Me alegro mucho de que os guste mi historia!! Me ha hecho mucha ilusión el comentario =)
Aquí dejo otros dos capítulos! Un beso!!
Como tenían previsto, Severus y Lily fueron a pasar las navidades a casa de los Evans, todo transcurrió allí sin ningunas complicaciones, a no ser que se contara que Petunia era muy grosera con Severus, como ya le habían advertido sus padres. Sabía que ella les tenía envidia a Lily y a él porque podían hacer magia y ella no, a parte de que siempre estuvo muy unida a su hermana y ahora no podían pasar prácticamente nada de tiempo juntos.
También habían quedado en que Eileen iría a pasar el día de Navidad con ellos, por lo que hicieron varios preparativos para recibirla aquel día.
Y llegó la mañana de Navidad, Severus aun se encontraba profundamente dormido cuando Lily fue a despertarle para que ambos bajaran al salón a ver sus regalos. Él se vistió rápidamente y bajaron las escaleras de dos en dos. Al llegar a la sala los dos vieron todos los regalos que allí había, pero la señora Evans les dijo que no debían abrirlos aun, ya que tenían que esperar a que llegase Eileen.
Esto ocurrió poco antes de la hora de la comida. Todos se sobresaltaron al escuchar un chispazo dentro de la chimenea, todos menos Severus que ya estaba acostumbrado a ello. De repente Eileen salió de la chimenea con una gran sonrisa y varios paquetes bajo el brazo. Severus corrió a abrazarla mientras los demás se reponían del susto y cogió los paquetes, que eran los regalos y los llevó debajo del árbol junto a los otros.
-Disculpen que no les avisara de que iba a llegar por la Red Flu, - dijo Eileen, miró a sus anfitriones y vio sus caras de desconcierto. – Bueno, la Red Flu, así es como llamamos los magos a viajar de una chimenea a otra. Me avisaron hace un rato del ministerio que habían conectado su chimenea para que pudiera llegar más rápido con todos los paquetes, ya que si me hubiera aparecido hubiera sido más complicado.
-No se preocupe, señora Snape, - dijo amablemente el señor Evans – es sólo que no estamos acostumbrados a estas cosas y nos asustamos, pero no pasa nada. Permítame su abrigo, señora y acomódese, en unos minutos empezaremos a abrir los regalos.
Al ser los invitados, les apremiaron a los Snape de que abrieran ellos antes los regalos, pero ellos se negaron y los Evans los empezaron a abrir primero, todos menos Lily, que dijo que no rotundamente y esperó a que todos los abriesen antes que ella.
Severus recibió de Mary, Frank y Alice diversas cajitas con grageas de todos los sabores y ranas y calderos de chocolate, de su madre una túnica nueva, muy elegante, de los señores Evans unos libros de historias muy conocidas entre los muggles, de Lily un cojín en forma de corazón, negro, hecho por ella, que en cuanto vio se apresuró a guardar, ya que se estaba ruborizando, y el último regalo era un libro de tapas rojas y bordeado de plata, sobre magia oscura que contenía hechizos y pociones muy avanzadas para él, regalo de Lucius. Vio que había una carta dentro, pero decidió no abrirla delante de todo el mundo, ya que podría poner cualquier cosa.
Lily empezó a abrir sus regalos. También a ella tenía cajitas con chucherías de Mary, Frank y Alice. Sus padres la regalaron un precioso vestido azul, sus abuelos la enviaron dinero, Eileen un juego de Gobstones, Severus un set de cuidado para las varitas y Petunia un libro muggle, con una nota irónica que decía: “Quizá así no se te olvide que tienes hermana.” Y al igual que Severus, tenía un paquete que no esperaba. Al abrirlo la habitación se llenó de un embriagador olor y Lily sacó de dentro un espléndido ramo de rosas cristalizadas, preciosas sin lugar a dudas, que a todos dejaron maravillados. Este paquete también venía con nota, y decía esto:
“Para la muchacha más encantadora de Hogwarts,
estas rosas cristalizas para que no pierdan su hermosura
al igual que espero que tu sigas tan radiante.”
Lily se quedó mirando el papel sonriendo. Ella no tenía ni idea de quien se las podía enviar, aunque si sospechaba de algunas personas.
Pero Severus que miró la nota de reojo conoció inmediatamente la letra del remitente de las flores. Debió imaginarlo nada más que las vio, no era otro que Lucius Malfoy.
Cuando recogieron todos los regalos los señores Evans empezaron a poner la mesa para la comida de Navidad. Eileen y Severus estaban maravillados ya que jamás habían presenciado nada como esto y mucho menos en una casa muggle. Todos lo pasaron muy bien, incluso Petunia, que por unas horas pareció olvidar su odio y rencor hacia el mundo mágico.
Les enseñaron villancicos muggles, al igual que otros típicos juegos de cartas y de tablero.
Pasaron un día magnífico.
Al terminar la velada recogieron entre todos y se despidieron de Eileen. Cuando esta se marchó, esta vez, se desapareció, cada uno subió a su habitación.
Severus, lo primero que hizo al llegar fue abrir la carta que Lucius le había enviado con el libro. En ella le recordaba sus recomendaciones, en especial la concerniente a Lily, al igual de que le informaba de que el ramo se lo enviaba él, pero que no la dijera nada – ni que yo pensara hacerlo – pensó Severus. También le decía que tuviera cuidado con el libro que le mandaba, ya que no era permitido en Hogwarts y debía mantenerlo escondido, en especial de los profesores.
Intrigado por esa advertencia, se puso a leer el libro.
Al día siguiente todo transcurrió con normalidad, Petunia había vuelto a ser una grosera y ya no se respiraba aire festivo en la casa.
Lily fue a hablar con Severus en cuanto tuvo un momento para los dos solos.
-Severus, tu no sabrás quién me envió las rosas, ¿verdad?
-¿Y por qué yo iba a tener que saberlo?
-No es necesario que seas tan borde, sólo pensé que podrías tener alguna idea.
-Perdóname Lily. Realmente no tengo ni idea.
-Bueno, al principio pensé que podrías haber sido tú, pero realmente no te pega nada.
-¿Yo? No, yo no fui, ojalá. Eh, espera, ¿cómo que no me pega?
-Pues no te pega por la simple razón de que eres muy tímido, si no mira como te pusiste cuando abriste mi regalo, un poco más y hubiera parecido que acababas de salir del horno.
-Pues si, soy tímido, y conversar de ello ahora no me ayuda la verdad.
-Vamos, Sev, no te pongas así. Mi regalo no es más que un símbolo, pero no te diré cual, no quiero que te vuelvas a convertir en mister tomate.
-Bah, déjalo ya Lily, hazme el favor.
-Está bien, está bien, lo dejo.
-Así mejor.
-Pero me tienes que ayudar a algo.
-Claro Lily, a lo que tú quieras.
-Me tienes que ayudar a averiguar quien me envió el ramo.
-A lo que quieras menos a eso.
-Que pasa, ¿no quieres saber quién es tu adversario? ¿No quieres ir a patearle el culo?
-Si, eso no estaría nada mal.
-Pues entonces ayúdame.
-Está bien, esta bien, te ayudaré. Pero te pongo una condición y tu tienes que prometer que la cumplirás, ¿de acuerdo?
-De acuerdo, dímela.
-Yo te ayudo, buscaré hasta debajo de las piedras cualquier indicio que me lleve hasta la persona que te envió las flores, pero tu me vas a prometer, que sea quien sea quien te las mandó, te vas a fiar de mi si te digo que no te conviene, o que te alejes de él, o sea lo que sea lo que te diga, ¿vale?
-¡Vale, vale, señor posesivo!
-No es posesivo, es que quizá no sea de mi agrado.
-Oh Sev, eres peor que mi padre, él me deja andar con quien yo quiera, ¿no te diste cuenta?
-Si, me di cuenta, y eso no me gusta, debería proteger más a su hija pequeña.
-En fin, cambiando de tema, ¿leíste la carta que te enviaba Lucius con su regalo?
-Ah, Lucius, hacía tiempo que no lo mencionabas.
-A ver si va ser él quien me envió el ramo. – Dijo Lily intentando picar a Severus sin saber lo cerca que estaba de la verdad.
-Improbable.
-Ya lo sé. Bueno, ¿la leíste?
-Si, sólo mencionaba cosas acerca del libro y cosas de Slytherin, nada interesante.
En ese momento los dos oyeron la voz de la señora Evans que les llamaba para la cena.
-Ya continuaremos esta conversación en otro momento. – Dijo Lily mientras los dos entraban en la cocina de su casa.
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