó la vista y descubrió a su lechuza macho, negra como el carbón. La lechuza llegó volando hasta él.
-Gracias Galic – así se llamaba el animal.
Era una carta de su madre, no le contaba gran cosa, sólo le hacía miles de preguntas sobre como había pasado su primera semana en el colegio y que tal le iban las cosas. No hacía ninguna referencia a su padre, cosa que calmó bastante a Severus, debería estar de viaje aun.
Terminó de desayunar e inmediatamente se dirigió hacia la mesa de Gryffindor para contar a Lily lo del club. Se saludaron y se encaminaron hacia la clase de transformaciones. Por el camino la fue contando su preocupación.
-Oh, venga Sev, ¿cómo no te van a dejar entrar? – Dijo Lily con una gran sonrisa – ¡El profesor de pociones siempre dice que tienes un talento natural!
-No, Lily, – respondió él alagado – dice que tanto tu como yo tenemos un talento especial.
-Si, pero yo de momento no pretendo entrar a ningún club, así que ahora el del talento especial eres sólo tú, jajaja.
Severus la sonrió.
La profesora McGonagall, que era quien impartía la clase de transformaciones entró al aula y todos los alumnos la siguieron. Severus y Lily se sentaron juntos, como era costumbre y continuaron hablando. No se enteraron de nada de la clase hasta que oyeron un grito proveniente de la parte delantera del aula.
-¡Evans! ¡Snape! ¡Veo que no les interesa mi clase! 5 puntos menos para Slytherin y Gryffindor. Y los dos estáis castigados, os quiero ver en mi despacho el sábado a las 4 de la tarde.
Oh no, ¿el sábado a las 4? Eso no le permitiría ir a la cita del club. Lily le miró con tristeza, pero al instante sonrió. A saber que se la habría pasado por la cabeza…
Al terminar la clase Lily arrastró a Severus hasta la mesa de la profesora McGonagall.
-¿Profesora? – Dijo Lily.
-¿Qué quiere Evans? – Respondió la profesora frunciendo los labios.
-Bueno, me gustaría saber si usted pudiera cambiar de día el castigo de Severus, a mi no me importa pero él…
-Ah no, de ninguna manera señorita Evans, un castigo es un castigo y no lo voy a cambiar por que al señor Snape no le venga bien.
-Pero profesora, por favor, déjeme que la explique algo.
Severus miró a Lily con una mirada extraña, ¿de verdad iba a explicarla todo? ¿iba a hacer eso por él? No sabía que pensar.
-Está bien señorita Evans – dijo McGonagall mirando el reloj – pero rápido, que ustedes dos deben irse ahora a sus clases.
-Si, gracias profesora. Verá, Severus no encuentra aun amigos en Slytherin, y justo el sábado a esa hora tiene una reunión para un club de su casa, es su primera oportunidad de encajar, por favor, profesora.
Minerva McGonagall cambió su geste y miró al nervudo muchacho con cariño. La verdad es que ella conocía la historia de su familia, de todo lo que su cruel padre les hacía pasar y le dio tanta lástima que al final se ablandó.
-Está bien señorita Evans, señor Snape, les cambio su castigo al domingo a la misma hora, pero espero que estén al 100% los dos, ¿entendido?
-Si, profesora McGonagall – dijeron los dos al unísono y salieron corriendo del aula.
-Oh, Lily, ¡no sabes cuanto te debo!
-No te preocupes Sev, es lo que se hace entre amigos, ¿no? Nos ayudamos.
-Muchísimas gracias Lily, nunca me hubiera atrevido.
Miraron sus relojes, se les hacía tarde, Lily debía ir a herbología y Severus a Encantamientos.
-En serio, no es nada – dijo Lily con su hermosa sonrisa – sólo que ahora me debes una, jajaja.
-Eso está hecho.
En ese momento Lily se inclinó hasta él, le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia su próxima clase.
Severus se quedó plantado en el sitio, y pareció que todas sus preocupaciones volaban muy lejos.
Un día, estando en la sala común, pensando como podría por fin conseguir amigos, vio como un chico pegaba un cartel en el tablón de anuncios, y se acercó a leerlo. El cartel decía así:
“COMPAÑERO SLYTHERIN, TU QUE HAS SIDO ELEGIDO PARA FORMAR PARTE DE LA CASA DE LA SERPIENTE, ¿ESTARÍAS DISPUESTO A FORMAR PARTE DEL CLUB DE LA VERDADERA SANGRE? REUNIONES SEMANALES.
CONTACTAR CON EVAN ROSIER PARA CONCERTAR TU PRIMERA CITA.”
¿Un club? Quizá esa fuera la solución a sus problemas para relacionarse con sus compañeros, así que decidió buscar a Rosier para inscribirse.
Le encontró hablando animadamente con una muchacha de pelo castaño y ojos negros llamada Amanda Dawes.
-¿Evan Rosier? – Preguntó Severus un tanto cohibido por la presencia de la chica.
-Si, ¿Qué quieres? – Respondió Rosier con un gesto de fastidio.
“Vaya – pensó Severus – he debido de interrumpir algo.”
-Quería hablar contigo sobre el club.
-Ah, es eso, espera un momento preciosa. – Dijo mirando hacia Amanda mientras ella le respondía con una sonrisa atontada – Acompáñame a mi habitación, eh…
-Severus Snape.
-Si, Snape, acompáñame.
Severus le siguió a través de las escaleras hasta el dormitorio de los chicos de cuarto curso, entraron y Rosier cogió una agenda muy antigua y la leyó con desgana.
-Bueno Snape, las reuniones las hacemos siempre los sábados a las 6 de la tarde, a no ser que haya partidos de quidditch o algo por el estilo. Así que, antes de la reunión, tendrás una cita con la secretaria del club a las 4 de la tarde en el aula antigua de encantamientos, que está en el tercer piso, al lado del cuadro de los magos comiendo en el cementerio, ¿sabes donde está?
-Si, creo haber pasado por allí – dijo Severus haciendo memoria.
-Bien, allí te harán unas preguntas para saber si tienes los requisitos necesarios para formar parte de nuestro club. Ahora vete, estaba intentando conseguir una cita con Dawes.
Severus salió de allí, ¿los requisitos necesarios? No había pensado en ello, no sé por que le daba que no iba a conseguir entrar.
Al día siguiente mientras Severus desayunaba, no dejaba de pensar en el club, en como iba a conseguir entrar, y por supuesto, también pensaba en Lily.
De repente llegó el correo, alzó la vista y descubrió a su lechuza macho, negra como el carbón. La lechuza llegó volando hasta él.
-Gracias Galic – así se llamaba el animal.
Era una carta de su madre, no le contaba gran cosa, sólo le hacía miles de preguntas sobre como había pasado su primera semana en el colegio y que tal le iban las cosas. No hacía ninguna referencia a su padre, cosa que calmó bastante a Severus, debería estar de viaje aun.
Terminó de desayunar e inmediatamente se dirigió hacia la mesa de Gryffindor para contar a Lily lo del club. Se saludaron y se encaminaron hacia la clase de transformaciones. Por el camino la fue contando su preocupación.
-Oh, venga Sev, ¿cómo no te van a dejar entrar? – Dijo Lily con una gran sonrisa – ¡El profesor de pociones siempre dice que tienes un talento natural!
-No, Lily, – respondió él alagado – dice que tanto tu como yo tenemos un talento especial.
-Si, pero yo de momento no pretendo entrar a ningún club, así que ahora el del talento especial eres sólo tú, jajaja.
Severus la sonrió.
La profesora McGonagall, que era quien impartía la clase de transformaciones entró al aula y todos los alumnos la siguieron. Severus y Lily se sentaron juntos, como era costumbre y continuaron hablando. No se enteraron de nada de la clase hasta que oyeron un grito proveniente de la parte delantera del aula.
-¡Evans! ¡Snape! ¡Veo que no les interesa mi clase! 5 puntos menos para Slytherin y Gryffindor. Y los dos estáis castigados, os quiero ver en mi despacho el sábado a las 4 de la tarde.
Oh no, ¿el sábado a las 4? Eso no le permitiría ir a la cita del club. Lily le miró con tristeza, pero al instante sonrió. A saber que se la habría pasado por la cabeza…
Al terminar la clase Lily arrastró a Severus hasta la mesa de la profesora McGonagall.
-¿Profesora? – Dijo Lily.
-¿Qué quiere Evans? – Respondió la profesora frunciendo los labios.
-Bueno, me gustaría saber si usted pudiera cambiar de día el castigo de Severus, a mi no me importa pero él…
-Ah no, de ninguna manera señorita Evans, un castigo es un castigo y no lo voy a cambiar por que al señor Snape no le venga bien.
-Pero profesora, por favor, déjeme que la explique algo.
Severus miró a Lily con una mirada extraña, ¿de verdad iba a explicarla todo? ¿iba a hacer eso por él? No sabía que pensar.
-Está bien señorita Evans – dijo McGonagall mirando el reloj – pero rápido, que ustedes dos deben irse ahora a sus clases.
-Si, gracias profesora. Verá, Severus no encuentra aun amigos en Slytherin, y justo el sábado a esa hora tiene una reunión para un club de su casa, es su primera oportunidad de encajar, por favor, profesora.
Minerva McGonagall cambió su geste y miró al nervudo muchacho con cariño. La verdad es que ella conocía la historia de su familia, de todo lo que su cruel padre les hacía pasar y le dio tanta lástima que al final se ablandó.
-Está bien señorita Evans, señor Snape, les cambio su castigo al domingo a la misma hora, pero espero que estén al 100% los dos, ¿entendido?
-Si, profesora McGonagall – dijeron los dos al unísono y salieron corriendo del aula.
-Oh, Lily, ¡no sabes cuanto te debo!
-No te preocupes Sev, es lo que se hace entre amigos, ¿no? Nos ayudamos.
-Muchísimas gracias Lily, nunca me hubiera atrevido.
Miraron sus relojes, se les hacía tarde, Lily debía ir a herbología y Severus a Encantamientos.
-En serio, no es nada – dijo Lily con su hermosa sonrisa – sólo que ahora me debes una, jajaja.
-Eso está hecho.
En ese momento Lily se inclinó hasta él, le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia su próxima clase.
Severus se quedó plantado en el sitio, y pareció que todas sus preocupaciones volaban muy lejos.
domingo, 18 de enero de 2009
CAPÍTULO 1
El día amaneció cálido y sofocante, aún teniendo en cuenta la lluvia que corría fuera de la ventana.
El muchacho de pelo negro y ojos oscuros se desperezó rápidamente al recordar de pronto que día era aquel, un día con el que llegaba soñando durante todo el verano, desde el día en que aquella lechuza de plumaje castaño depositó la carta en sus manos.
Había sido admitido en el colegio Howgarts de Magia y Hechicería, desde que descubrió que podía hacer cosas impensables al igual que su madre, no había pensado en otra cosa. Lo malo era todo lo que su padre pensaba sobre la magia. Era un hombre malvado, de mal carácter, que había amargado durante años a su madre por su condición de bruja, y después a él, al enterarse de que era como ella.
Se levantó corriendo, se vistió con su ropa muggle y bajó alegremente las escaleras para ir a la cocina a desayunar. No había nadie dentro de la casa, así que tomó algo rápido, ya que con los nervios no podía comer demasiado y salió al jardín a buscar a su madre. Y allí la encontró. Era una mujer alta, que debía haber sido hermosa en otra época, alta, de figura esbelta, con un pelo negro, largo, rizado y sedoso y ojos claros. Los estragos de los años de penurias junto a su marido, habían pasado factura en ella, tenía unas ojeras amoratadas muy acentuadas, muchas arruguitas en la comisura de los labios y alrededor de los ojos y no era extraño descubrirla moratones por las palizas que su marido la infligía. Se dio la vuelta al oír pasos a sus espaldas, sobresaltada, parecía muy asustada.
-Ah, ¡eres tú! Hola Sev, cariño, ¿qué tal has dormido? – Dijo ella.
-Muy bien Mami, pero ya estoy nervioso, ¿nos vamos ya? – La respondió Severus.
-Espera hijo, tienes que desayunar y tenemos que meter tu baúl en el coche.
-Oh, Mami, no te preocupes, ya tomé algo para desayunar, además tu me dijiste que en el tren hay una señora que pasa vendiendo comida, si tengo hambre ya la compraré algo.
-Vale cielo, entonces subamos a por tu baúl y vayamos hacia Londres, no vaya a ser que pierdas el tren.
De camino a la habitación Severus preguntó:
-¿Papá no va a venir ni si quiera a despedirse de mi?
-No, Sev – respondió su madre con un deje de amargura en la voz – Ha emprendido un largo viaje, tardarás mucho en volverle a ver.
-Está bien Mamá.
La verdad es que a Severus no le pareció nada mal, ya que se pasó todo el verano pensando en como se las arreglaría su madre ella sola con su padre en casa.
Después de despedirse de su madre, Severus entró al tren con su baúl a rastras buscando un compartimento libre, le daba miedo hablar con otros niños, ya que los otros muchachos de su pueblo siempre se habían reído de él y le habían pegado.
Después de recorrer vagón por vagón no descubrió ninguno libre, por lo que decidió hacer el viaje en el pasillo, sentado en su baúl.
De pronto, sin que él lo esperara, la puerta del último compartimento se abrió y por ella asomó una niña, la niña más bonita que jamás hubiera soñado encontrar, con unos ojos verdes chispeantes de curiosidad, un pelo rojizo muy liso y lleno de vida.
-¿Qué estás haciendo sentado aquí fuera tu solo? – Dijo la niña con una amplia sonrisa que dejaba al descubierto su perfecta sonrisa.
-Ehm, esto… Bueno pues yo, eh… No encontraba lugar en el tren y…
-¡Cómo que no encontraste lugar! – Le interrumpió con una risotada – En mi compartimento hay sitio de sobra, estoy yo sola.
-Bueno, yo no quería molestar.
-No molestas, no te preocupes, no voy a hacer todo este largo viaje yo sola, sería muy aburrido, además, aun no tengo amigos aquí, es mi primer año.
-Si también el mío. Está bien, entraré.
-¡Genial!
Entre los dos colocaron el baúl en el portaequipajes.
-Bueno, ya está. – Dijo la niña secándose el sudor de la frente – Por cierto, no nos hemos presentado, yo soy Lily Evans.
-Yo Severus Snape. – Y alargó su mano para estrechar la que ella le ofrecía.
Pasaron todo el trayecto hablando sobre lo que esperaban encontrar en Howgarts. Severus le tuvo que explicar muchas cosas a Lily, ya que ella procedía de una familia de muggles y no estaba muy relacionada con el mundo mágico.
Pasó un chico y les dijo que se fueran poniendo las túnicas del colegio, ya que estaban a punto de llegar.
Cuando bajaron del tren un hombre enorme, el más grande que habían visto en su vida les guió hasta unos botes para llevarles a través del gran lago hasta el castillo.
-¡Cuatro en cada bote! – Gritó aquel hombre gigantesco.
Ellos se subieron en uno, en compañía de otros dos muchachos, hicieron las presentaciones, ellos se llamaban Mary McDonald y Frank Longbottom.
Severus se sentía muy feliz, enseguida había conseguido amistades, algo que nunca creyó en su vida.
Por fin llegaron al castillo, subieron las escaleras y una bruja con sombrero puntiagudo les guió hasta una pequeña sala donde les dijo que esperasen.
Había un grupo de cuatro chicos, uno con gafas, otro bastante guapillo, otro que parecía nervioso y uno, que Severus pensó, que al igual que él, acababa de encontrar amigos por primera vez. Dos de ellos no paraban de armar jaleo, parecía que querían hacerse los duros, de repente, uno de ellos se fijó en Severus y Lily.
-Vaya, chica, - Dijo el de las gafas mientras se acercaba a ellos. – no tienes porque estar en compañía de ese pájaro, vente con nosotros, te cuidaremos mejor. – Y la guiñó un ojo.
-No gracias, - Respondió Lily con naturalidad – creo que quienes deberíais cuidaros sois vosotros cuatro de mi, no os diré que sepa hacer magia, pero si que tengo el record de peleas ganadas con los puños en mi antiguo colegio.
Todos los presentes prorrumpieron en carcajadas y el chico de gafas retrocedió hasta su grupo acobardado.
En ese momento llegó la bruja y les mandó callar a todos.
-Bienvenidos a Howgarts, - Dijo la bruja mientas miraba con ceño a unos chicos que seguían cuchicheando. - alumnos de primer año, si tenéis la amabilidad de seguirme entraremos al Gran Comedor, donde tendrá lugar vuestra ceremonia de selección. Allí seréis seleccionados cada uno para una de las cuatro casas, Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw o Slytherin. Yo soy la profesora McGonagall, subdirectora de Howgarts y jefa de la casa Gryffindor. ¡Andando!
Siguieron a la mujer hasta unas puertas de madera muy grandes y pesadas, al ver el interior de la sala todos soltaron una exclamación. Parecía que no hubiera techo y había miles de velas suspendidas en el aire.
Llegaron al fondo de la sala, donde encima de una tarima se encontraba un mago diminuto colocando un taburete y encima de este un sombrero raído y remendado.
La profesora McGonagall cogió un pergamino y fue llamando uno a uno a los alumnos nuevos.
Severus vio como todos sus nuevos amigos eran seleccionados para Gryffindor, y deseó que a él le ocurriera lo mismo.
-¡Snape, Severus!
-¡¡¡SLYTHERIN!!!
No. No podía ser. No era normal que tuviera tan mala suerte. Para una vez que encajaba con un grupo de personas le separaban, y lo peor, era que sabía que no había vuelta atrás, así que rezó para que en Slytherin pudiera encontrar a gente con la que encontrarse a gusto. Además, pensándolo bien, el grupito de 4 chicos – que ya había descubierto que sus nombres eran Sirius Black, James Potter, Peter Pettigrew y Remus Lupin – estaba también en Gryffindor. Pero él sabía que eso sólo era una forma de engañarse a si mismo, ya que estaría dispuesto a cambiar cualquier insulto proveniente de ellos, con tal de tener a Lily cerca durante todo el día.
El muchacho de pelo negro y ojos oscuros se desperezó rápidamente al recordar de pronto que día era aquel, un día con el que llegaba soñando durante todo el verano, desde el día en que aquella lechuza de plumaje castaño depositó la carta en sus manos.
Había sido admitido en el colegio Howgarts de Magia y Hechicería, desde que descubrió que podía hacer cosas impensables al igual que su madre, no había pensado en otra cosa. Lo malo era todo lo que su padre pensaba sobre la magia. Era un hombre malvado, de mal carácter, que había amargado durante años a su madre por su condición de bruja, y después a él, al enterarse de que era como ella.
Se levantó corriendo, se vistió con su ropa muggle y bajó alegremente las escaleras para ir a la cocina a desayunar. No había nadie dentro de la casa, así que tomó algo rápido, ya que con los nervios no podía comer demasiado y salió al jardín a buscar a su madre. Y allí la encontró. Era una mujer alta, que debía haber sido hermosa en otra época, alta, de figura esbelta, con un pelo negro, largo, rizado y sedoso y ojos claros. Los estragos de los años de penurias junto a su marido, habían pasado factura en ella, tenía unas ojeras amoratadas muy acentuadas, muchas arruguitas en la comisura de los labios y alrededor de los ojos y no era extraño descubrirla moratones por las palizas que su marido la infligía. Se dio la vuelta al oír pasos a sus espaldas, sobresaltada, parecía muy asustada.
-Ah, ¡eres tú! Hola Sev, cariño, ¿qué tal has dormido? – Dijo ella.
-Muy bien Mami, pero ya estoy nervioso, ¿nos vamos ya? – La respondió Severus.
-Espera hijo, tienes que desayunar y tenemos que meter tu baúl en el coche.
-Oh, Mami, no te preocupes, ya tomé algo para desayunar, además tu me dijiste que en el tren hay una señora que pasa vendiendo comida, si tengo hambre ya la compraré algo.
-Vale cielo, entonces subamos a por tu baúl y vayamos hacia Londres, no vaya a ser que pierdas el tren.
De camino a la habitación Severus preguntó:
-¿Papá no va a venir ni si quiera a despedirse de mi?
-No, Sev – respondió su madre con un deje de amargura en la voz – Ha emprendido un largo viaje, tardarás mucho en volverle a ver.
-Está bien Mamá.
La verdad es que a Severus no le pareció nada mal, ya que se pasó todo el verano pensando en como se las arreglaría su madre ella sola con su padre en casa.
Después de despedirse de su madre, Severus entró al tren con su baúl a rastras buscando un compartimento libre, le daba miedo hablar con otros niños, ya que los otros muchachos de su pueblo siempre se habían reído de él y le habían pegado.
Después de recorrer vagón por vagón no descubrió ninguno libre, por lo que decidió hacer el viaje en el pasillo, sentado en su baúl.
De pronto, sin que él lo esperara, la puerta del último compartimento se abrió y por ella asomó una niña, la niña más bonita que jamás hubiera soñado encontrar, con unos ojos verdes chispeantes de curiosidad, un pelo rojizo muy liso y lleno de vida.
-¿Qué estás haciendo sentado aquí fuera tu solo? – Dijo la niña con una amplia sonrisa que dejaba al descubierto su perfecta sonrisa.
-Ehm, esto… Bueno pues yo, eh… No encontraba lugar en el tren y…
-¡Cómo que no encontraste lugar! – Le interrumpió con una risotada – En mi compartimento hay sitio de sobra, estoy yo sola.
-Bueno, yo no quería molestar.
-No molestas, no te preocupes, no voy a hacer todo este largo viaje yo sola, sería muy aburrido, además, aun no tengo amigos aquí, es mi primer año.
-Si también el mío. Está bien, entraré.
-¡Genial!
Entre los dos colocaron el baúl en el portaequipajes.
-Bueno, ya está. – Dijo la niña secándose el sudor de la frente – Por cierto, no nos hemos presentado, yo soy Lily Evans.
-Yo Severus Snape. – Y alargó su mano para estrechar la que ella le ofrecía.
Pasaron todo el trayecto hablando sobre lo que esperaban encontrar en Howgarts. Severus le tuvo que explicar muchas cosas a Lily, ya que ella procedía de una familia de muggles y no estaba muy relacionada con el mundo mágico.
Pasó un chico y les dijo que se fueran poniendo las túnicas del colegio, ya que estaban a punto de llegar.
Cuando bajaron del tren un hombre enorme, el más grande que habían visto en su vida les guió hasta unos botes para llevarles a través del gran lago hasta el castillo.
-¡Cuatro en cada bote! – Gritó aquel hombre gigantesco.
Ellos se subieron en uno, en compañía de otros dos muchachos, hicieron las presentaciones, ellos se llamaban Mary McDonald y Frank Longbottom.
Severus se sentía muy feliz, enseguida había conseguido amistades, algo que nunca creyó en su vida.
Por fin llegaron al castillo, subieron las escaleras y una bruja con sombrero puntiagudo les guió hasta una pequeña sala donde les dijo que esperasen.
Había un grupo de cuatro chicos, uno con gafas, otro bastante guapillo, otro que parecía nervioso y uno, que Severus pensó, que al igual que él, acababa de encontrar amigos por primera vez. Dos de ellos no paraban de armar jaleo, parecía que querían hacerse los duros, de repente, uno de ellos se fijó en Severus y Lily.
-Vaya, chica, - Dijo el de las gafas mientras se acercaba a ellos. – no tienes porque estar en compañía de ese pájaro, vente con nosotros, te cuidaremos mejor. – Y la guiñó un ojo.
-No gracias, - Respondió Lily con naturalidad – creo que quienes deberíais cuidaros sois vosotros cuatro de mi, no os diré que sepa hacer magia, pero si que tengo el record de peleas ganadas con los puños en mi antiguo colegio.
Todos los presentes prorrumpieron en carcajadas y el chico de gafas retrocedió hasta su grupo acobardado.
En ese momento llegó la bruja y les mandó callar a todos.
-Bienvenidos a Howgarts, - Dijo la bruja mientas miraba con ceño a unos chicos que seguían cuchicheando. - alumnos de primer año, si tenéis la amabilidad de seguirme entraremos al Gran Comedor, donde tendrá lugar vuestra ceremonia de selección. Allí seréis seleccionados cada uno para una de las cuatro casas, Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw o Slytherin. Yo soy la profesora McGonagall, subdirectora de Howgarts y jefa de la casa Gryffindor. ¡Andando!
Siguieron a la mujer hasta unas puertas de madera muy grandes y pesadas, al ver el interior de la sala todos soltaron una exclamación. Parecía que no hubiera techo y había miles de velas suspendidas en el aire.
Llegaron al fondo de la sala, donde encima de una tarima se encontraba un mago diminuto colocando un taburete y encima de este un sombrero raído y remendado.
La profesora McGonagall cogió un pergamino y fue llamando uno a uno a los alumnos nuevos.
Severus vio como todos sus nuevos amigos eran seleccionados para Gryffindor, y deseó que a él le ocurriera lo mismo.
-¡Snape, Severus!
-¡¡¡SLYTHERIN!!!
No. No podía ser. No era normal que tuviera tan mala suerte. Para una vez que encajaba con un grupo de personas le separaban, y lo peor, era que sabía que no había vuelta atrás, así que rezó para que en Slytherin pudiera encontrar a gente con la que encontrarse a gusto. Además, pensándolo bien, el grupito de 4 chicos – que ya había descubierto que sus nombres eran Sirius Black, James Potter, Peter Pettigrew y Remus Lupin – estaba también en Gryffindor. Pero él sabía que eso sólo era una forma de engañarse a si mismo, ya que estaría dispuesto a cambiar cualquier insulto proveniente de ellos, con tal de tener a Lily cerca durante todo el día.
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