Las vacaciones de Navidad terminaron entre la alegría típica de esas fechas y la sensación de añoranza al saber que se va a pasar un tiempo sin ver a tus seres queridos.
Severus y Lily regresaron a Hogwarts con el resto de compañeros que habían salido del castillo para pasar las vacaciones junto a sus familiares.
Al día siguiente comenzaron las clases de nuevo, como si no hubieran estado tanto tiempo sin tenerlas, y por lo que parecía, estas se habían vuelto más duras, se notaba que cada día estaba más cerca el final del curso, aunque todavía se veía como algo lejano.
Los profesores instaban a los alumnos de segundo a que fueran informándose sobre las nuevas asignaturas optativas que debían elegir para el siguiente curso, ya que dichas materias les podrían ser útiles en sus futuros trabajos.
Las reuniones del club de Slytherin se retomaron en seguida, así como los encuentros con Lily para sacarle información sobre los Gryffindor.
Lucius habló rápidamente con Severus para saber si había cumplido con sus encargos en el periodo de vacaciones, sobretodo con la de Lily, que es la que más le interesaba. Severus respondió a sus preguntas con ciertas evasivas para no dejar ver que realmente no le había hecho ni el menor caso y había disfrutado de unas estupendas Navidades en compañía de su amiga y su familia.
Todo parecía estar en orden, al menos, teniendo en cuenta todo el orden que puede reinar en Hogwarts. Pero esto no era así para todos los alumnos, ya que había una muchacha Slytherin que después de escuchar a escondidas una conversación en los lavabos entre tres chicas Gryffindor empezó a sentir una rabia y unos celos que jamás había sentido por nadie, por lo que decidió contarle todo a su hermana mayor y pedirla consejo, que a buen seguro, ella podría darle.
La chica se dirigió a la sala común de Slytherin, buscó con la mirada a su hermana y cuando la encontró se dirigió inmediatamente hacia ella y la arrastró hacia su habitación sin hacer ningún caso de los gritos y amenazas que la profería.
Al llegar a su dormitorio miró que no hubiera nadie por allí, sacó la varita, apuntó a la puerta y dijo con desgana:
-¡Fermaportus!
-¡Pero niña! ¿Tú te has vuelto loca o qué te pasa?
-Bellatrix, necesito hablar contigo, - dijo Narcisa poniendo un mohín en su rostro y parecía estar punto de llorar – es muy urgente.
-¡Tan urgente que no puedes esperar a que termine de hablar de asuntos importantes! – La espetó Bellatrix sin mirar a la cara a su hermana. – Te piensas que soy como papá y mamá, ¿no? Que siempre andan haciendo caso de tus niñerías y estupideces.
-¡Bella haz el favor de prestarme atención! – Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Narcisa y a recorrer sus suaves mejillas sin ningún control. Un torbellino de pensamientos atontaban su cabeza y no la dejaban pensar nada más que en esas palabras escuchadas por casualidad en el baño y en algo ocurrido años atrás en unas Navidades con su familia, cuando ella aun no iba a Hogwarts. – Esto no es ninguna niñería, ¿Sabes?
-Pero Cissy… - Bellatrix se abalanzó sobre su hermana menor, jamás la había visto tan desencajada y de repente sintió pena de ella, una de las pocas veces que ella sentía eso por alguien. – Cuéntame que te pasa, no pensé que fuera para tanto.
-Te lo voy a contar, pero antes debes prometerme que nunca vas a decirle a nadie nada de lo que te diga ahora, si lo haces perderé toda confianza en ti.
-Claro que no diré nada, pequeña, si quieres podemos hacer el pacto que hacíamos cuando éramos pequeñas, sabes que después de hacerlo nunca contamos nada a nadie, ni si quiera a Andrómeda.
-Si, eso haremos.
Dicho esto las dos hermanas se arrodillaron en el suelo, entrelazaron las dos manos la una con la otra y comenzaron a cantar a la vez una canción que su madre las enseñó hace ya muchos años, mirándose a los ojos, sin pestañear, haciendo pequeños círculos con las manos al principio, y luego más y más grandes al ir avanzando la canción. Al terminar de cantar besaron la mano izquierda la una de la otra y se levantaron.
Este ritual carecería de sentido para cualquier persona que lo viera, pero para ellas era algo que las había unido siempre y que nadie podría cambiar.
-Ahora dime, Cissy. – Dijo Bellatrix amablemente. - ¿Qué te ocurre?
-Pues verás Bella. – Comenzó Narcisa visiblemente más calmada que hacía unos momentos y sin soltar ninguna lágrima. – No sé si lo sabrás, aunque es probable que lo hayas adivinado por mi comportamiento, que me gusta un chico.
-¿Un tal Lucius quizá? – Preguntó Bellatrix con una sonrisa.
-Si, creo que podríamos llamarle así. Bien, y como ya sabes, no se podría decir que él me preste la menor atención. – La amargura volvió a su rostro al pronunciar esas palabras y sintió que la rabia venía de nuevo hacia ella, pero pudo contenerse.
-Bueno Cissy, pero eso se puede arreglar, yo si quieres hablaré bien de ti cuando esté cerca, sabes que tenemos una buena relación.
-Si, tienes una buena relación con él, pero por lo que tengo entendido antes la tenías mejor, ¿no es cierto?
-Eso ahora no viene a cuento, pasó hace ya unos años, tu ni si quiera lo conocías.
-No importa Bella, aun no he terminado de contártelo todo y lo que ocurrió en el pasado ha de salir irremediablemente en nuestra conversación.
-Está bien, continúa.
-Pues antes estaba en los servicios y escuché como esa sangre sucia de Evans les contaba a sus amigas McDonald y Green cosas sus vacaciones, cosa que no me importaba lo más mínimo. Pero yo no tenía ganas de que me vieran, así que me quedé encerrada en el baño esperando a que acabasen con sus cosas.
-Y de paso te enterabas de sus chismes para cotillear, ¿no?
-¿Quieres hacer el favor de prestarme atención? ¡Parece que no quieras ayudarme!
-¡Ay! ¡Perdona! Sólo quería poner una nota divertida a tu historia.
-Pues créeme que no me hace la menor gracia.
-¡Vale, vale! Sigue.
-Parecía que seguían hablando, Evans empezó a contarles los regalos de Navidad que había recibido, todo tonterías, de sus familiares, de Severus, etcétera, pero de repente dijo que abrió un paquete en el que se encontraba un ramo de rosas cristalizadas, anónimo. Unas rosas, que si yo no recuerdo mal tú recibiste hace unos años, cuando llegaste a Hogwarts, también las recibiste como anónimas, pero al cabo de unas semanas me escribiste contándome que habías descubierto que te las envió Lucius Malfoy, ese chico del colegio rubio por el que te sentías atraída y, o mucho me equivoco, o es la misma persona que se las ha enviado a esa maldita sangre sucia de Evans.
-No me lo puedo creer, desde luego todo indica a que ha sido Lucius quien las ha mandado, pero es muy extraño que las envíe a una sangre sucia como esa.
-Si, a mi también me parece raro, pero extraño o no estoy segura de que fue él, no puede haber sido ninguna otra persona.
-Te doy la razón Cissy, así terminó por conquistarme a mí y sé que hizo lo mismo con Amanda Dawes, también la envió un ramo de rosas cristalizadas por Navidades, pero sigo sin comprender por qué a Evans.
-Esa estúpida ciertamente es guapa, quizá sólo sea un capricho pasajero, al igual que tú lo fuiste.
Bellatrix miró con gesto de enfado a su hermana al escuchar tal impertinencia, pero se encontraba intrigada con ese asunto y no quería enfadarse con ella por eso, a parte no deseaba que Narcisa lo pasara aun peor, así que lo dejó pasar.
-¿Y qué quieres que haga por ti? ¿Hablo con Malfoy y le quito esas ideas de la cabeza?
-No Bella, espero que esas tonterías se le pasen por si mismo, cuando la sangre sucia se pase el día amargada y asqueada.
-¿Y por qué se iba a sentir así?
-Porque quiero hacerla sufrir, igual que estoy sufriendo yo ahora, quiero que se sienta una desgraciada y que desee no haberse juntado nunca con ningún Slytherin y, querida hermanita, tu puedes ayudarme a ello.
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gracias
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